Llegar a los 60 años sin un grupo cercano de amigos suele verse como una señal de aislamiento o dificultad para relacionarse. Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren que, en muchos casos, detrás de esa soledad hay años de sacrificio emocional y cuidado constante de otros.

Un estudio publicado en The Journals of Gerontology, Series B analizó a 223 cuidadores de personas con demencia, con una edad promedio de 61 años, y encontró una relación clara: quienes mantenían amistades cercanas tendían a sentirse menos solos.

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La investigación también reveló que las interacciones cotidianas con amigos —una llamada, un mensaje o un encuentro breve— ayudaban especialmente a reducir la soledad entre quienes enfrentaban mayores cargas de cuidado.

Los expertos advierten que atender a un familiar con demencia puede ir reduciendo, casi sin notarlo, el espacio social de quien cuida. Las citas médicas, los tratamientos, el agotamiento y las obligaciones familiares suelen dejar poco margen para cultivar amistades.

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El estudio aclara que no toda persona mayor sin amigos íntimos ha vivido esta experiencia. Pero plantea que la soledad en la vejez no siempre responde a la personalidad o a la falta de habilidades sociales, sino a contextos de estrés y desgaste prolongado.

A ello se suma una carga emocional difícil de medir: ver cómo cambia la relación con un ser querido que, en algunos casos, deja de reconocer a quien lo acompaña diariamente.

Otra investigación, publicada en Aging & Mental Health, encontró que los adultos mayores suelen valorar más las relaciones emocionalmente reconfortantes que aquellas basadas en una reciprocidad estricta.

El hallazgo apunta a que, tras décadas ocupándose de los demás, algunas personas necesitan vínculos donde puedan sentirse escuchadas y sostenidas, sin la obligación permanente de ser quienes cargan con todo.

La preocupación también tiene un componente de salud pública. Autoridades sanitarias estadounidenses relacionan el aislamiento social con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y mortalidad prematura.

La Organización Mundial de la Salud alertó en 2025 que una de cada seis personas enfrenta la soledad, pero destacó que incluso pequeños gestos de conexión pueden mejorar el bienestar y fortalecer la calidad de vida. (I)