El COVID-19 obligó a Melanie Poveda y a su familia a tomar distancia durante las festividades de fin de año. Además de los síntomas clásicos de esta enfermedad, como la tos y el malestar de garganta, ella experimentó la pérdida del cabello y un fuerte taponamiento del oído izquierdo durante dos días. Estos son, de acuerdo con especialistas consultados, algunos de los síntomas inusuales que pueden desarrollar algunas personas al contagiarse de COVID-19 y que han sido detectados con la variante ómicron.

Desde el inicio de la pandemia, Jerónimo Cassanello, médico internista e intensivista del complejo hospitalario Interhospital de Guayaquil, ha atendido a más de 600 pacientes con cuadros graves de COVID-19. Cuenta que en varias ocasiones ha tratado casos con infartos cardiacos o mal funcionamiento del corazón. El último de estos fue en diciembre, cuando tuvo un caso de infarto al miocardio de un paciente con COVID positivo.

Cassanello precisa que “cuando uno va a ver a un paciente, independientemente de la sintomatología, tiene que plantearse la posibilidad de que tenga COVID” o que tenga, al mismo tiempo, la infección por el virus y otra enfermedad, sin que haya una relación de causa y efecto.

Asegura que la infección por coronavirus provoca una afectación sistémica, es decir, ataca a todo el organismo. “Aunque su principal afectación es en el tracto respiratorio con la formación de trombos, puede provocar otras afecciones como diarrea (sistema digestivo), urticaria (a nivel de la piel), cefalea (síntoma neurológico); puede afectar a todo el cuerpo en realidad”.

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El médico internista Éric Álvarez recuerda el caso particular de una familia de cuatro integrantes, quienes durante cuatro días presentaron un intenso dolor en la pierna derecha. Al cuarto día, uno de ellos empezó a toser. Luego de una prueba PCR, todos dieron positivo. Hoy, después de dos semanas, la familia se reintegró a sus actividades normales.

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Álvarez explica que aunque haya casos inusuales, “los síntomas atípicos pueden ser los indicios de la enfermedad” y que estos se presentan de acuerdo con el estado de salud de base de los pacientes o su situación emocional previa al contagio.

Cuando un paciente que padece enfermedades preexistentes (diabetes, cardiopatías, enfermedades de la piel o neumonía, por ejemplo) y no las tiene controladas, podría desarrollar sintomatología atípica. Pero si las enfermedades están controladas, es más probable que el paciente experimente solo los síntomas clásicos del COVID-19.

Es así que con cada paciente que llega y presenta un cuadro distinto al anterior, el doctor Álvarez se impresiona de lo particular que es cada caso. “Mi reacción casi siempre es de sorpresa por lo multifacética que es esta enfermedad. Cada persona tiene su propio COVID. No se puede generalizar, es una enfermedad muy personalizada y por ende el tratamiento debe ser así. Cada paciente es un mundo”, afirma el médico.

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En niños

Respecto de la sintomatología en niños, la infectóloga Carola Cedillo enfatiza que aunque inicialmente presenten fiebre, la evolución de la enfermedad se puede cruzar con cuadros intestinales, además de alteraciones en la piel.

Subraya, además, que “en la etapa de la niñez, sobre todo en quienes no han sido vacunados, empiezan a darse cuadros respiratorios más severos, no solo resfríos, sino bronquiolitis y CRUP (una infección en vías respiratorias que causa una inflamación de la laringe y la tráquea), que hacen que el niño tenga una tos metálica y dificultad para respirar”.

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Adultos mayores

Con el 88 % de la población mayor a 60 años vacunada con el esquema completo, este grupo etario cuenta con el mayor porcentaje de inmunizaciones en Ecuador. Sin embargo, no quedan exentos de la sintomatología del COVID-19.

Según el epidemiólogo investigador de la UTE Daniel Simancas, “hay adultos mayores que debutan con desmayos y pérdida de la conciencia, además de, por lo menos, uno de los síntomas clásicos del COVID”.

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Cassanello, por su parte, precisa que los adultos mayores “tienen, por lo general, otras enfermedades y una condición de salud propia del envejecimiento”.

Con esto coincide Álvarez, quien señala, por ejemplo, que personas de la tercera edad con enfermedades reumáticas tienden a manifestar síntomas atípicos. “Podrían presentar más dolores en miembros inferiores y superiores, que no son típicos ni están descritos como COVID”.

No automedicarse

Daniel Simancas es claro al señalar que no hay que automedicarse, aunque advierte que el paracetamol es una buena alternativa.

Usted podría tomar paracetamol cada seis horas y controlaría el malestar general, la fiebre y los síntomas respiratorios, pero podría ayudar a que se presenten síntomas gastrointestinales”.

Por otro lado, si el paciente tiene afecciones inusuales, “tiene que acudir al médico y él sabrá informar si necesita o no un especialista”. (I)