La NASA decidió desactivar uno de los principales instrumentos científicos de la sonda Voyager 1 en un esfuerzo por extender su vida útil a más de 24.000 millones de kilómetros de la Tierra. La medida, considerada extrema, busca evitar la pérdida total de la nave, que enfrenta un progresivo agotamiento de energía tras casi cinco décadas de operación.

El pasado 17 de abril, ingenieros del Jet Propulsion Laboratory (JPL), en California, enviaron la orden para apagar el experimento de Partículas Cargadas de Baja Energía (LECP), un instrumento que había operado casi de forma ininterrumpida desde el lanzamiento de la sonda en 1977.

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El LECP ha sido fundamental para el estudio del espacio profundo, al medir iones, electrones y rayos cósmicos provenientes tanto del sistema solar como de la galaxia. Sus datos han permitido comprender la estructura del medio interestelar, incluyendo variaciones en la densidad de partículas y frentes de presión más allá de la heliosfera. Las sondas Voyager son, hasta ahora, las únicas capaces de proporcionar este tipo de información directa.

Al igual que su nave gemela, Voyager 2, la Voyager 1 funciona con un generador termoeléctrico de radioisótopos, que convierte el calor de la desintegración del plutonio en electricidad. Sin embargo, ambas sondas pierden cerca de 4 vatios de potencia cada año, lo que ha reducido significativamente sus márgenes energéticos.

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La decisión se precipitó tras una caída inesperada de energía registrada el 27 de febrero durante una maniobra rutinaria. Los ingenieros temían que un descenso adicional activara el sistema automático de protección, que habría apagado componentes críticos y obligado a una compleja recuperación remota.

“Si bien desactivar un instrumento científico no es lo que nadie desea, es la mejor opción disponible”, señaló Kareem Badaruddin, director de la misión Voyager en el JPL. Actualmente, la sonda mantiene operativos dos instrumentos: uno para detectar ondas de plasma y otro para medir campos magnéticos, que continúan enviando datos desde regiones inexploradas del espacio.

La estrategia de apagado responde a un plan diseñado años atrás, que establece el orden en que se irían desconectando los sistemas para maximizar la duración de la misión. De los diez instrumentos originales, siete ya han sido desactivados. En el caso de la Voyager 2, el mismo instrumento LECP fue apagado en marzo de 2025.

Debido a la enorme distancia, la señal enviada desde la Tierra tarda unas 23 horas en llegar a la nave, y el proceso de apagado completo se extiende por más de tres horas. No obstante, una parte del instrumento —un motor de bajo consumo— permanecerá activa, con la esperanza de reactivarlo en el futuro si las condiciones energéticas lo permiten.

Con esta medida, los ingenieros estiman ganar cerca de un año adicional de operación. Paralelamente, trabajan en una estrategia más ambiciosa denominada “Big Bang”, que consiste en reconfigurar múltiples sistemas eléctricos para reducir el consumo y mantener la temperatura operativa de la nave.

El plan será probado primero en la Voyager 2, que dispone de mayor energía y se encuentra más cerca de la Tierra. Las pruebas están previstas entre mayo y junio de 2026. Si tienen éxito, la misma técnica podría aplicarse a la Voyager 1 a partir de julio, con la posibilidad incluso de reactivar instrumentos actualmente apagados.

Las sondas Voyager, lanzadas en 1977, continúan siendo los artefactos humanos más lejanos y representan una de las misiones científicas más longevas y relevantes en la historia de la exploración espacial. (I)