El bebé llegó como una sorpresa para la periodista Carolina Mella: Andrés acaba de cumplir un año. “Al inicio, obviamente, da temor por toda la responsabilidad que eso significa. Pero ha sido lo mejor, sí, lo mejor que te puede pasar en la vida”, se reafirma la corresponsal de France 24.

“Ahora que está aquí, no sé cómo lo hago todos los días. Pero, al mismo tiempo, mi mejor momento es cuando estoy con él”. Reconoce que es complejo trabajar teniendo un bebé. Hace falta un equipo de apoyo con los cuidados y esta realidad choca con el descubrimiento de que la crianza es algo “personal e individual”.

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Es decir, mamá quiere estar presente en todas las decisiones y momentos importantes: cómo se va a alimentar el niño, los primeros pasos que no se quiere perder. “Da mucha pena que haya momentos en los que tienes que ceder”, agrega. Carolina se alegra de haber estado allí para la primera palabra (papá).

Comenta que, en su caso, se embarazó después de los 40. Cuando eso pasa, los abuelos ya están en la tercera edad o cerca, tienen otra energía o, como le sucede a ella, no viven en la misma ciudad.

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“Mi principal red de apoyo, afortunadamente, es el papá. Es maravilloso ver el gran padre que él es. Estamos coparentando muy cercanamente a nuestro hijo”. Se ayuda con una niñera, a la que conoce desde hace mucho tiempo.

La decisión de los padres es limitar la exposición del bebé en las redes sociales: “A veces, creo que, de la emoción, he transgredido un poco esa línea que yo misma me he impuesto por un tema de seguridad”.

La maternidad, comparte, ha sido para ella un tiempo de vulnerabilidad: “Creo que nunca antes me había sentido tan vulnerable como desde que estuve embarazada y tuve a mi bebé. Me cuesta todavía poner en palabras esas emociones y esos sentimientos”.

Alguien que se consideraba una reportera temeraria, que no le ponía peros a las coberturas, ahora se siente diferente: “Desde los horarios, no puedo estar a cualquier hora, hasta en el sitio, por los riesgos que significa”. Ser madre conlleva cuidarse en todo. “Ahora mi motivación de ir al gimnasio es saber que necesito tener la espalda fuerte para cargar a mi hijo. Alimentarme mejor, porque tengo muchas ganas de vivir, porque mi propósito es estar cerca de él”.

Y como viene bien escuchar algunos puntos positivos de ser mamá a los 40, Carolina enlista: “La madurez. Has completado esa etapa en la vida y no tienes nada de qué arrepentirte. Siento que lo di todo. Ahora mi prioridad es estar presente en su vida”.

Reflexiona en que a los 30 una persona tiene todavía sueños por cumplir. “Y esto no debería de ser de elegir una cosa o la otra, pero no siempre se puede”.

Otra ventaja, considera, es que se materna con mayor conciencia y mayor información. “Y justamente por eso tratas de tener más este tiempo y la disponibilidad de investigar mucho más para saber qué quieres hacer, cómo quieres criar a tu hijo”. (I)