Como una alternativa para que los galapagueños no se “mueran de hambre” califica la propuesta de permitir vuelos internacionales directos a las islas Galápagos, de manera temporal, el asambleísta Washington Paredes. Con ese argumento enfrenta las críticas generadas por cierto sector turístico, fundaciones y organizaciones ambientales.

La disposición transitoria vigésima segunda de la Ley Humanitaria señala que varias instituciones públicas, entre ellas el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos, establecerán la conveniencia de activar vuelos internacionales directos hacia el archipiélago.

Paredes, quien sugirió que se incluya esta “opción de reactivación”, señala que Guayaquil y Quito, desde donde regularmente salen los vuelos hacia las islas, tienen un alto porcentaje de sus poblaciones ya contaminadas con COVID-19 y Galápagos no puede esperar que estas dos ciudades restablezcan la confianza de países europeos y de Estados Unidos, de donde proviene la mayoría de turistas del archipiélago.

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(Si esperamos) todos vamos a morir de hambre, vamos a perecer… Hasta que Ecuador continental se recupere se debe permitir turismo en Galápagos”, agrega. El legislador considera que con el número de casos de COVID-19 (76) en las islas la pandemia se puede manejar mejor que en el continente. “El nombre Galápagos no está afectado... ya está saliendo de la pandemia”.

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Sin embargo, estos vuelos aumentarían la posibilidad de que especies invasoras o plagas lleguen a las islas, advierte el Consejo de Gobierno de Galápagos: “No hay forma de garantizar controles fitosanitarios a nivel internacional que cumplan con las condiciones necesarias para cuidar el ecosistema de Galápagos. Una de las mayores vulnerabilidades de Galápagos son las especies invasoras, que pueden ingresar por varias vías como aérea o marítima”, señala.

Además, asegura que esta propuesta no cuenta con ningún criterio científico ni técnico: “Nunca fue socializada con instituciones o con la población de la provincia”.

Pero, Paredes dice que en Europa o en EE. UU. tienen controles fitosanitarios “más rígidos” que los del país. “Ellos controlan con láser y no con los espray (aerosoles) que se usan en los aviones para Galápagos. Aunque los vuelos internacionales que llegarían deben tener un manejo estricto, incluso fumigación con arcos de agua”, añade. Culpa a los “grandes monopolios del turismo” de oponerse a la iniciativa.

“Los turistas llegarían directo a Galápagos y no utilizarían la infraestructura monopólica democratizando el turismo. Además, esto sería temporal hasta que Ecuador continental se recupere”, afirma. También los turistas se someterían a pruebas de COVID-19.

Hay razones para que no hayan vuelos internacionales directos a #Galápagos , por su gente y por su patrimonio natural. Y para los que meten todo en un mismo saco: tampoco apoyo ninguna base militar extranjera en las islas, que no hay, ni habrá. ---- https://t.co/TPOFZfZVgr

Otra de las objeciones son los tamaños de los aeropuertos en las islas, ya que no tendrían la capacidad de recibir grandes aviones que no necesiten recargar combustible.

“En la Segunda Guerra Mundial los norteamericanos construyeron el mayor muelle de aguas profundas del Ecuador que está en Baltra, en la base Seymour. Allí Petroecuador recibe los buques tanqueros. De ese muelle al aeropuerto hay dos kilómetros”, dice Paredes.

El legislador considera que el largo de la pista en Baltra no sería un problema, aunque reconoce que en San Cristóbal el espacio sí es pequeño.

Sin embargo, el Consejo de Gobierno señala que ningún aeropuerto dentro de Galápagos “está en capacidad de permitir el aterrizaje de aeronaves que tengan la autonomía para ir y volver de destinos internacionales... No solo por temas de bioseguridad, desinfección para evitar ingreso de especies invasoras, sino por abastecimiento de combustible”.

Paredes rechaza esta postura y asegura que no habrá veto a la disposición transitoria: “El presidente no tomará el riesgo de reenviar (la ley) a la Asamblea y sacar los acuerdos porque no tendría los votos”. (I)