Las enfermedades cardiovasculares (ECV) agrupan afecciones del corazón y los vasos sanguíneos, como el infarto agudo de miocardio, los accidentes cerebrovasculares y la hipertensión arterial, y continúan siendo la principal causa de muerte a nivel mundial.

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2025, estas enfermedades provocan cerca de 19,8 millones de muertes al año, equivalentes al 32 % de la mortalidad global, siendo los infartos y los accidentes cerebrovasculares responsables de aproximadamente el 85 % de los casos.

En Ecuador, las ECV constituyen una prioridad sanitaria y se mantienen entre las principales causas de muerte, según el Registro Estadístico de Defunciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) para el periodo 2024-2025.

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En los primeros meses de 2025, las muertes por infarto ya superan a las registradas en el mismo periodo de 2024, lo que confirma la persistencia de estas patologías como una de las principales causas de fallecimiento a nivel nacional.

Ante esta realidad, Carla Cevallos, doctora y jefe de Seguridad, Salud y Ambiente de Laboratorios Bagó, destaca que el cuidado debe empezar mucho antes de que aparezca cualquier síntoma:

“Las enfermedades del corazón se desarrollan de manera silenciosa. Muchas veces, las señales aparecen cuando el daño ya es profundo. Promover una cultura de autocuidado, hábitos sanos y chequeos médicos no es solo una recomendación, es la diferencia entre una vida saludable y una enfermedad crónica”, explica la especialista.

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Carla Cevallos, magister en Seguridad y Prevención de Riesgos del Trabajo. Foto: Cortesía.

Recomendaciones para un corazón más sano

Profesionales de la salud recomiendan integrar las siguientes prácticas en la vida diaria para cuidar la salud cardiovascular:

  • Control regular de la presión arterial y glucosa: Realizar mediciones periódicas de presión arterial y niveles de glucosa permite identificar riesgos tempranos.
  • Adopción de una dieta saludable: Reducir el consumo de sal, azúcares y grasas saturadas; incrementar frutas, verduras, legumbres y granos integrales ayuda a mantener niveles óptimos de colesterol y presión arterial.
  • Actividad física regular: Un mínimo de 150 minutos de ejercicio moderado por semana, como caminar a paso rápido fortalece el sistema cardiovascular, contribuye al control del peso y mejora la sensibilidad a la insulina.
  • Evitar el tabaco y consumo de alcohol: El tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol incrementan significativamente el riesgo de enfermedad coronaria y stroke.
  • Gestión del estrés y sueño adecuado: Factores psicosociales como el estrés crónico y el sueño insuficiente pueden alterar la presión arterial y favorecer malos hábitos alimentarios o consumo de sustancias nocivas.
  • Evaluación profesional periódica: La consulta médica anual permite ajustar tratamientos, evaluar nuevos riesgos y reforzar hábitos saludables. (I)