Por Sergio Cedeño Amador

Al inicio de cada año tenemos la cosecha de esta fabulosa fruta el breadfruit o fruta de pan (Artocarpus altilis) de la misma familia del jackfruit (Artocarpus heterophyllus).

La fruta de pan, llamada mazapán en Centroamérica, es originaria de las islas del Pacífico. Es rica en carbohidratos, proteína, fibra, vitaminas y minerales y se hizo famosa en 1788 cuando Inglaterra envió a Tahití (Polinesia francesa) el barco Bounty al mando del capitán Willian Bligh para trasladar plantas de fruta de pan a las islas del Caribe y alimentar a los esclavos negros que trabajaban en los cultivos de caña de azúcar. Los marinos se amotinaron y tiraron las plantas al mar por falta de agua durante el llamado motín del Bounty, narrado en una película y libros.

La fruta de pan, llamada mazapán en Centroamérica, es originaria de las islas del Pacífico. Foto: Shutterstock

En un segundo viaje el capitán Bligh llegó en 1791 a Jamaica con las plantas y hoy las islas del Caribe encabezadas por Barbados son las mayores exportadoras de esta fabulosa fruta, pero esta sigue siendo parte de la cultura de casi todas las islas del Pacífico y especialmente de la Polinesia, Micronesia y Melanesia.

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En la isla de Kauai (Hawái) existe desde el 2003 el Breadfruit Institute, que mantiene la mayor colección de frutas de pan con 150 variedades y se dedica a la conservación, propagación y difusión gratuita de arbolitos a los países pobres y con escasez de alimentos.

Con la fruta de pan se preparan infinidad de platos y especialmente patacones, puré, imitación de papas fritas, ensaladas, entre otros. Foto: Shutterstock

Hay variedades con semillas y sin semillas y cultivamos especialmente esta última con la que se cocinan infinidad de platos y especialmente “patacones”, puré, imitación de papas fritas, ensaladas, entre otros.

Es un árbol bellísimo y promisorio que produce hasta 200 frutos por año de hasta 6 kg cada fruta y que podría salvar del hambre a muchos países.

El caimito: una fruta en extinción

Dice la leyenda que comerse un caimito y después besar a la novia era para quedarse pegados por algunas horas por el látex de esta fruta. Foto: Shutterstock

Los que ahora somos de la generación boomers (40 a 75 años de edad) pudimos en nuestra juventud saborear el delicioso caimito (Chrysophyllum cainito), originario de las Antillas y Centroamérica; pero los de la generación mileniales (26 a 39 años) nunca lo podrán ver en abundancia ni probar su espectacular sabor.

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Peor será para los centeniales, menores de 25 años de edad, que tal vez ni en fotos lo han visto.

Todos los agricultores tenemos la obligación de cumplir la “función social” de sembrar toda clase de árboles en peligro de extinción como el caimito y muchos otros que ya no se ven en el campo cuando antes era común después de una larga jornada “amarrar el caballo en un bello árbol de caimito”.

También era común la leyenda de comerse un caimito y después besar a la novia, para quedarse pegado por algunas horas por el látex de esta fruta.

Estamos en época de caimitos y uno de estos vale más que un lingote de oro.