Durante años, la cantante cuencana Luz Pinos construyó su identidad desde la música, los escenarios y una sensibilidad ligada a lo artístico. Sin embargo, convertirse en madre movilizó el mundo que hasta entonces conocía. Habla de una maternidad que la ha llevado a convivir con nuevas prioridades, fragilidades y con una conexión emocional distinta frente a la vida.

“Cuando me convertí en mamá estaba haciendo mi primer disco, lo había lanzado, estaba en esa promoción del disco, estaba de gira y me acuerdo que hice la paz con que mi carrera esté un poquito después de mi familia, que no sea la prioridad de mi vida (...) Yo tenía claro que yo necesitaba estar ahí para mi hijo”.

La intérprete de Mariposa azul, Capulí, Toda la vida, mi vida (ft. Laura Maré) imaginaba la maternidad como una etapa de vínculo cercano y profundamente presente. No se trataba únicamente de formar una familia, sino de acompañar de verdad el crecimiento de su hijo y construir recuerdos cotidianos junto a él. “Siempre soñé con ser mamá y quería hacerlo con todas mis fuerzas, corazón, mente y alma, mi cuerpo. Quiero ser una mamá presente y eso todavía me acompaña, la manera como quiero vivir mi maternidad, disfruto mucho de estar con mi hijo y mi familia”.

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Reconoce además que ha aprendido a bajar el ritmo y dejar de exigirse tanto. Hoy aprende a fluir más con los tiempos reales, a aceptar que hay días desordenados y a darse permiso para vivir con más calma.

“Me nutro mucho al estar con mi familia, me inspira un montón, creo que también ha hecho más descomplicada en otras áreas de mi vida, más intensa como mamá, con ideas de cómo quiero ser, siento que también me ha permitido ser una mamá que juega y que mi hijo explore y tenga libertad de crear, soñar y ser libre. A no regirme de cómo deben ser las cosas, me ha enseñado a soltar”, agrega la compositora.

La maternidad, admite, le aporta una claridad distinta para tomar decisiones. Esa nueva perspectiva le permite reconocer con facilidad qué vale la pena sostener.

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“Estoy más pegada a lo que siento, se volvió más claro el camino. El hecho de ser mamá me dio una claridad sobre mi carrera a la par de mi maternidad y familia. Siento que antes tenía muchos nervios, siento que ser mamá me hizo pisar tierra y tocar base, tengo una base a dónde voy y eso me ayuda mucho a plantarme y nutrirme para lo que se venga después en mi carrera”.

Matías, su sueño real

La llegada de su hijo fue una sorpresa, cuenta, pero fue mágica. “El regalo más grande de la vida fue mi hijo Matías. Sí sentí un poco de miedo, pero sobre todo fue más ilusión, nosotros estábamos muy contentos de crecer la familia, soñábamos con ser papás desde hace años. Me parece hermosísimo tener una familia grande, el amor de la familia es lo más poderoso. Crecer con Matías es una bendición, es inspiración constante”, detalla al recordar su llegada cuando ella tenía 26 años.

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A su hijo lo describe así: “Es un niño lleno de luz, lleno de amor, es noble, generoso, es un regalo todos los días aprender de lo que tiene que decir, de cómo descubre la vida, es muy persistente, muy creativo, me encanta ver lo amoroso que es, servicial, muy protector, es hermoso a mis ojos de mamá. De alguna manera criar a un niño en este mundo, con los valores que creo deberíamos educar un poco más a los varones, eso lo tenemos en casa muy presente”. (I)