En primer lugar, hasta ahora, no hay un recurso mejor y más eficaz contra el COVID-19 que la vacunación. Solo las vacunas pueden prevenir o mitigar en gran medida los cursos graves de la enfermedad. Y sería mejor si el tratamiento y la terapia de cuidados intensivos para COVID-19 pudieran evitarse desde el principio.

Pero aún no hemos llegado a ese punto. En todo el mundo se han administrado ya cinco mil millones de dosis de vacunas, principalmente en los países industrializados más ricos. Pero con las dos vacunas necesarias, eso solo cubre un tercio de la humanidad.

Y casi 650 mil personas siguen infectándose cada día. Alrededor del cinco por ciento de ellos necesitan tratamiento médico intensivo y casi 10 mil mueren cada día con o a causa del COVID-19 hasta la fecha.

La ciencia ha aprendido mucho en el último año y medio. Las sociedades médicas alemanas más importantes han elaborado en conjunto una directriz que ofrece una visión general de los métodos de tratamiento y los medicamentos más importantes con recomendaciones para el tratamiento hospitalario de pacientes con COVID-19. ¿Cuáles son?

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¿En qué momento se debe hospitalizar?

La hospitalización es necesaria cuando los pacientes tienen problemas respiratorios graves. En el caso de las personas mayores o con determinadas enfermedades preexistentes, el médico ordenará el ingreso antes que en el caso de los pacientes jóvenes y sanos. Pero, en última instancia, la frecuencia respiratoria y la saturación de oxígeno (inferior al 90 por ciento) son los factores decisivos.

Los pacientes deben ser ingresados en la unidad de cuidados intensivos cuando los pulmones ya no son capaces de transportar suficiente oxígeno a la sangre, es decir, se produce una “insuficiencia respiratoria hipoxémica”. En este caso, los pacientes suelen presentar una falta de aire aguda y una frecuencia respiratoria de 25 a 30 respiraciones por minuto.

Al hacerlo, ya no logran exhalar correctamente. El aire fresco ya no puede llegar a las partes más profundas de los pulmones. Esto significa que ya no pueden ventilar los pulmones adecuadamente, y corren el riesgo de sufrir una insuficiencia pulmonar aguda.

Oxígeno o ventilación

En esta situación, los médicos ya pueden detectar los daños en los pulmones y también las embolias pulmonares mediante procedimientos de imagen. Y es posible que los pacientes ya padezcan una sepsis.

En ese momento se trata de salvar vidas. Los pacientes deben recibir oxígeno de forma que este aún pueda llegar a la sangre a pesar del daño pulmonar.

Por ello, los pacientes necesitan de ventiladores mecánicos: idealmente primero a través de un tubo nasal o una máscara y solo de forma invasiva en los casos graves. Es decir, introduciendo un tubo a través de la boca hasta la tráquea. Se ha demostrado que las posibilidades de sobrevivir aumentan si los pacientes se acuestan boca abajo durante períodos de tiempo prolongados.

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Este martes se publica un ensayo clínico internacional hecho en 42 hospitales de seis países, dos de ellos españoles -Vall d'Hebron y Hospital del Mar-, que ha demostrado que poner a los pacientes no intubados con COVID-19 grave en posición decúbito prono, es decir, boca abajo, mejora su pronóstico y reduce la necesidad de intubación y la mortalidad. EFE/Quique García Foto: EFE

Anticoagulantes, corticosteroides e inmunosupresores

Como ayuda, los médicos administran a los pacientes el anticoagulante heparina -si lo toleran- para reducir el riesgo de trombosis. Además, se administra el corticoide dexametasona o, en casos justificados, el glucocorticoide hidrocortisona. Esta terapia pretende tener un efecto inmunomodulador, es decir, contrarrestar la inflamación.

Sin embargo, los corticosteroides no significan una cura milagrosa en el tratamiento de los pacientes de cuidados intensivos. Según grandes estudios, la mortalidad de los pacientes con ventilación mecánica solo se redujo entre un 3 y un 12%, lo que es mejor que nada. Y, lo que es más importante: los medicamentos son fáciles de conseguir y los pacientes generalmente los toleran bien.

Además de la dexametasona, los médicos también pueden administrar en combinación el medicamento tocilizumab. Se trata de un anticuerpo monoclonal que actúa como inmunosupresor. Aunque los estudios solo han mostrado un pequeño efecto del fármaco, podría ayudar a evitar lo peor en los pacientes dependientes de oxígeno cuyo estado continúa deteriorándose.

Sin embargo, los médicos no deben utilizarlo si los pacientes ya están recibiendo ventilación mecánica. También se ha descartado para los pacientes que necesitan poco o nada de oxígeno. (I)