Su fanatismo por el yogur y el pan de yuca llevó a un grupo de jóvenes ecuatorianos a crear Nativus, una compañía que tiene como objetivo llevar estas deliciosas preparaciones a cada rincón de los Estados Unidos.

Diana Linares, directora de marketing de la empresa, y su hermano Pedro, quien se desempeña como CEO, narran que luego de terminar el colegio viajaron a la Florida, en EE. UU., para estudiar la universidad. Mientras se encontraban lejos de Ecuador, una de las cosas que más extrañaban era la comida de su país, pero sobre todo el pan de yuca. “A cada persona que nos iba a visitar le decíamos que nos trajera pan de yuca congelado si querían quedarse en nuestra casa, la renta era el pan de yuca”, cuenta Diana entre risas.

“Siempre nos preguntábamos por qué no existe el pan de yuca en Estados Unidos o si es que había en algún lado, por qué no sabíamos dónde conseguirlo”, manifiestan. Esta inquietud se quedó rondando en su mente por mucho tiempo, hasta que hace tres años decidieron, junto con dos ecuatorianos más, Rafael Valdez y Érick Solms, llevar esta tradición culinaria al país norteamericano.

“Queríamos compartirlo con otros ecuatorianos que estaban en la misma situación y, sobre todo, enamorar a un consumidor totalmente nuevo que es el consumidor norteamericano, que no tiene idea de lo que es el pan de yuca, que no tiene gluten, de lo sano que es, de lo rico que es mezclarlo con el yogur”, asegura Diana.

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En el empaque de Nativus vienen 12 panes de yuca congelados, listos para hornear. Foto: Cortesía

La receta ideal

Así empezaron a analizar cuán factible era su idea, si el negocio tenía o no posibilidades de crecer, cuáles eran las mejores vías para llegar a sus clientes, entre otros factores. Al estar convencidos de que Nativus tendría un gran futuro, empezaron a trabajar en la receta ideal para el pan de yuca y del yogur, en lo que se tardaron alrededor de un año y medio.

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Rafael, uno de los socios fundadores, les comentó a sus compañeros que en su familia había una receta de pan de yuca bastante antigua y que podría servirles y, aunque les fue de utilidad, debieron realizar un arduo trabajo para pulirla, principalmente porque en EE. UU. no encontraban los mismos ingredientes para la preparación que en Ecuador.

Es así que hicieron un sinnúmero de pruebas, invitaban a amigos y familiares a probar e incluso empezaron a vender su yogur y pan de yuca en un mercadito los fines de semana, en West Palm Beach, al que acudían muchas familias a realizar compras. Instalaban un quiosco, ofrecían sus productos y recogían los comentarios y recomendaciones. “Yo no quería tener el sabor a pan de yuca al que he estado acostumbrado, quería un nivel más alto”, afirma Pedro.

De su travesía hacia los sabores ideales surgieron un sinnúmero de anécdotas, como que intentaron ellos mismos elaborar queso manaba para el pan (luego encontraron un distribuidor), algunas recetas fallidas porque el tamaño de los huevos era distinto, las frutas llegaban mezcladas con agua y eso cambiaba el sabor del yogur, tuvieron problemas con los hornos y debieron comprar otros, entre muchas otras experiencias.

“Rafael tiene experiencia en restaurantes y en recetas, pero no específicamente en pan de yuca, entonces trabajamos hasta que perfeccionamos cuántos gramos de cada cosa lleva nuestro pan de yuca. Un día, como a las 03:00, dimos con la receta ideal y de ahí avanzamos con esa receta, que es la que hasta hoy usamos”, señala Pedro.

La clave para despegar: la pandemia

Les estaba yendo bien con las ventas los fines de semana en los mercaditos, pero sentían que era momento de avanzar aunque no tenían claro cómo, y fue la pandemia la que les dio el impulso para que Nativus despegara.

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Aproximadamente en marzo del 2020 comenzaron haciendo más publicaciones en Instagram y promocionando sus productos en grupos de ecuatorianos, eso fue suficiente para que de inmediato tuvieran cientos de pedidos. “Comenzamos trabajando en una cocina certificada de 3 m x 3 m, que es donde preparábamos todo para los mercaditos. Desde esa cocinita preparamos al menos 35.000 panes de yuca en poquísimo tiempo”, cuenta Pedro.

Nativus cuenta con un centro de producción masiva, donde sus clientes también pueden comprar o retirar sus productos. Foto: Cortesía

Captaban los pedidos, elaboraban los productos y los sábados iban de West Palm Beach a Miami a entregarlos. Recuerdan que hubo noches en las que casi durmieron en la cocina porque, para poder cubrir esa gran demanda, debían trabajar en las madrugadas. Pedro y Diana no narran con desánimo esos momentos, todo lo contrario, resaltan que el recibir orden tras orden era la mejor evidencia de que sus productos gustaban y tenían una enorme acogida.

Producir y comercializar pan de yuca dejó de ser algo eventual para convertirse en su segundo trabajo, por lo que Pedro les propuso a los demás que dejaran sus empleos principales para todos enfocarse al ciento por ciento en Nativus.

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Para crecer necesitaban una mayor inversión, por lo que buscaron a Giorgio Schiovane, un estadounidense que antes ya se había acercado a ellos a ofrecerles financiamiento, pero que no habían aceptado porque no se sentían listos. A él le vendieron el 15 % de la compañía.

Es así que el equipo principal de Nativus quedó conformado por Diana, como directora de marketing; Pedro, como CEO; Rafael, como director de producción; Érick, como director de tecnología; Giorgio, como inversionista, y Denisse Linares, quien también los apoya en el área de marketing.

Llegar a cada rincón de EE. UU.

El equipo de Nativus no deja de soñar en grande y ha definido cuáles serán sus siguientes pasos. Próximamente estrenarán una página web para que sus clientes hagan más fácilmente sus pedidos; a finales de agosto abrirán una isla en los Palm Beach Outlets y esperan hacer lo mismo más adelante en centros comerciales concurridos de Miami, Fort Lauderdale, Orlando y así continuar expandiéndose por los Estados Unidos. También se encuentran trabajando para distribuir sus productos a través de supermercados estadounidenses como Whole Foods o Walmart y continúan con las entregas a domicilio, que realizan en el sur de la Florida.

Actualmente ya cuentan con un centro de producción masiva, con los equipos y el personal necesario para elaborar sus productos en grandes cantidades. “Nosotros empezamos haciendo el pan de yuca con nuestras propias manos, nosotros mismos hacíamos las bolitas de pan de yuca y las congelábamos. Ahora tenemos una máquina que produce de 6.000 a 8.000 bolitas por hora, algo que antes no podíamos hacer ni con un ejército en una hora”, detalla Pedro.

El área de ingreso a su centro de distribución masiva. Foto: Cortesía

“Si me preguntas a mí cómo veo a Nativus en cinco años, con todo el amor que le hemos puesto y el buen producto que es, mi sueño, y sé que es el sueño de mis compañeros, sería llegar a Disney y que los niños estén comiendo pan de yuca mientras están en los parques de diversiones, y niños no solo latinos, también los norteamericanos. Para mí ese es un sueño y es una meta que tenemos, que el norteamericano se enamore de esta tradición”, expresa Diana.

Más que un negocio

A más de vender un producto, aseguran que lo que buscan es entregarles a sus clientes una experiencia distinta. Por ello hicieron una colaboración con el artista ecuatoriano Gabriel Cozzarelli, quien se encarga del tema creativo y arte de la marca. Él ha creado alrededor de 30 personajes que aparecen en los vasos, fundas, empaques y más de Nativus. Diana explica que desean crear una conexión con sus consumidores.

Hasta el momento consideran que sus estrategias para acercarse a sus clientes han funcionado y muestra de ello son los mensajes que reciben a diario en su cuenta de Instagram. “Hay personas que no pueden ir a su país (Ecuador) y literal casi llorando nos escriben párrafos muy emotivos”, expresan.

También tienen muy presentes algunas historias. Una de ellas es la de Ralph, un puertorriqueño que compraba cada semana diez paquetes de pan de yuca y ellos se lo entregaban a domicilio, pero en diciembre pasado dejaron de recibir sus pedidos. Tres meses después recibieron un mensaje desde el celular de Ralph, pero quien escribía era su esposa.

“Me dijo: ‘Ralph murió en diciembre y no saben todo lo que he hecho para buscar su número, para poder contactarlos y pedir pan de yuca, porque él todos los días me servía pan de yuca y café en el desayuno y es lo que más me recuerda a él’. Ahora es ella quien pide pan de yuca”, cuenta Diana.

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Diana y Pedro coinciden en que los llena de plena satisfacción saber que Nativus es exitoso por su calidad, pero también porque no solo es un negocio, sino que alrededor de sus productos hay emociones y se crean momentos. Esto los motiva a seguir trabajando arduamente por su objetivo: llevar yogur y pan de yuca a cada rincón de los Estados Unidos. (I)