*Respuestas de María Fernanda Man-Ging, psicóloga clínica, Instagram: psic.mfmanging.

¿Cuán frecuente es detectado este trastorno y en qué rango de edades?

La prevalencia de este trastorno varía entre países y culturas, pero generalmente es baja. En lugares donde se han realizado estudios estadísticos (Estados Unidos, Canadá y algunos sectores de Europa) está presente en el 1%-1,5% de la población general, de forma transitoria o crónica, en personas predispuestas a la disociación que sufrieron gran estrés o trauma en la infancia. Puede detectarse en cualquier edad, aunque su inicio suele ser en edades tempranas cuando la identidad personal todavía se está construyendo. De ahí que sea atípico encontrar un caso de trastorno de identidad disociativo (TID) con inicio en la edad adulta.

¿Qué causa este trastorno en quien lo padece?

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Aparece como una reacción a la experiencia traumática temprana, tal es el caso de haber sufrido negligencia, maltrato físico, abuso sexual o maltrato psicológico sostenido. Los niños que han sufrido este tipo de abusos pueden emplear la disociación como mecanismo de supervivencia para mantener separadas las percepciones, pensamientos, recuerdos y emociones de sus experiencias vitales. Con el pasar del tiempo, estos niños pueden desarrollar una capacidad cada vez mayor para disociarse del ambiente, replegarse hacia su propia mente o producir una identidad diferente, intentando así dominar, minimizar o tolerar el estrés, incluyendo el conflicto y el aburrimiento.

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Algunas personas con el trastorno pueden no haber sufrido abusos, pero sí una pérdida ocurrida de forma trágica, enfermedad grave u otros eventos de tensión abrumadora, como vivir en entornos domésticos aterradores o contextos muy impredecibles durante la guerra o las catástrofes naturales. También se han descrito casos donde las identidades surgen para cubrir una necesidad o deseo del individuo, existiendo por períodos limitados con propósitos concretos, en los que se ha descartado simulación.

Marc Spector y Steve Grant son las dos identidades del protagonista. Foto: Photo courtesy of Marvel Studios.

¿Qué efectos provoca en su vida personal y laboral y cómo puede ser percibido por sus allegados?

El TID suele ser incapacitante, ya que afecta la memoria autobiográfica, la percepción, la conciencia y el control de la voluntad. Cada identidad o estado de la personalidad tiene su propio patrón de experiencia, motricidad y percepción, relacionándose de manera particular con el yo, el cuerpo y el entorno. Si bien algunos síntomas pueden remitir espontáneamente y muchas personas logran ser productivas y funcionales, el trastorno no se resuelve por sí solo y tiende a cronificarse, especialmente en entornos desfavorables y ausencia de redes de apoyo.

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En nuestra sociedad todavía existe prejuicio y desconocimiento en relación a la salud mental. Los síntomas del TID pueden ser mal interpretados o minimizados, confundiéndose con fingimiento, manipulación o lo que culturalmente se describe como estados de posesión. Las reacciones podrían ir desde el miedo hasta el aislamiento y los malos tratos.

Si la propia persona no percibe su condición, ¿cómo llega a ser descubierto? ¿Hay síntomas a los que se pueda estar alerta?

La conciencia sobre los propios síntomas varía según cómo estos se presentan. Hay casos donde una o más identidades disociativas toman el control ejecutivo de forma recurrente y son fácilmente detectadas por los demás (distinta forma de hablar, vestir, escribir, diferentes habilidades, desempeño, recuerdos, roles en relación al trauma), pero no tanto por el individuo afectado, quien presenta episodios de amnesia. Solo los registros, grabaciones, reportes de los demás, y la falta de continuidad en las propias experiencias funcionan como signo de alerta para la persona.

En ciertas ocasiones, el afectado siente una alteración repentina en su sentido de sí mismo, como si tuviera la impresión de que, en lugar de ser el agente de sus propias acciones, percepciones, emociones y pensamientos, fuera un observador.

Otra forma de presentarse el trastorno es cuando hay episodios ocasionales, limitados y transitorios de intrusión disociativa, donde un estado de personalidad distinta asume el control ejecutivo como respuesta a situaciones extremas o relacionadas con el trauma. El afectado siente una alteración repentina en su sentido de sí mismo, como si tuviera la impresión de que, en lugar de ser el agente de sus propias acciones, percepciones, emociones y pensamientos, fuera un observador. Si bien esta forma puede ser menos evidente para los demás, la persona que experimenta estas intrusiones las vive típicamente de manera aversiva.

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Estos síntomas no se explican mejor por otro trastorno y no se deben a los efectos de ninguna sustancia, enfermedad médica o trastorno del sueño.

El trastorno puede aparecer como una reacción a la experiencia traumática temprana, tal es el caso de haber sufrido negligencia, maltrato físico, abuso sexual o maltrato psicológico sostenido.

¿Qué tratamiento recomiendan los especialistas para estos pacientes y con qué propósito?

La psicoterapia es la principal vía para el tratamiento, con el propósito de regular las emociones, reprocesar los recuerdos traumáticos e integrar los estados de personalidad. No todas las personas desean la integración, pues a menudo es emocionalmente doloroso cuando las identidades disociativas están muy definidas o han existido durante muchos años. Es importante recordar que el origen del TID se halla en un mecanismo de supervivencia a experiencias traumáticas y que los síntomas protegen al individuo de aquello que fue excesivamente abrumador cuando estaban en situación de vulnerabilidad.

En su opinión profesional, ¿cuándo diría que un paciente con este trastorno tiene un buen pronóstico? ¿Desaparece esta dualidad?

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El pronóstico depende de múltiples factores, siendo el principal que la persona cuente con una red de apoyo que le brinde seguridad, que comprenda y se involucre en el tratamiento y no replique situaciones de abuso. La separación temprana con el o los agresores también es de buen pronóstico, ya que aumenta las posibilidades de éxito terapéutico. Así mismo, cuando no hay comorbilidad con otro trastorno psicológico, del comportamiento o del desarrollo.

Antes llamado Trastorno de Personalidad Múltiple, su denominación se cambió para enfatizar la existencia de estados de conciencia, más o menos separados, que terminan por convertirse en identidades o fragmentos de identidades alternativas. El TID no se trata de una fragmentación de la personalidad nuclear, aclara la especialista.

¿Qué peligros existen si no se diagnostica correctamente y a tiempo?

En muchas ocasiones, el TID no es tan evidente, especialmente si la persona solo experimenta intrusiones disociativas, o los síntomas acompañan a otros trastornos que requieren atención psiquiátrica, siendo un factor de confusión diagnóstica. El peligro de retrasar el tratamiento adecuado es que se pueden exacerbar los episodios de disociación, aumentar el malestar y disminuir la calidad de vida, ya que los síntomas deterioran significativamente las áreas personales, familiares, sociales, educativas y ocupacionales.

Visto desde el ámbito cultural, ¿es lo que padecen Jekyll y Hyde?

Durante mucho tiempo se vio en la novela El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson, una representación del TID, haciendo énfasis en la diferencia de las características identitarias, formas de relacionarse, percibir y concebir el mundo. Jekyll sería la identidad principal o anfitriona, quien crea una bebida (alegoría de la disociación) capaz de separar aquella parte más maléfica de la persona, en su caso, una identidad alterna llamada Hyde.

Si bien no es incompatible el TID con la psicopatía, tampoco es tan común encontrar esa asociación, a pesar de lo que nos propone la cultura popular. Esta visión solo estigmatiza a quienes presentan el diagnóstico, en su mayoría sobrevivientes de abuso o negligencia en la infancia, cuyas identidades alternas fueron creadas con la sola función de protección y supervivencia a eventos traumáticos.