La vida de Pamela von Buchwald Jurado se mueve entre afectos, decisiones y rutinas que ha aprendido a sostener con intención. Esposa del periodista deportivo Francisco Molestina y mamá de José Francisco ‘Panchito’ y Pamela Molestina, atraviesa una etapa en la que la maternidad ya no se mide por el control, sino por la capacidad de escuchar, confiar y estar cerca sin invadir.

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Se define como una mujer en evolución constante. Esa frase resume un momento en el que el crecimiento personal, la disciplina y el propósito ocupan un lugar central. Para ella, vivir con sentido también implica dejar huella en cualquier ámbito: en lo profesional, en lo humano y, sobre todo, en la manera en que sus hijos la recuerden.

Acompañar sin imponer

La maternidad, dice, ya no se trata de dirigir cada paso, sino de acompañar. Con un hijo adolescente y una niña que empieza a acercarse a esa etapa, Pamela ha aprendido que la crianza también exige transformarse. En casa, la comunicación, la paciencia y el respeto por los espacios personales se han vuelto herramientas diarias.

Con su hijo 'Panchito', a quien acompaña desde el equilibrio, la confianza y el amor. Foto: Cortesía

Su mirada sobre la exposición digital de su hijo parte del equilibrio. Reconoce las oportunidades que pueden abrirse en estos medios, pero también entiende la importancia de poner límites. Por eso, acompaña desde la conversación constante con una prioridad clara: cuidar su bienestar emocional y su desarrollo personal por encima del foco público.

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Cuando piensa en lo que le gustaría que sus hijos recuerden de su infancia y adolescencia, no habla de perfección. Prefiere imaginarse como una mamá presente, divertida y cercana; alguien que los apoyó, creyó en ellos y les enseñó a ser fuertes sin dejar de ser sensibles.

Además de su vida familiar, Pamela ha construido un camino profesional que combina gestión social, bienestar y disciplina. Es directora comercial de Fundación Niños con Futuro y coach de COR Wellness Club.

Pamela también desarrolla su faceta como instructora, un espacio desde el que promueve la disciplina, el bienestar y la conexión personal a través del entrenamiento. Foto: Cortesía

Para ella, su trabajo representa una extensión de su propósito. No lo ve solo como una ocupación, sino como una manera de aportar, transformar vidas y demostrar que con disciplina y visión se puede construir algo significativo.

El mayor reto, reconoce, ha sido sostener ese camino mientras cría a sus hijos. No lo plantea como una búsqueda de equilibrio perfecto, porque no cree en esa fórmula. Prefiere hablar de priorización consciente: hay días en los que el trabajo demanda más; otros, en los que la familia ocupa el centro. La clave, para ella, está en saber elegir, estar realmente presente y aprender a delegar.

Disciplina para la vida

Para Pamela, entrenar no responde solo a una necesidad física, sino a una forma de conectar consigo misma. Es su espacio de claridad mental, energía y estabilidad emocional. De esa disciplina ha tomado aprendizajes que aplica en su rol de madre y también en los negocios: la constancia, la paciencia y la capacidad de avanzar incluso cuando no hay ganas.

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Está convencida de que los resultados no siempre llegan rápido, pero sí aparecen cuando existe compromiso.

En una sociedad que suele exigir demasiado a las mujeres, Pamela aprendió a ponerse como prioridad sin culpa. Lo entiende como una responsabilidad: cuidarse para estar mejor, para acompañar mejor y para sostener con más serenidad todo lo que la rodea, tanto en el hogar como en el ambiente laboral.

Una versión más humana

La maternidad, cuenta, cambió su manera de verse. La hizo más fuerte, más presente y más humana. También le enseñó a valorar lo esencial y a descubrir una capacidad de amor y de resiliencia que no sabía que tenía en su interior.

Junto a su hija, Pame Molestina, en una etapa marcada por la complicidad, la escucha y el aprendizaje compartido. Foto: Cortesía

A sus hijos procura transmitirles disciplina, respeto, empatía, resiliencia y autenticidad. Pero hay un valor que considera fundamental: la coherencia. Que ellos vean que lo que dice está alineado con lo que hace.

Para el Día de las Madres, su mensaje para otras mujeres es claro: no perderse en el proceso. Ser madre, para ella, no significa renunciar a la mujer, la profesional o la soñadora que también habita en cada una. Al contrario, se trata de integrar todas esas versiones.

Y si pudiera hablarle a la Pamela que empezó este camino, le diría algo sencillo y profundo: que confíe, que no necesita ser perfecta, solo presente y auténtica. Que todo lo que se da desde el corazón permanece. (I)