M. Sc. Martha Belén Ortiz Celi

Nutricionista clínica /Chef en Gastronomía Nutricional

La relación existente entre diabetes mellitus de tipo 2 (DM2) y obesidad ha propuesto la aparición del término “diabesidad”. Esta constituye actualmente la epidemia del siglo XXI, por lo que es necesario alertar a la población para evitar que las cifras de las personas que la padecen aumenten, ya que es un problema de salud pública en auge producto de la sobrealimentación, el sedentarismo, que afecta la calidad y expectativa de vida de las personas, de manera que es preciso reducir el peso corporal o evitar su incremento, pues se ha demostrado que el tratamiento no farmacológico como potenciar la nutrición de las personas es más efectivo para conservar la salud.

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La asociación de ganancia de peso con la aparición de diabetes y, por otra parte, la pérdida del 10 % del peso corporal puede lograr la remisión de la hiperglucemia (glucosa elevada); son ejemplos claros de la relación existente entre obesidad y diabetes.

El sobrepeso y la obesidad pueden ser consecuencia de un desequilibrio entre las calorías consumidas y las calorías gastadas. A escala mundial, las personas cada vez consumen alimentos y bebidas más calóricos con alto contenido en azúcares y grasas y tienen una actividad física más reducida.

La obesidad específicamente a nivel visceral es la causa principal de resistencia a la insulina y condiciona un estado de hiperglucemia; paso que antecede a la DM2, cuyo riesgo de padecerla aumentará en proporción directa con la magnitud del sobrepeso y se relaciona con el incremento central de los depósitos de grasa en el cuerpo.

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Actuar sobre el estrés mental, la cronodisrupción, los trastornos psiquiátricos, incluso sobre el ambiente obesogénico que nos rodea, entre otros factores, es clave para reducir su prevalencia. La personalización del abordaje nutricional facilitará el éxito a largo plazo. La intervención psicológica es fundamental en muchos casos, dada la relación bilateral entre ansiedad y depresión con diabesidad.

La cronodisrupción (una alteración del considerado ritmo circadiano normal) afecta el metabolismo del tejido adiposo y modifica la secreción de hormonas relacionadas con el balance energético, lo que termina por provocar un aumento de peso. Un patrón de sueño alterado, los horarios de las ingestas irregulares o el trabajo nocturno se traducen en mayor prevalencia de obesidad.

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Dentro del perfil nutricional esperado debemos considerar introducir una alimentación de tipo pesco-mediterránea, la cual incluye una alta proporción de alimentos de mar, grasas saludables como el aceite de oliva extra virgen, alta proporción de ingesta calórica de alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, frutos secos, legumbres y cereales), un consumo moderado de productos lácteos y una ingesta baja de carnes rojas y preferiblemente orgánicas.

Aunque es razonable considerar otras formas de alimentación que contienen parte de los mismos elementos, al momento la más estudiada con resultados positivos es la dieta mediterránea y sus variaciones pesco-mediterráneas. De igual forma, se recuerda que no existe una única dieta para la diabetes o la obesidad, partiendo de principios nutricionales puede ser individualizada y estar basada en los objetivos terapéuticos, adaptando las recomendaciones dietéticas al estilo de vida del paciente.

Los factores que aumentan el riesgo de tener diabesidad son:

  • Mala alimentación. Comer grasas saturadas y trans en exceso más del 10 % del requerimiento total, por ejemplo, productos ultraprocesados como embutidos, galletas, panes de molde, cereal de caja, snacks salados etc., puede elevar el nivel de triglicéridos y colesterol malo. Contienen ingredientes artificiales y aditivos para mejorar su sabor, textura, apariencia y durabilidad.
  • Obesidad. Tener un índice de masa corporal mayor a 30 aumentará el riesgo de tener diabesidad, existen modernas tecnologías que permiten conocer la composición con mayor precisión.
  • Sedentarismo. La falta de ejercicio planificado es una condicionante para desarrollar obesidad sarcopénica, mientras más grasa y menos músculo, menor calidad de vida.
  • Tabaquismo y alcohol. Fumar cigarrillos daña las paredes de los vasos sanguíneos y los hace más propensos a acumular depósitos de grasa.
  • Padecer prediabetes. Un nivel alto de azúcar en sangre por encima de 100mg/dl hasta 125mg/dl contribuye además a dañar el revestimiento de las arterias y padecer hígado graso.

La prevención para evitar llegar a tener obesidad y diabetes incluye:

  • Seguir una alimentación con énfasis en el consumo de frutas en su estado natural y vegetales en ensaladas a diario.
  • Consumir grasas saludables en sus preparaciones como aceite de oliva, aguacate, nueces, ajonjolí, etc.
  • Realizar actividad física con ejercicios de fuerza y resistencia.
  • Dormir por la noche en horario regular a partir de las 10:00 p. m. máximo.
  • No fumar, evitar el alcohol y drogas.
  • Controlar el estrés y hambre emocional a través de seguimiento nutricional y psicológico.

Todos los países del mundo están afectados por una o más formas de malnutrición. Combatir todas las formas de malnutrición es uno de los mayores problemas sanitarios a escala mundial. Por su parte, la malnutrición aumenta los costos de la atención de salud, reduce la productividad y frena el crecimiento económico, lo que puede perpetuar el ciclo de pobreza y mala calidad de salud.

Miembro de la Asociación de Nutricionistas del Guayas

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