Estar en la Antártida, en aquel continente con clima polar y enormes fragmentos de hielo conocidos como icebergs, es una experiencia reservada para pocas personas en el mundo.

Llegar allá no es fácil y se requiere de días, dice el capitán de Fragata de Estado Mayor Juan Carlos Fiallo, quien fue jefe de la vigésima séptima expedición del Ecuador en la Antártida (XXVII). Él estuvo al frente de la expedición, que se inició en diciembre del 2023 y finalizó en marzo del 2024, un poco más de tres meses.

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Antes de partir, el personal seleccionado pasa por exámenes médicos para evaluar su salud. Se revisan sus pulmones, corazón, vesícula, riñones, hígado, se hacen exámenes de sangre, orina y demás.

“Una vez que salen los resultados se recibe un documento formal por parte de la empresa contratada para este efecto con todas las novedades de quienes se realizaron la evaluación médica; y los doctores indican en el informe qué paciente no se recomienda para cumplir la expedición”, cuenta el comandante Fiallo y dice que para su expedición hubo un tripulante que no pasó la ficha médica y se buscó un reemplazo.

Después de eso, es cuestión de contar los días para embarcarse en un avión que salió desde Guayaquil hacia Punta Arenas en Chile. En la XXVII expedición viajaron 25 personas, entre oficiales y tripulantes, además de diez investigadores que presentan sus proyectos y una vez aprobados se les comunica para que alisten el material a ser llevado, estos suelen ser de universidades nacionales o extranjeras.

Capas y capas de ropa

Ese viaje se realiza en un día, hasta llegar a Punta Arenas, menciona el comandante Fiallo. En Punta Arenas permanecen tres días, allí reciben la ropa adecuada para el frío polar, la que debe cumplir ciertas características para soportar la inclemencia del tiempo.

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“Son tres capas de ropa que se utilizan en la Antártida, se adquiere la primera capa, que es ropa térmica; la segunda y la tercera nos entrega un operador logístico contratado por la Armada del Ecuador, es una ropa especial para aguantar las bajas temperaturas”, señala el comandante Fiallo.

Luego, al tercer día, parten en la mañana desde Punta Arenas y después de cuatro horas de viaje en avión llegan a la isla Rey Jorge en la Antártida.

Estación Pedro Vicente Maldonado. Foto: Cortesía José Alvarado.

En esa isla tomaron una embarcación de la Armada de Argentina, previas coordinaciones realizadas desde Ecuador, y esa unidad los transporta hasta la isla Greenwich, donde se encuentra la Estación Pedro Vicente Maldonado. Esa travesía dura cinco horas.

Al llegar a la isla Greenwich empieza el encuentro con las extremas temperaturas, de 6 grados bajo cero con una sensación térmica de -15.

“El desembarco se realizó en botes de goma con los insumos, equipamiento para hacer investigación, un poco de material de trabajo y eso nos toma aproximadamente entre 30 y 35 minutos hasta llegar a la estación, dependiendo de la distancia a la que permanezca la unidad”, relata el comandante Fiallo.

¿Qué realizan dentro de la estación?

Al estar en la Estación Pedro Vicente Maldonado no se permanece con las tres capas de ropa, que solo son necesarias para el exterior de la estación, sino con ropa más cómoda.

En el interior de la estación la temperatura es de 18 grados centígrados y en horas de la noche se planifican los trabajos a realizarse para el día siguiente como, por ejemplo, instalar generadores para mejorar las condiciones de la estación, cambiar el piso por un material más resistente, colocación de alarmas de humo y lo más importante: se verifica el sistema de comunicaciones satelitales, a fin de mantener permanentemente la relación con las embarcaciones que se encuentran realizando trabajos de campo con el personal de científicos en las islas aledañas a la estación.

Todo esto previo a la exposición de la parte meteorológica para saber si las condiciones permiten o no trabajar por exteriores el día siguiente, de lo contrario se suspenden las actividades fuera de la estación.

Una de las actividades en la estación es la remoción de nieve. Cortesía José Alvarado.

También, se abren todos los servicios, como son la electricidad y el agua. “Desde que llegamos pasaron cinco días para que la estación cuente con todos los servicios básicos y opere sin novedad; coger el agua es una tarea que demanda del trabajo de la mitad de la dotación, esta cae por gravedad desde un cerro y, como está todo lleno de nieve, vamos colocando unos tubos que se van uniendo uno con otro, más o menos unos 300 a 350 metros cerro arriba, el agua es captada del deshielo, esta llega a unos tanques y de ahí con una bomba enviamos hacia la estación”, expresa el comandante Fiallo.

En cambio, los científicos se encargan de estudiar a las especies como pingüinos, focas, aves, entre otros. Pero este grupo no permanece viviendo los tres meses como lo hace el grupo de oficiales y tripulantes. Cada mes cambia este grupo e ingresan otros profesionales para la segunda fase de la expedición.

Puedes ser arrastrado por el viento

Es otro ambiente. En la Antártida lo que más se extrañan son los días de sol y según el comandante Fiallo, tuvieron solo unos cinco días soleados.

“De los tres meses y medio que estuvimos, tuvimos unos cinco días de sol durante la mañana, el resto de tiempo, por lo general, pasa nublado, llueve o hay agua nieve. Por eso es importante la ropa que llevamos, que nos permite soportar la inclemencia de ese tiempo. Hay momentos en que no hay cómo salir de la estación por el fuerte viento, más que porque la temperatura es baja, hay vientos sobre los 50 nudos que hacen imposible salir”, menciona el comandante Fiallo.

Cuando hay mal tiempo es imposible salir de la estación. Cortesía José Alvarado.

El capitán de Fragata explica que esos vientos pueden arrastrar a una persona y solo salen cuando las condiciones climáticas son adecuadas.

“La temperatura (en un día sin mucho viento) es manejable con la ropa que nos asignaron, la cara no puede cubrirse tanto, a pesar de las bufandas especiales, el frío pasa, pero el resto del cuerpo se mantiene caliente”, sostiene el comandante Fiallo, quien admite que es una experiencia única e inolvidable.

Alimentación y aseo

Dentro de la estación hay una caldera, señala el comandante Fiallo, que funciona con diésel, pero no un combustible común. Es uno especial para la Antártida.

“No es común como el que usan aquí los vehículos. Puede soportar a menos 30 grados centígrados”, cuenta el comandante Fiallo, quien afirma que esto genera la calefacción al interior para que la tripulación pueda descansar con un clima de 18 grados.

En cuanto a la alimentación, consumen enlatados, todo tipo de cárnicos, frutas, vegetales, pero no es que llegan a la estación con la cantidad suficiente para tres meses. Según el comandante Fiallo, desde Ecuador viaja un contenedor hasta Punta Arenas y un buque chileno, argentino o colombiano, de acuerdo a la disponibilidad del cupo asignado, ingresa cerca de la estación.

Es así como se proveen de alimentos. “Nos entregan el contenedor con víveres secos, embutidos, cosas así. Los cárnicos, vegetales, frutas, legumbres ingresa mensualmente con un buque, que viene de cualquier país y eso nos dura un mes y antes de que se termine ya está entrando el otro cargamento”, cuenta el comandante Fiallo, quien indica que esas compras se planifican y es el operador logístico quien se encarga del trámite.

Tripulantes realizando mantenimiento a la estación. Foto: Cortesía José Alvarado.

Y aunque es extremadamente frío no significa que el aseo cambia. Eso es normal como en cualquier sitio, resalta el comandante Fiallo. “Todos los días nos bañamos, tenemos agua caliente todo el tiempo. La gente se asea normal, dos veces al día. Uno en la mañana, cuando se levanta y una en la tarde-noche, antes de acostarse, luego que las personas regresan de los trabajos”, asevera.

Y las aguas servidas conocidas como “aguas negras” son tratadas en una planta de tratamiento de desechos sólidos, que es una de las más modernas que existen en la Antártida debido a que nuestro país se preocupa mucho por el cuidado del medio ambiente y una vez purificadas estas regresan al mar.

“Tenemos una planta de tratamiento de desechos sólidos, otra planta para los desechos de basura, papeles, de madera, plástico, latas. Eso ingresa en una máquina y los trituramos, los residuos son enviados en tanques hacia Punta Arenas para desecharlos. Tratamos de ser lo menos invasivos en este tema”, remarca.

¿Qué pasa cuando hay una emergencia?

Estar en la Antártida es tener cuidado y actuar con los cinco sentidos, se debe pensar en cada paso que se dé. En la expedición que el comandante Fiallo lideró hubo una persona que resultó herida y tuvo que ser evacuada.

“Tuvimos únicamente una evacuación. (Al trabajador) se le metió un pedacito de hielo en el pie y con tanta mala suerte, ese pedacito de hielo cayó entre los dos dedos del pie. Eso generó una laceración y le quemó el tejido y por ahí ingresó una bacteria. Producto de esto tuvimos que evacuarlo”, relata.

“Nos tomó un tiempo considerable organizar la evacuación aeromédica debido a que las condiciones no eran favorables para poder realizar vuelo en aeronaves. Es muy importante que todos viajen con un seguro médico”, menciona el comandante Fiallo.

En este caso, el tripulante salió de la estación y viajó por vía marítima, ya en la isla Rey Jorge fue llevado en un avión hasta Punta Arenas. Actualmente está bien con su pie.

“Nosotros también vamos con un doctor a la expedición, pero la infección era tan grave y tan fuerte que los antibióticos que teníamos no fueron suficientes”, recuerda Fiallo y agrega que “hay días en que no se puede hacer absolutamente nada (por el clima)”. (I)

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