El hígado graso es una afección que se produce por la acumulación de grasa que puede interferir con el funcionamiento normal del órgano y causar inflamación, fibrosis y cirrosis. En la mayoría de los casos, no presenta síntomas evidentes, lo que hace que su detección sea un desafío.

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Según la Clínica Mayo, esta condición suele ser descubierta durante pruebas médicas rutinarias que apuntan a problemas hepáticos, como niveles elevados de enzimas hepáticas detectados en un análisis de sangre durante un chequeo de rutina.

El hígado graso es una afección más común de lo que se cree. Foto: Freepik

Cómo detectar el hígado graso

Muchas personas que sufren de hígado graso no presentan síntomas evidentes, por lo que pueden ignorar que tienen un problema hepático que requiere atención médica.

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Según el periódico La Vanguardia, los expertos alertan de que el hígado graso es una especie de “epidemia” silenciosa que no recibe la importancia que merece. Además, señala que es la afección hepática más prevalente en el mundo y se ha duplicado desde 1990.

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Para diagnosticar el hígado graso, el médico debe realizar una serie de pruebas al paciente, además de revisar su historial clínico y su examen físico, así lo explica el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales en su sitio web.

Ese mismo portal señala que algunos factores de riesgo que pueden predisponer a desarrollar hígado graso son:

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  • El sobrepeso o la obesidad.
  • La resistencia a la insulina o la diabetes tipo 2.
  • Los niveles altos de triglicéridos o de colesterol.
  • El síndrome metabólico.
El hígado graso se puede detectar de varias maneras. Foto: Freepik

En el examen físico, el médico puede detectar signos de hígado graso, como:

  • Aumento del tamaño del hígado.
  • Manchas oscuras en la piel sobre las articulaciones, los codos y las rodillas, que indican resistencia a la insulina.
  • Signos de cirrosis, como un agrandamiento del bazo, acumulación de líquido en el abdomen (ascitis) y pérdida de masa muscular.

Si se observa alguno de estos signos en casa, es recomendable consultar con un especialista que pueda confirmar el diagnóstico de hígado graso y establecer el tratamiento adecuado.

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Exámenes para detectar el hígado graso

Por otra parte, la Clínica Mayo menciona que, para detectar el hígado graso, existen diferentes tipos de pruebas y procedimientos, que se pueden clasificar en:

Pruebas de sangre

Miden los niveles de hierro, glucosa, lípidos, enzimas y anticuerpos en la sangre, que pueden indicar la presencia de hígado graso o de otras enfermedades hepáticas asociadas, como la hepatitis viral o la enfermedad celíaca.

Algunas de estas pruebas son el hemograma completo, el análisis de la función hepática, el examen de glucosa sanguínea en ayunas y la hemoglobina glucosilada A1c.

Prueba de sangre para detectar el hígado graso. Foto: Unsplash

Pruebas de imagen

Se usan ondas sonoras, campos magnéticos o rayos X para obtener imágenes del hígado y evaluar su tamaño, forma y estructura.

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Algunas son la ecografía abdominal, la resonancia magnética (RM), la tomografía computarizada (TC), la elastografía transitoria y la elastografía por resonancia magnética.

La ecografía también detecta el hígado graso. Foto: Freepik

Biopsia de hígado

Este procedimiento consiste en extraer una pequeña muestra de tejido hepático con una aguja e insertarla bajo un microscopio para observar las células y los signos de inflamación o daño.

Es la más precisa para diagnosticar el hígado graso, pero también la más invasiva y con mayor riesgo de complicaciones.

El diagnóstico precoz del hígado graso es fundamental para poder revertir la enfermedad antes de que cause daños irreversibles al órgano.

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Sin embargo, de acuerdo con el medio La Vanguardia, aún no hay biomarcadores específicos que permitan identificar el hígado graso sin recurrir a la biopsia hepática, que tiene limitaciones como la variabilidad y la invasividad.

Por lo tanto, la prevención sigue siendo la mejor opción para cuidar la salud hepática. Esto implica adoptar hábitos saludables como hacer ejercicio regularmente, comer de forma equilibrada y evitar el consumo de alcohol y otros hábitos nocivos para el organismo. (I)

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