El programa que creó la Web y allanó el camino del internet moderno se vendió el miércoles por 5,4 millones de dólares como token no fungible (NFT), un certificado de autenticidad digital que ha transformado el mercado de los objetos digitales.

Incluso más que Guntenberg y la imprenta, la bombilla de Thomas Edison o el ADN de James Watson, la World Wide Web “ha cambiado todos los aspectos de su vida”, dijo en una presentación Cassandra Hatton, vicepresidenta de Sotheby’s, que organizó la venta en línea de una semana de duración.

En 1989, Tim Berners-Lee, físico británico reconvertido en informático, ideó un sistema de intercambio de información que permitiera a los científicos acceder a los datos desde cualquier parte del mundo.

Mientras trabajaba en el Centro de Cálculo del CERN (originalmente el Consejo Europeo de Investigación Nuclear, ahora la Organización Europea para la Investigación Nuclear), cerca de Ginebra, bautizó la nueva red como World Wide Web (WWW).

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En 1990 y 1991, escribió el programa que creó el primer navegador de Internet, sentando las bases prácticas de la web actual.

En el proceso, inventó los conceptos de URL (dirección de Internet), HTTP (que permite encontrar un sitio) y HTML (el lenguaje informático estándar para crear páginas web).

Decidido a hacer de la web un espacio abierto, Tim Berners-Lee no patentó su programa y lo puso libremente a disposición de todos, lo que contribuyó a su difusión.

Poco más de tres décadas después de su invención, puso a la venta los archivos originales del programa como pieza de coleccionista. Tras la subasta, recibirá una parte de la riqueza generada, pero tiene previsto donar la totalidad de la recaudación a la beneficencia.

El lote incluía una versión animada de esas casi 10.000 líneas de código y una carta del autor.

“Hace 10 años no habríamos podido” realizar esta venta, dijo Cassandra Hatton.

La llegada de la tecnología “NFT”, que crea un certificado digital de propiedad que no puede ser falsificado, ha cambiado la situación a los ojos de los coleccionistas, que ahora tienen la seguridad de que sus adquisiciones pueden ser rastreadas. (I)