Para José Rubianes ponerse el refuerzo de la vacuna contra el COVID-19 es un lujo que, por el momento, no se puede dar. Él trabaja en una cooperativa de ahorro y crédito en Quito, gana por metas cumplidas y con su sueldo costea su carrera universitaria. No quiere correr el riesgo de que los estragos de la nueva dosis le lleven a la cama.

José tiene 23 años. Ya están por cumplirse cuatro meses desde que se puso la última dosis. “Si me pongo la vacuna y me bota a la cama uno, dos o, peor, tres días para mí sería una gran pérdida. No puedo perder ni un día de trabajo, porque eso significaría perder mucho dinero”, cuenta.

La gran cantidad de gente que no se ha puesto el refuerzo preocupa a las autoridades sanitarias. La ministra de Salud, Ximena Garzón, advirtió hace dos semanas que, si la aplicación del refuerzo no mejora, podría haber un rebrote de COVID-19 en mayo o junio.

“Creo que muchas personas al ya no ver enfermos han perdido la percepción de la enfermedad. Creen que ya no hay. Por eso hay que vacunarse ahora, porque se busca evitar algún incremento de casos”, manifestó en un conversatorio con periodistas.

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A pesar de la advertencia, la aplicación del refuerzo no ha mejorado. Por el contrario, las cifras del Ministerio de Salud Pública (MSP) muestran que la vacunación se redujo significativamente desde la última semana de marzo.

La semana pasada se aplicaron casi 137.000 refuerzos en todo el país, la cuarta parte de los que se administraron la tercera semana de febrero.

Si se mantiene el bajo ritmo de vacunación de las últimas cinco semanas, el MSP terminaría de suministrar el primer refuerzo en abril del 2023, de acuerdo con una proyección realizada por EL UNIVERSO.

El parsimonioso avance es evidente en los centros de vacunación. Un funcionario del MSP indicó que en el vacunatorio de Iñaquito (en el norte de Quito) se vacunan entre 500 y 600 personas diarias, cuando hace un mes se solía vacunar en promedio de 1.200 a 1.300 personas.

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Lo mismo sucede en el centro La Vicentina (en el centro norte de la capital), donde un empleado afirmó que la vacunación ha caído de 700 a 100 diarias.

En Ecuador, el 32 % de la población ya ha obtenido el primer refuerzo, según las cifras oficiales con corte al 25 de abril. Las provincias más rezagadas son Los Ríos (19%); le siguen Santa Elena (21%), Morona Santiago (22%), Esmeraldas (22%) y Guayas (23%).

Avance de la vacunación contra el COVID-19 en Ecuador, en vivo

Sin embargo, el MSP no tiene determinado qué porcentaje de la población debe tener el refuerzo para alcanzar la inmunidad de rebaño. La gerente de vigilancia epidemiológica, Cristina Aldaz, argumentó que “no hay una definición internacional estandarizada o mínima que diga que con cierto porcentaje se puede determinar que hay una inmunidad colectiva”.

El epidemiólogo Alberto Narváez sostiene que, si se consigue administrar el refuerzo a la mitad de la población, podría servir para que quienes se contagien a futuro sean asintomáticos o sintomáticos leves.

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¿Por qué la gente no se quiere vacunar?

José recuerda que cuando sus padres recibieron el primer refuerzo, tuvieron fuertes malestares e incluso estuvieron en reposo. Pasar por lo mismo es su principal temor. A pesar de su limitado tiempo, ha buscado la forma de vacunarse, pero no ha corrido con suerte. Cuenta que, en enero, cuando debía ponerse la tercera dosis, se enfermó con COVID-19 y tuvo que aplazarlo.

Una vez recuperado, cuando volvió a intentarlo, acudió a un centro de vacunación en el que le dijeron que ya no atendían. Por ello, cuenta, perdió interés y no ha vuelto a ir.

Un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), publicado en febrero, arrojó que en Ecuador hay al menos 1.3 millones de personas a las que no les interesa la vacunación contra el COVID-19. Esto es el 7,8% de la población nacional.

La investigación se realizó entre septiembre y diciembre de 2021, antes de los estragos de la variante ómicron. El estudio concluyó que el principal motivo por el que las personas no están interesadas en vacunarse son los efectos secundarios asociados a la vacuna.

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A este se suman otros argumentos como la desconfianza en la efectividad de las vacunas, la idea de que el COVID-19 no es peligroso o haber superado la enfermedad.

Otros encuestados respondieron que no se han vacunado por indicaciones médicas, desconocimiento del punto de vacunación, falta de movilización, mucho tiempo de espera en los centros de vacunación, horarios no convenientes o que la vacuna que se está administrando no es la deseada.

Para la epidemióloga Andrea Gómez, el gobierno ha difundido una falsa sensación de seguridad en la población, lo que ha provocado el desinterés en la vacunación. Sin embargo, recomienda ser muy observadores con la situación internacional y continuar con el esquema de inmunización para garantizar mayor protección.

Cristina Aldaz informó que el MSP enviará correos electrónicos y mensajes de texto vía telefónica a quienes tienen pendiente la vacunación.

Tenemos una base de datos de las personas mayores de 50 años que tienen sus correos electrónicos actualizados y hemos enviado (mensajes) masivamente a los correos que tienen registrados, explicando la situación epidemiológica para que accedan al refuerzo”, manifestó.

El MSP determinó que, a partir del 18 abril pasado, el esquema completo de vacunación incluye el primer refuerzo. Sin embargo, ordenó que para ingresar a espacios públicos como restaurantes, centros comerciales o cines es obligatorio presentar el carnet solo con las dos primeras dosis o con la vacuna monodosis.

Esa decisión reafirmó el desinterés de José por aplicarse el refuerzo. “La única forma de vacunarme ahora sería si el carnet con las tres dosis se vuelve obligatorio”, explicó, pues lo necesitaría para poder ingresar a su trabajo. (I)