Una piel muy clara expuesta constantemente al sol está en riesgo, pero mucho más si tiene un factor hereditario para cáncer de piel, y la persona no lo sabe.

Un estudio dirigido por los dermatólogos Joshua Arbesman (Cleveland Clinic) y Pauline Funchain (Stanford Medicine) sugiere que uno de cada siete (o el 15 %) de los casos de cáncer de piel está asociado con la genética, según bases de datos estadounidenses y de otros países.

Los resultados, publicados en Journal of the American Academy of Dermatology, indican que el de piel podría ser uno de los cánceres más heredables, si no el más heredable.

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Revisar los lunares es la principal recomendación para detectar a tiempo el cáncer de piel

El estudio apoya la creciente teoría de que la exposición al sol y el bronceado artificial no son los únicos factores que influyen en el riesgo de cáncer de piel.

Aunque proteger la piel de los rayos UV sigue siendo crucial, comprender el riesgo genético podría ser igual de importante. Esta investigación es importante porque el melanoma, el cáncer de piel más mortal, es el tipo de cáncer más común en los Estados Unidos, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

La fotoprotección es para todos los tipos de piel, no solo para los fototipos más claros. Foto: Shutterstock

Según un perfil epidemiológico del cáncer de piel en Ecuador, realizado por investigadores de la Universidad Central y la Pontificia Universidad Católica, esta enfermedad ocupó el segundo lugar en frecuencia de patologías oncológicas en hombres y el tercero en mujeres entre 2006 y 2015 (revista médica Vozandes, 2023).

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El melanoma, el tipo de cáncer más agresivo, tiene un factor hereditario

“Los cánceres hereditarios pueden causar estragos en las familias y dejar devastación a su paso. Las pruebas genéticas nos permiten identificar, examinar e incluso tratar proactivamente a estas familias para equiparlas con las herramientas que necesitan para recibir la mejor atención médica posible”, dice el Dr. Arbesman. “Recomendaría a los médicos y a las compañías de seguros que amplíen sus criterios cuando se trata de ofrecer pruebas genéticas a individuos con antecedentes familiares de melanoma, porque la predisposición hereditaria no es tan rara como pensamos”.

La doctora Cristina Sierra, patóloga clínica de Mega Labs, informa que los diagnósticos de cáncer de piel en Ecuador se han incrementado en las últimas dos décadas. “Desafortunadamente, no contamos con datos epidemiológicos por parte de las instituciones de salud pública, sin embargo, tenemos como referencia las cifras del Registro Nacional de Tumores que maneja Solca Quito y que involucra del año 2011 al 2015. Se puede observar que 30.000 pacientes anuales son diagnosticados con diferentes cánceres de piel, sin embargo, tenemos un vacío de información de cerca de diez años, y esto puede haber cambiado de manera drástica”.

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Hay tres tipos de cáncer de piel: el carcinoma basocelular, el espinal o escamoso y el melanoma; de ellos, el primero es el más común y se da en la población a partir de los 55 años de edad; el melanoma es menos frecuente y obedece a un factor hereditario, mayormente en personas con un fototipo de piel muy clara que se ha expuesto al sol en forma excesiva. Es también el más agresivo y el que mayor cantidad de muertes causa.

¿Cómo se hace el diagnóstico de cáncer de piel?

  • El especialista examina al paciente con el test ABCD, en el que evalúa asimetría, bordes, contornos y color de la lesión. Con eso se hace un diagnóstico presuntivo, que se confirma o descarta mediante una biopsia hecha por el médico anatomopatólogo.
  • En términos generales, el melanoma suele ser de coloración negruzca o marrón intensa, con bordes irregulares y de crecimiento rápido, situaciones que no ocurren en un cáncer basocelular.
  • El tipo escamoso es mucho menos frecuente, es extenso, no forma crecimientos redondos como el basocelular ni tampoco tiene la coloración del melanoma.
  • Para ir a la revisión médica, Sierra pide tener conciencia de la periodicidad y tiempo de exposición a los rayos solares, y fijarse en la aparición de lunares nuevos o manchas que crecen aceleradamente o se multiplican.

“Evitemos la exposición solar entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, y si por alguna situación laboral estamos recibiendo radiación solar, tengamos más atención de vigilar la piel o de hacer un chequeo al menos una vez al año”. El uso del fotoprotector solar no debe ser exclusivo para la piscina o la playa, sino un hábito diario para crear una barrera protectora, independientemente del tipo de piel.

Preste especial atención al área de los ojos y la boca, donde aparecen las primeras señales de envejecimiento por exposición solar, que se manifiesta como enrojecimiento. Esto va seguido de la aparición de líneas de expresión, surcos, arrugas o hiperpigmentación (pecas) en los párpados superiores, inferiores o alrededor de los labios. “Hay un órgano que olvidamos y que tiene gran implicancia, las orejas. Casi nunca nos preocupamos de verlas, pero están todo el tiempo expuestas. Un sombrero nos cubriría no solo el rostro, sino también las orejas”. (I)