Martha Villavicencio, dueña y administradora de Martina Beauty Studio and Spa, inició este proyecto -ubicado en el Alhambra Shopping- como una opción diferente dentro de los servicios de belleza, que en muchas ocasiones no cuentan con un catálogo amplio de productos, una característica que su marca ha potenciado y que le ha permitido diferenciarse del resto de los negocios.
Martha detalla que, tras culminar sus estudios de bachillerato y gracias a las facilidades que tenían sus padres en ese momento, tuvo la oportunidad de estudiar en el exterior. Viajó a Estados Unidos para mejorar su inglés y posteriormente obtuvo una licenciatura en Hotelería y Turismo en Monterrey, México. No obstante, no fue hasta 2008, cuando decidió ir a Brasil a estudiar belleza, que dio los primeros pasos para lo que sería el inicio de su negocio.
“En México tuve fuertes inconvenientes capilares y fue ahí cuando decidí irme a Brasil para estudiar reconstrucción capilar. Una vez en Guayaquil, comencé a buscar un salón de belleza integral, pero no encontré algo que tuviera un plus; eran las mismas marcas de siempre. Fue ahí cuando nació Martina Beauty Studio and Spa”, afirma.
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Desde entonces, Villavicencio se ha mantenido en constante crecimiento y formación, viajando a varios países para aprender y traer a Ecuador servicios con mejores técnicas, productos y tecnología. Gracias estos conocimientos creó Florentina, su marca de cuidado capilar y corporal.
“Incluso acabo de graduarme como tricoterapeuta en Colombia y como manicurista en Estados Unidos. Me he preparado muchísimo para poder manejar esta cadena de salones de belleza. Tengo aproximadamente seis diplomados, entre ellos en Servicio al Cliente, Manejo de Conflictos y Empoderamiento Femenino; todos los realicé en México”, relata.
Gracias a su esfuerzo, hoy tiene siete salones en varios puntos de Guayaquil, todos con un amplio catálogo, que incluye productos brasileños y de varios países. Esto ha permitido atraer a más clientas y ofrecer un servicio de alta calidad.
Ahora, de la mano de su familia, busca impulsar no solo su carrera, sino también cumplir una de sus metas personales: generar empleo para mujeres que lo necesiten. “Siento que servir es mi vocación, lo hago con mucho amor y pasión. Ver a mis clientas satisfechas, que se miren al espejo después del servicio y descubran que son más bellas de lo que imaginan, eso me llena de felicidad”, destaca.
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A pesar de la satisfacción que le genera su trabajo, el estrés también forma parte de su día a día. Sin embargo, Villavicencio se refugia en su familia.
Se define como una persona muy familiar. Sus padres, su esposo y su hija representan su mundo y el lugar al que siempre vuelve cuando se siente abrumada. Además, como parte de su rutina para mantener la calma, acude al gimnasio mientras escucha música, una de sus formas de encontrar equilibrio. “Si bien muchos de mis viajes son para aprender nuevas técnicas o conocer productos, también disfruto conocer distintos países”, comenta.
No obstante, su método más efectivo para manejar el estrés es la oración. “Una larga conversación con Dios me reinicia y me hace sentir más fuerte que nunca”, asegura. (I)


