Si tuviéramos que describir al hígado por sus funciones se lo debería hacer pensando en un laboratorio. Un pequeño laboratorio en nuestro cuerpo.

Este órgano, que está situado en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, “regula la mayor parte de los niveles químicos de la sangre y excreta un producto llamado bilis, que ayuda a descomponer las grasas y las prepara para su posterior digestión y absorción”, refiere el portal especializado en salud Stanford Children’s Health.

El hígado también procesa la sangre, separa sus componentes, los equilibra y crea los nutrientes para que el cuerpo los utilice. Metaboliza los medicamentos presentes en la sangre para que sean más fáciles de utilizar por el cuerpo, se añade.

Estas y otras funciones ocurren con normalidad cuando el órgano se encuentra sano. No obstante, médicos advierten a la ciudadanía que no debe confiarse ante la aparente inexistencia de síntomas, ya que los problemas que se generan en el hígado pueden considerarse como silenciosos.

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“El hígado se inflama silenciosamente y se daña silenciosamente. La inflamación, la fibrosis y cirrosis es un proceso largo, de muchos años, pero silencioso”, indica el hepatólogo Roberto Calderón, quien tiene su oficina en el Omnihospital.

El especialista comenta que entre la población se tiene la idea errada de que el único detonante de los problemas hepáticos es aquel conocido como ‘hígado graso’, por la ingesta de comida grasosa, cuando hay comidas y bebidas que pese a no ser grasosas se transforman en grasa durante su procesamiento natural en el organismo.

“Más del 90 % de la población tiene hígado graso. Esa no es una sorpresa. La gente cree que para no tener hígado graso no tiene que comer grasas. No. No tiene que comer harina, carbohidratos, más la grasa, se forman los famosos triglicéridos que son los que se acumulan en el hígado y hacen el hígado graso. La dieta debe de ser completa, es decir, bajar grasa y bajar harina”, detalla Calderón.

Esa advertencia también está dirigida a personas con problemas metabólicos, como el caso de aquellas que son diabéticas, cuyo organismo no procesa bien el azúcar. “Y tienen una resistencia a la insulina. Esa resistencia a la insulina también influye para inflamar el hígado. No es nada raro encontrar un paciente diabético con una esteatohepatitis, que es el hígado graso e inflamado”.

El consumo en exceso de bebidas alcohólicas, ciertos medicamentos, los virus de la hepatitis y ciertas enfermedades tumorales también puede desencadenar esos problemas hepáticos de inflamación, de fribrosis (endurecimiento) o cirrosis.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay 257 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B.

Esa última dolencia en su etapa que causa una grave insuficiencia hepática y otros problemas graves del hígado causaron la muerte de 2.314 personas en el país, durante el 2020, según los registros del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) sobre las principales causas de muerte en Ecuador.

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Cinco consejos para limpiar el hígado y mantenerlo sano

Si bien la mayoría de problemas hepáticos puede remediarse con tratamientos médicos, hay casos en que su avance deja casi sin opciones a los pacientes.

“El hígado es un órgano que se regenera y que va regenerándose, pero dependiendo si el daño es tan severo, ese proceso de regeneración y recuperación ya no es posible. Esos pacientes que llegan con insuficiencia hepática son beneficiarios o candidatos de un trasplante”, explica Winston Jaramillo, coordinador Hospitalario de Trasplantes del Hospital Luis Vernaza.

En el último semestre, la Unidad de Trasplantes de esa casa de salud ha realizado tres operativos para trasplantar ese órgano.

“El hígado solo puede tolerar hasta 16 horas fuera del cuerpo del donante. Una vez seleccionado el receptor procedemos a hacer la cirugía de ablación (extracción) que tiene una duración de dos horas, en la cual se extrae el órgano del donante, es preservado y transportado para el trasplante. Posterior a eso tenemos al receptor listo, se lo sube al quirófano y se evalúan las condiciones del órgano. Simultáneamente, otro equipo retira el hígado enfermo. Luego se procede con la colocación del hígado del donante”, detalla Jaramillo. Ese último procedimiento en el que se conectan vasos, venas y vías biliares toma unas cuatro horas.

Un hombre de 24 años y una mujer de 62 fueron los pacientes que recibieron un trasplante de riñón e hígado, respectivamente, semanas atrás, en el Hospital Luis Vernaza. Cortesía.

El trasplante de este órgano se lo hace bajo una valoración del paciente, para identificar si es el momento adecuado para hacerlo, dependiendo de las condiciones de salud de la persona, refiere el especialista, quien recomienda a la ciudadanía que se realice chequeos periódicos para detectar posibles problemas, de forma oportuna.

Ejercicios que ayudan a aliviar el hígado graso

En la valoración inicial, el médico pide al paciente que se realice un examen de sangre con el que se puede conocer el nivel de las enzimas hepáticas. Si el nivel se encuentra elevado es un signo de que algo pasa con el hígado y el galeno decidirá cuál será el tratamiento o el siguiente paso para profundizar el estudio. (I)