Uno de los momentos más íntimos que tenemos con nosotros mismos es durante la ducha, ese espacio que además de ser de higiene, es de relajación genera que varios pensamientos lleguen a nosotros, incluso sobre situaciones que hemos venido atravesando durante la semana. ¿A qué se debe esta situación?

Cuando nos duchamos nuestro estado de ánimo mejora. Así lo explica un artículo de National Geographic, que asegura que las epifanías ocurren cuando estamos en “modo automático”. Esto permite que los sentidos divaguen y aparezcan recuerdos inusuales que a su vez, nos permiten obtener pensamientos interesantes.

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Kalina Christoff, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver (Canadá) asegura que esto se trata de “una experiencia humana bastante universal”. O sea, que nos ocurre a todos.

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Otro factor a considerar es la falta de visión. La visión es limitada por el caer del agua o porque cerramos los ojos; no podemos escuchar con detalle porque el agua actúa como un ruido blanco que bloquea otros sonidos; tampoco tenemos muy despierto el sentido del tacto, porque el agua usualmente está a una temperatura similar a la del cuerpo, así que no se nota mucho la frontera entre el interior y el exterior.

La temperatura del agua también puede influir. El agua caliente, por ejemplo, tiene la propiedad de relajarnos y por ende atenuar el uso de los sentidos externos, según un estudio de American Psychological Association. (I)