En abril de este año los ecuatorianos vimos con preocupación y asombro, en un documental del periódico británico The Guardian, el impacto que generan los desechos marinos que llegan a Galápagos. Observamos iguanas comiendo fundas, aves armando sus nidos con redes de pesca o cangrejos haciendo de tapas de botellas  su hogar. 

Sin embargo, la repercusión de la basura marina en nuestro archipiélago, uno de los mejores conservados del mundo, es más grave. Científicos de la Fundación Charles Darwin (FCD) y técnicos del Parque Nacional Galápagos (PNG) han detectado que especies no nativas están llegando a las islas utilizando como transporte estos desechos que son empujados por las corrientes. 

Una especie de balanus (un tipo de crustáceo) que  nunca ha sido reportada en Galápagos ha sido encontrada pegada en botellas plásticas, de vidrio o  pedazos de madera. Si bien,  es  cosmopolita (circula en los océanos alrededor del mundo) y no genera un impacto negativo,  esto es evidencia de que una especie invasora podría llegar al archipiélago de esta forma, señala Inti Keith, bióloga marina  y quien lidera el Programa de Especies Invasoras de la FCD.

 Además, se han encontrado Lepas anatifera (crustáceo), Megabalanus coccopoma (percebe) y poliquetos (anélidos). 

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Nosotros hablamos de basura marina en general. Hemos encontrado estos balanus en madera, plástico,  etc. Especies que puedan aguantar oleaje,  sol, maltrato, como ciertas  ascidias y  briozoos pueden hacer esto tranquilamente”, afirma. 

Si una especie marina que no es de  Galápagos se reproduce, se estabiliza y empieza a crecer, competirá con las especies nativas o endémicas y cambiaría todo el frágil ecosistema de las islas en diferentes niveles.  

Origen de la basura que llega a Galápagos 

Desde el 2017, el PNG aplica un programa de levantamientos  de datos a través de la limpieza de desechos  que llegan a las costas del archipiélago que se realiza anualmente. En tres años se recogieron 44 toneladas de desechos  (96 %  es plástico) en 104 sitios y  bajo el mar. Los residuos no solo provienen del Ecuador continental sino de otras partes del mundo. 

 Los Megabalanus coccopoma se trasladan en desechos. Foto: Cortesía Fundación Charles Darwin. 

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Incluso de países  como China y Japón, asegura la bióloga Jennifer Suárez, experta en ecosistemas marinos del PNG.

(Los desechos) sirven como vectores de dispersión de especies que pueden ser nuevas  o ya registradas, pero que se transportan entre islas. Pero pueden llegar especies que se conviertan en invasoras”, señala. 

El personal del PNG clasifica la basura que encuentra e identifica los diferentes organismos  que están adheridos en los residuos: “Esto nos permite saber si estas especies son nuevas y si tienen un historial invasivo y que puedan ser nocivas para el ecosistema”, dice Suárez.

Para que un desecho albergue un  organismo de este tipo, según la especialista, debe pasar al menos una semana en el océano. Señala que una botella proveniente de Perú puede tardar hasta un mes en llegar a Galápagos.

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En el caso de los residuos provenientes de Asia, Suárez dice que no llegan  directamente de los países de ese continente sino de los barcos de esas nacionalidades que navegan en  el límite de la Reserva Marina de Galápagos. 

No hay rutas marinas entre Asia y Galápagos. Además, las botellas que tienen etiqueta de esos países están limpias, eso nos lleva a pensar que son de embarcaciones”, comenta. 

La basura que llega a las islas, en su mayor parte, proviene de China, Japón, Ecuador, Colombia y Perú. 

Investigación sobre especies marinas invasoras

El proyecto de especies invasoras marinas de la FCD empezó en el 2012 y cuenta con el  apoyo del PNG, la Agencia de Bioseguridad de Galápagos (ABG), la Armada, el Instituto Oceanográfico, y varias  organizaciones internacionales. 

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A través de este programa  se realizan descripciones taxonómicas y genéticas de las especies encontradas.

El punto de la investigación es detectar lo que ya ha llegado y tratar de prevenir las nuevas llegadas. Para eso estamos tratando de crear  protocolos de detección temprana y respuesta rápida en colaboración con el PNG para poder manejar especies nuevas que sean introducidas por cascos de barcos, plásticos, etc”, señala Keith.

Especies no nativas también utilizan desechos como boyas para llegar a Galápagos.  

Si bien el proyecto es basado en el archipiélago, también se trabaja  con expertos de  áreas marinas protegidas de Costa Rica, Colombia  y Panamá. 

El objetivo es levantar líneas bases en todas estas zonas  usando placas de asentamiento y monitoreo ecológico: “Al mismo tiempo estamos trabajando bajo la iniciativa del CMAR (Corredor Marino del Pacífico Este Tropical)  entre los cuatro países para crear  protocolos estandarizados y que sean replicables en todos los países para que se recojan los datos de la misma manera y sea más fácil analizarlos”, dice la experta de la FCD. 

Sin embargo, Keith reconoce que trabajar con la comunidad de las islas Galápagos es importante para detectar las especies que llegan con los desechos. 

Señala que trabajarán con los   guías naturalistas,  ya que “son una herramienta  para la detección temprana (de especies no nativas), ya que son los ojos de nosotros (científicos) alrededor del archipiélago”.

Además, se incluirá a  turistas y  gente local para que reporten si ven estos organismos en los desechos y que la FCD y el PNG confirmen si en efecto es una especie peligrosa, evaluar procesos de erradicación o si la ubican en una lista de control.

Los poliquetos han llegado a las Galápagos adheridos en botellas de vidrio. 

En junio pasado se realizó   el Primer Taller Internacional sobre Bioinvasiones Marinas y Bioseguridad en el Pacífico Este Tropical y Sureste  organizado por la FCD, ABG,  PNG  y organizaciones ambientales como   WildAid. 

El desarrollo de este tipo de talleres permite compartir información, metodologías y experiencias, así como construir alianzas y aunar esfuerzos para luchar contra las bioinvasiones marinas que son consideradas como grandes amenazas para la conservación de la biodiversidad de las áreas marinas protegidas en el mundo, dice  Manuel Bravo, director de WildAid.  

“El próximo paso es hacer otro taller en Panamá en el  2020 para tratar el tema de protocolos de detección temprana y alerta rápida. Una vez que  se haya socializado todo y  veamos los problemas que cada país tiene, tendremos más claro el panorama (para aplicar los protocolos)”, sostiene Keith.  (I)