Aunque la vacunación contra el COVID-19 se masifica en el mundo con el objetivo de combatir la pandemia, que ha cobrado la vida de más de 4,5 millones de personas a nivel mundial, según el último recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, las mascarillas siguen siendo un escudo para salir a cualquier lugar, y los estudiantes deben aferrarse a esta y otras medidas de bioseguridad con el retorno a clases presenciales.

El nuevo ciclo de educación se inició el miércoles pasado en Ecuador, en la Sierra y Amazonía, y eso obliga a los padres e hijos a adoptar una rutina de prevención después de más de un año de teleaprendizaje. No solo la nivelación de las asignaturas será un desafío para las familias, pues también se suma la búsqueda de una mascarilla apropiada y otros cuidados diarios para los menores de edad.

Existen varios tipos de mascarillas, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste, a través de sus comunicados, la importancia de utilizar un cubrebocas adecuado, alcohol y el lavado de manos.

La urgencióloga pediatra Natali Rubio recomienda a las familias el uso de mascarillas quirúrgicas o N95, ya que los chicos van a estar en un lugar cerrado y estas tienen un mayor grado de protección en relación con prendas de otros materiales (se deben desechar en el tiempo indicado, según las instrucciones del fabricante).

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“Donde probablemente no se podrán guardar las distancias correspondientes. Por ello tienen que utilizar una mascarilla que realmente establezca una barrera contra gérmenes como tal”, indica la doctora Rubio a EL UNIVERSO.

¿Mascarillas de tela?

Si en el hogar se ha decidido el uso de mascarillas de tela común, por motivos económicos o ecológicos, la pediatra Andrea Betancourt sugiere que se tengan en cuenta las indicaciones de la OMS.

“Indica el uso de mascarillas de tela, cuya estructura debe tener varias capas de material lavable y debe de ajustarse bien a la boca y nariz del paciente, sin dejar huecos a los lados de la cara. Se deben evitar mascarillas de tela que no permitan respirar o con válvulas que puedan propiciar el paso de partículas virales”, señala.

En el apartado Preguntas y respuestas sobre la COVID-19 y las mascarillas, del portal web de la OMS, se detalla lo siguiente:

Las mascarillas de tela deben confeccionarse con tres capas de ese material:

  • Una capa interna de material absorbente, como el algodón.
  • Una capa intermedia de material no absorbente y que no esté tejido, como el polipropileno.
  • Una capa exterior de material no absorbente, como el poliéster o una mezcla que contenga poliéster.

“Si compra una mascarilla de tela en una tienda, compruebe que cumple las normas nacionales de desempeño”, advierte la organización internacional.

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La doctora Rubio agrega que los padres de familia deben destinar un momento del día a enseñar a sus hijos sobre el correcto uso de la mascarilla, clave para evitar filtraciones y potenciales contagios

“Es muy importante el entrenamiento de los niños para que puedan seguir estas recomendaciones. Las mascarillas deben de estar ajustadas al rostro”, enfatiza.

Ficha gráfica sobre el uso de mascarilla. Crédito: OMS.

Si se considera el uso de otros dispositivos de protección, la doctora Betancourt aclara que deben ser complementarios a la mascarilla y no alternativas del cubrebocas: “Otros implementos como los visores no han demostrado efectividad como único elemento de bioseguridad”.

En septiembre se vacunará contra el coronavirus a adolescentes de 12 a 15 años en Ecuador (y otras noticias en un resumen para comenzar la jornada)

Comunicación como herramienta de prevención

“Se debe de tener una comunicación permanente y bilateral con los padres, hijos y maestros. Si su hijo presenta síntomas, ya sea tos, fiebre, dificultad respiratoria o ha tenido un contacto sospechoso no solo dentro de la escuela sino con la familia, pues deben comunicar, ya que en el contexto de pandemia ya no nos podemos confiar de que esto sea una simple gripe”, apunta la pediatra Natali Rubio.

En esos casos, su colega, la doctora Betancourt, aconseja que no se envíe al menor a la escuela o colegio. “Para poder limitar el contagio con el COVID-19 o con otros procesos infecciosos presentes en los niños, estos deben quedarse en casa y no ir a la escuela ni participar en otras actividades si tienen cualquier signo de enfermedad, o fiebre. Se debe vigilar la evolución de los síntomas y acudir al médico ante cualquier duda”, detalla Betancourt.

Las dos especialistas refieren la importancia de tener claros los síntomas del COVID-19: fiebre, dolor de cabeza, tos, dolor de estómago, entre otros. Y, en caso de sospechas, aconsejan que se le realice una prueba al menor.

Un aliado natural

Las frutas y los vegetales son esenciales en una lonchera escolar. Imagen: Pexels

Según el portal web de Mayo Clinic (organización especializada en salud): “Los síntomas de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) pueden variar ampliamente. Algunas personas no presentan ningún síntoma, mientras que otras se enferman tanto que, a la larga, necesitan asistencia mecánica para respirar”.

La gravedad de los síntomas está ligada con problemas de salud preexistentes o condiciones propias de la persona, como edad avanzada, enfermedades cardiacas o respiratorias, por ejemplo, según estudios científicos.

La obesidad es otro de los problemas que podrían complicar un cuadro de COVID-19. El doctor Milton Chang Man Ging, jefe de Infectología del Hospital Luis Vernaza, explica que esa condición desequilibra el sistema inmunológico.

“El sobrepeso altera las proteínas, los lípidos. Y todo eso interfiere en la acción o en el efecto de ciertos anticuerpos. Entonces, se debe señalar que se puede evitar eso al tener una dieta balanceada, que permita que el sistema inmune trabaje adecuadamente”, señala el galeno.

“Una buena alimentación es suficiente. No existe medicación que esté descubierta o que tenga la función de elevar las defensas. Lo único que tiene que hacer una persona cuando quiere mejorar sus defensas es alimentarse bien, comer sano, una dieta balanceada, con proteínas, sin muchos carbohidratos, sin mucho dulce. Mucho dulce produce el sobrepeso, obesidad”.

En ese sentido, el doctor Milton Chang aprovecha el contexto pandémico y del retorno a clases presenciales para invitar a los padres de familia a que dejen de dar a sus hijos los conocidos snacks para el recreo: “Son una golosina, no un alimento. Los padres que trabajan o por necesidad económica se ven obligados a utilizar estas golosinas para enviarles algo a los chicos porque no pueden hacerles algo más nutritivo”, explica. El especialista sugiere como alternativa las frutas. (I)