El COVID-19 acentuó más las necesidades que enfrentan las instituciones de educación superior tradicionales en Ecuador para tratar de captar la atención de un nuevo perfil de estudiante que está creciendo a la par de las tecnologías y que desea formarse en línea.

Estos estudiantes, que cada vez son más jóvenes, reclaman una enseñanza a la carta y personalizada. Están siempre conectados, son críticos, exigentes, volátiles, rechazan la atención al cliente, exigen una atención individualizada y son sensibles a las malas experiencias, y especialmente, se fijan en el costo de la educación.

El perfil de este tipo de alumno ha ido cambiando. Hace diez años eran personas maduras (35 años en adelante) que buscaban este tipo de educación tanto para pregrado y posgrado como una manera flexible de estudiar debido a sus compromisos laborales o familiares.

“Sin embargo, esto está cambiando. Ahora el perfil que está emergiendo es mucho más joven. En el caso de posgrados hemos detectado una creciente demanda por menores de 27 años que buscan, en la educación online, una herramienta para una mejora en el mercado laboral”, dice Eva Asensio, vicedecana de la Facultad de Empresa y Comunicación de la Universidad Internacional de La Rioja.

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Para licenciaturas o pregrados, el perfil incluso empieza a ser más joven (menores de 25 años) que ven en la formación online como una entrada rápida al mercado laboral. Según Asensio, hace varios años el estudiante buscaba siempre como primera opción la presencialidad, pero esto ha ido cambiando y la pandemia ha hecho que este porcentaje de jóvenes que optan con la enseñanza digital, que antes era pequeño, se eleve.

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“Y es verdad que sigue cambiando. Ahora vemos que los más jóvenes (menores de 21 años) están optando por modelos híbridos, es decir, educación online, pero con ciertas acciones de alto impacto presenciales que les permita vivir una experiencia combinada”, añade Asensio.

Incluso las universidades que se especializan en este tipo de educación deben estar constantemente innovando, ya que las nuevas generaciones de estudiantes poseen una gran habilidad para manejar la tecnología y las plataformas digitales, señala Álvaro Pérez García, docente de Tecnología Educativa y Competencias Digitales.

Estos estudiantes, según Pérez, buscan la interacción en línea y el aprendizaje experiencial (aprender haciendo). No le dan valor a contenidos enlatados o que estén colgados solo en archivos PDF. En tanto, gustan más de metodologías interactivas muy activas entre alumno-alumno y alumno-profesor.

Otro de los temas importantes es que en esta modalidad, el estudiante es responsable de su aprendizaje y de la forma como lo realiza. Para poder formarse debe ingresar a la plataforma virtual de la universidad, acceder a las asignaturas y recibir el material didáctico.

“Hay chats, foros y recibes la ayuda constante de tutores. Tienes compañeros de otros países, incluso. Es lo que más me llamó la atención cuando opté por esta modalidad”, afirma Carlos García, de 25 años, que actualmente cursa una maestría en tecnología de forma online.

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Futuro de la educación virtual en institutos de educación superior

Además, señala que el precio de esta educación es bastante conveniente si se compara con la presencial: “Yo pregunté en otras universidades, pero estaba cara la maestría, eso también me llevó a optar por la online. Incluso no gasto en movilización, ya que todo es virtual, pero esto también cambió con la pandemia en los centros presenciales”.

Aunque sí reconoce que la interacción social “no es la misma” y si suele extrañar las “conversaciones y ambiente” de la educación presencial.

La educación online también es un reto para docentes

Utilizar laboratorios virtuales, simulaciones de entornos reales, manejo de herramientas para editar videos y de plataformas digitales e incluso enviar feedbacks de tareas mediante audios son algunos de los conocimientos básicos que deben tener los docentes online, dice Pérez García.

De hecho, indica que la pandemia desnudó las falencias del magisterio, ya que muchos docentes, especialmente en el sistema público, no supieron cómo afrontar una educación online. Además, un año y medio después del aparecimiento de la pandemia hay un grupo importante de maestros a los que le sigue costando manejar la tecnología.

“Un docente online tiene la obligación de formarse continuamente porque debe estar innovando sus clases y adaptarse a los perfiles de sus estudiantes. Ya no es suficiente solo tener un dominio absoluto de la materia sino que hay que tener alta formación didáctica”, señala Asensio.

Aunque pasen los estragos de la pandemia y las universidades tradicionales reabran sus aulas, sus docentes deben seguir preparándose para una educación online, dicen los especialistas.

Afirman que en el mediano y largo plazo las estructuras híbridas de educación superior tendrán un gran impulso debido a la aceptación del esquema por parte de los estudiantes y hasta para reducir los costos de los centros educativos. (I)