Se pasaba la mano por la cabeza e inmediatamente sacaba un puñado de cabello, luego veía grandes cantidades de pelo en el piso, en su escritorio y hasta en su cama. Fueron momentos de angustia que Jéssica Maridueña, de 45 años, no se los desea a nadie.

Ella tuvo COVID-19 en marzo pasado y una de las secuelas del virus fue la pérdida del cabello o médicamente conocida como efluvio telógeno. Esto le generó estrés y en cierto punto traumatismo por cómo era su apariencia.

Buscó ayuda profesional en Guayaquil, pero no se sintió satisfecha. Tomó la dura decisión de raparse la cabeza y se puso a investigar sobre los efectos del coronavirus. Dialogó con médicos españoles y realizó encuestas virtuales.

Es así que a raíz de una búsqueda para frenar su caída de cabello nació su emprendimiento llamado Kusi, que en quechua significa alegría. Ella creó una mascarilla capilar que fortalece el pelo.

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“Yo empecé a probar productos naturales, a leer sobre hierbas y cómo funciona el cabello. Al inicio no lo hice con la intención de crear la crema, fue más bien para ayudarme y saber del tema. Pues para mí no solo es un producto, es un servicio porque es parte de mi historia. (...) El COVID-19 me dejó calva (en su momento), pero me dejó una mascarilla que me hizo renacer”, afirma Jéssica.

La emprendedora guayaquileña mezcló sábila, romero, aceite de coco, miel y otros componentes para crear dos mascarillas capilares: una para cabellos oscuros y otra para claros.

Su producto salió al mercado en septiembre pasado y desde ese momento hace seguimiento a sus clientes. Produce cerca de 60 mascarillas capilares al mes y las oferta a $ 17,50 más envío. Ha tenido pedidos a nivel nacional.

“Esta emergencia ha sacado diferentes cosas de nosotros. Creo que todas las crisis traen consigo oportunidades y depende con qué lupa lo mires y cómo demostrarle a la vida que puedes seguir caminando y avanzando”, dice.

Maridueña está trabajando para lanzar una nueva presentación para caballeros, aunque señala que el producto es para ambos géneros.

Otros emprendimientos también nacieron desde la misma secuela que sufrió Jéssica y se trata de Tierra Fuerte. Lo creó Carlos Pesantes en junio pasado a raíz de que su madre sufriera una severa caída de cabello. No sabe si tuvo COVID-19 porque nunca se realizó la prueba, pero su madre tuvo varios síntomas como la pérdida de olfato y gusto.

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Pesantes es químico y farmacéutico, y ver a su madre lo motivó a indagar y buscar una solución para la caída de cabello. Además, se apoyó en sus conocimientos de su anterior trabajo donde procesaba muestras del virus y veía a pacientes con pérdida de cabello, manchas y piel irritada.

“De ahí surgió la idea y dije tengo que hacer algo que pueda ayudar a la gente y lo vi como una razón. Mi mamá pasó por estrés y caída de cabello y fue cuando formulé un champú con componentes activos para tratar la caída”, explica.

Pesantes, de 26 años, oferta su línea de champú Tierra Fuerte desde agosto pasado, pero le tomó cerca de dos meses formularlo. Y es así que lo elaboró con biotina, vitamina E y aceite de ricino.

El químico y farmacéutico, Carlos Pesantes, creó su negocio Tierra Fuerte. Cortesía.

“Los componentes no son nocivos, son nobles, no tienen conservantes ni sal. Lo probé (en mi madre) y le funcionó y detuvo la caída”, indica y agrega que de a poco usaban sus demás familiares y vecinos.

El producto tiene dos presentaciones: Verano de rosas y Ocean blue. Tiene un costo de $ 3 de 100 ml y $10 el de 1 litro. A la fecha ha producido un poco más de 120 champúes y también realiza envíos a nivel nacional.

“No me imaginé llegar donde estoy ahora y tengo buena aceptación. Le agradezco a Dios por esto y mi finalidad no es enriquecerme sino ayudar. Espero seguir con el negocio”, indica.

Tanto Pesantes como Maridueña consideran que la pandemia les dejó lecciones, pero también sorpresas y aprendizajes, puesto que no esperaban tener su propio negocio.

Desde laboratorios también surgieron productos

Los laboratorios también desarrollaron productos ligados a la alopecia o caída del cabello, según María Fernanda León, directora ejecutiva de Procosméticos y de Venta Directa en el país.

Indica que Laboratorios Beautik y René Chardon poseen productos relacionados con esta secuela del COVID-19 como lo es la caída del cabello, y que también es generada por el confinamiento y estrés.

Laboratorios Beautik lanzó en junio pasado la línea capilar Cannabis Organic Care contra la alopecia. Este producto tiene propiedades hidratantes y fortificantes y apunta también al estrés emocional.

Además, Beautik ya tenía en su portafolio el tónico capilar anticaída para hombres de la marca Beautik Men Only Barber, que despuntó en pandemia. Este producto fue hecho con extractos naturales de ginseng, lúpulo, té verde y ortiga.

En tanto, Laboratorios René Chardon desde el 2018 tiene su línea Rehabilitant de la marca RC Professionnel de Chardon Paris y durante la pandemia incrementó la demanda justo por esta necesidad de la ciudadanía.

Cuentan con champú, loción capilar y ampollas. Los productos contienen alfalfa, meliloto, lúpulo y romero como parte del tratamiento contra la caída del cabello. (I)