Los betaglucanos son, básicamente, carbohidratos complejos que están en la pared celular de ciertas bacterias y hongos. Y serían los responsables de que ciertas setas que los contienen, por ejemplo, hayan adquirido fama de ser curativas y estimulantes del sistema inmune.

Estas sustancias aumentan la respuesta inmune del huésped (en este caso, del humano), al activar ciertas células como los macrófagos y ciertos linfocitos (también llamados NK o asesinos naturales), para que cumplan con sus funciones. Y están en observación por sus propiedades oncológicas, entre otras.

Hongo reishi o pipa, rico en betaglucanos. Foto: El Universo

El confinamiento ha agravado problemas como el sedentarismo y la ansiedad, explica el médico internista y vocero de Immunotix Carlos Nieto Ramos. “Esos factores bloquean el sistema inmunológico”. Y entonces ocurre algo curioso. Aunque en los exámenes de laboratorio resulte que usted tenga un número adecuado de glóbulos blancos, no están activados. “A esto las personas le llaman tener las defensas bajas”.

Otro pensamiento común es que nuestros abuelos tenían mejor salud que nuestros padres y que nosotros. No se trata de que ellos tuvieran mayor número de glóbulos blancos. Es que su alimentación era distinta. “La dieta actual, con calorías vacías, no aporta a activar el sistema inmunológico”, especifica Nieto. Dentro de este grupo de alimentos están algunos cuyo consumo ha disminuido, como la cebada y la avena, así como la levadura de panadería y los hongos.

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Los betaglucanos vienen a ser modificadores de la respuesta biológica. Estimulan a un grupo particular de glóbulos blancos, los macrófagos, especializados en detectar, ingerir y destruir organismos como las bacterias, así como proveer de antígenos a otras células.

Los linfocitos NK o células asesinas naturales eliminan microorganismos nocivos y evitan la propagación de céulas cancerosas. Foto: El Universo

¿Es cierto que los betaglucanos podrían ayudar a prevenir el crecimiento de células cancerosas? El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos indica que hay una buena relación entre la cantidad adecuada de betaglucanos y la activación de los linfocitos o células NK (natural killers) capaces de percibir células precancerosas o en fase inicial. Nieto aclara que no evitan que aparezcan, pero sí actúan ante cualquier tipo de cambio para detenerlo.

“Lo que pasa con los pacientes de cáncer es que durante años han pasado por varios tipos de cambios que no han sido identificados por un sistema inmunológico que no estaba en buenas condiciones, y las células cancerosas siguieron creciendo”.

El cerebro, el intestino y el metabolismo

Entre los probióticos del intestino humano se destaca la levadura Saccharomyces cerevisiae o levadura de cerveza, utilizada en la fabricación de pan, cerveza y vino, y que está en cereales como la avena y la cebada. Esta levadura también contiene el componente betaglucano, que está en la mira por reducir las concentraciones de glucosa en sangre y la hiperlipidemia, por lo que se lo estudia como una opción para tratar la diabetes.

Nieto menciona, además, un problema frecuente en la actualidad, el síndrome del intestino irritable o colitis. “Es una alteración en la producción de serotonina en el intestino, el segundo cerebro que tenemos. Cuando el paciente tiene estrés, cansancio físico, cansancio mental, se disminuye la serotonina, se altera la flora intestinal, los alimentos se fermentan, y el movimiento intestinal se vuelve inadecuado”. La conexión cerebro-intestinal, resume el médico, es de muy cortas distancias.

El kéfir o yogur búlgaro combina bacterias probióticas, levaduras, lípidos y proteínas. Foto: El Universo

Los cambios en el intestino se reflejan en la respuesta inmunológica. En el intestino delgado están las placas de Peyer, donde se alojan varios grupos de macrófagos que reaccionan en cadena, destruyendo bacterias y otros microorganismos que hayan podido llegar hasta allí. “Hay una estrecha relación entre lo que pensamos, comemos y activamos”, resume el médico.

Nieto dice que es recomendable tomar probióticos como un estímulo, cuando hay una buena alimentación y estilo de vida saludable. “Pero cuando tengo un paciente con completa alteración, tiene obesidad, es sedentario, fuma, es mejor darle un simbiótico, para regenerar y repoblar la microbiota intestinal”. (I)