El cerebro requiere un suministro constante de oxígeno y nutrientes para su correcto funcionamiento. Cuando el oxígeno no llega de forma suficiente al cerebro se conoce como hipoxia cerebral, una situación que afecta a los hemisferios cerebrales, las partes más grandes del este órgano.

Algunas de las situaciones que pueden provocar la falta de oxígeno son la presión arterial extremadamente baja, intoxicación con monóxido de carbono o humo, traumatismo cerebral, ataque de asma extremo, atragantamiento o ahogamiento, ascenso a altitudes elevadas, accidentes cerebrovasculares, paros cardíacos, arritmias, entre otras.

Los síntomas de la hipoxia cerebral pueden ser leves, como pérdida temporal de la memoria, disminución de la capacidad de moverse o la dificultad para prestar atención y tomar decisiones correctas; en tanto que los síntomas graves pueden incluir convulsiones, falta de respiración, estado de coma y muerte cerebral.

La hipoxia cerebral es una condición que requiere intervención médica inmediata. Se puede diagnosticar mediante la historia clínica y un examen físico. Algunos de los análisis para determinar la causa de la hipoxia son la tomografía computarizada, resonancia magnética, pruebas de sangre, que incluyen gasometría arterial y niveles de químicos en la sangre, electroencefalografía, entre otros.

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El tratamiento para este problema depende de la causa subyacente. En todo caso, lo primordial en primera instancia será restablecer el suministro de oxígeno al cerebro, así será más bajo el riesgo de daño cerebral grave y de muerte. El paciente también podría requerir asistencia cardíaca y la administración de derivados sanguíneos.

Por otra parte, la recuperación depende de la cantidad de tiempo durante la cual el cerebro no recibió oxígeno. El pronóstico es poco favorable para los pacientes que tuvieron bajos niveles de oxígeno en el cerebro durante más de ocho horas, en tanto que quienes estuvieron inconscientes por un breve periodo tienen, en la mayoría de los casos, una recuperación completa. (I)

Fuentes: NIH | AARP | Medlineplus