En el mundo hay enfermedades recurrentes que registran un aumento en los contagios en distintas etapas del año, una de las más conocidas es la gripe.

Actualmente el mundo aún se encuentra viviendo la pandemia del COVID-19 ocasionada por el virus SARS-CoV-2 que se transmite por el aire a través de la inhalación de gotas emanadas por una persona infectada. Una de las vías que se ha encontrado para contener el aumento de contagios es el emprender campañas de vacunación. Sin embargo, esta no ha impedido los contagios de los vacunados, pero sí ha reducido la mortalidad por la enfermedad.

El resfriado es una enfermedad estacional que generalmente tiene un incremento en días fríos que es producida por diversos virus, principalmente rinovirus. En el caso de la gripe esta es causada por el virus de la influenza, que puede derivar en complicaciones como bronquitis, neumonía, entre otros.

Para esta última anualmente se vacuna a las personas para que no desarrollen sintomatología grave por influenza que empeore situaciones crónicas preexistente. Como se ha aprendido con el COVID-19, los virus mutan a medida que se van dando los contagios las cuales la mayoría no son cambios relevantes mientras que en raras ocasiones aumentan su resistencia a fármacos para su combate y hasta la transmisibilidad.

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José María Cots, de la Sociedad Española de Médicos de Familia, indicó en Infosalus que la razón para que las personas recaigan en catarros es debido a que adquieren diferentes virus en los distintos tiempos en que se presenta la enfermedad; además precisó que para el resfriado no hay vacuna por lo que en una primera instancia puede presentar influenza y en otro momento un resfriado.

En el caso de la vacuna de la influenza, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos explican que una de las razones por las que las personas aún se pueden enfermar es que hayan estado expuestos a un virus de la influenza diferente de los virus contra los que se diseñó la vacuna. Además de haberse contagiado antes de la vacunación y no le dejó al cuerpo desarrollar la protección por vacuna.

El sistema inmunitario es otro de los aspectos que determina la frecuencia que se puede dar un cuadro gripal ya que este se puede pasar inadvertido o tener congestión nasal, tos, dolor de cabeza.

Laura Haynes, experta en inmunología de la universidad de Connecticut, señaló al sitio The Conversation que resulta interesante comprobar que muchas de las defensas de nuestro cuerpo encargadas de atacar al virus son también las causantes de muchos de los síntomas asociados a la gripe.

La inmunóloga explica que la gripe provoca una infección en el tracto respiratorio, o lo que es lo mismo, en la nariz, la garganta y los pulmones. “El virus se inhala o transmite habitualmente por medio de los dedos, las membranas mucosas de la boca, la nariz o los ojos. Después de superar el tracto respiratorio, se une a las células epiteliales que recubren las vías respiratorias del pulmón por medio de moléculas propias de la superficie celular. Una vez que se encuentra dentro de las células, el virus “secuestra” el sistema de producción de proteínas para generar sus propias proteínas víricas y crear más partículas infectadas. Cuando las partículas que contienen el virus alcanzan su punto álgido son liberadas y pueden invadir las células adyacentes”.

La mayoría de los síntomas de la gripe son causados por la respuesta inmunitaria al virus. Por ello, recuerde no preocupartse mucho si se siente mal cuando tiene gripe. Eso significa que su cuerpo está combatiendo la propagación del virus en sus pulmones matando a las células infectadas y luchando con mucha fuerza. (I)