Uno puede ir a Bandcamp y encontrar los demos con los que surgió la banda Natural Boom, con títulos como Amor y familia, Agua, El Verduras, la Cumbia del ejercicio y el desenfrenado rock Dile no.

Incluso puede ver su propuesta para más grandecitos, con el tema bailable Eso no va pa’dentro y El celular.

Su primera producción, sin embargo, se está perfilando para enganchar a los niños de 6 a 11 años, justo en la etapa escolar, explica el compositor, guitarrista y vocalista Max Jiménez, más conocido en las activaciones en escuelas y comunidades como Charlie Tomate por su tendencia a salir al escenario vestido de rojo.

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En los shows hay música, juego, movimiento, imagen y creación colectiva; se canta, se baila, se ejercita y se pinta también. Los niños y niñas con discapacidad auditiva no se quedan afuera, sino que tienen a su propio artista sobre el escenario, un intérprete de lengua de señas.

En 2025, Natural Boom llevó 6 mediaciones a las parroquias de La Merced, Lloa, Pintag y Cotogchoa, en la provincia de Pichincha. En 2026 su agenda arrancó en la Unidad Educativa Fiscomisional San Jerónimo (Pintag) con la activación ‘Mi voz valiente’ y en la escuela Los Cardenales de Fe y Alegría (Tambillo) y de ahí irá a un centro de Sangolquí, a una unidad educativa especializada para personas sordas, a presentar ‘Historias en acción’.

“Estoy preproduciendo los temas, tengo otras canciones, porque en el camino me di cuenta de que unas funcionan y otras no; la interacción con los chicos es lo más importante”, revela Jiménez desde su domicilio en Quito.

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“Empecé a hacer canciones un poco más juguetonas, más lúdicas, con el fin de tener una interacción activa; el laboratorio in situ con los muchachos cambia toda la perspectiva”.

Sus ayudantes son dos niños de 3 y 4 años que lo ven trabajar todos los días. Pero el músico quería una opinión imparcial. “Mis hijos de alguna forma me pueden hacer caso, pero otros niños a los que ves por primera vez son un público totalmente nuevo”.

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Así llegaron nuevos temas como El rap de la ducha, El murciélago cumbiero (que elabora lo que sucedió en la pandemia de COVID-19 y el confinamiento). Pero Jiménez buscaba algo más. “Natural Boom es para escuchar, pero la idea es que te actives, que seas partícipe. Te invito a jugar, tú reaccionas y nos fuimos. Yo digo: ‘Levanto las manos, me topo los pies, doy media vuelta, regreso otra vez’. Estas acciones han logrado conectar”.

Así que a la vez que salen a cantar, están ampliando el repertorio. “La primera ya está seleccionada, se llama Natural Boom porque es la esencia, de lo que trata la banda”.

¿Quiénes conforman Natural Boom?

Max Jiménez (Charlie Tomate), David Torres (Mr. Brócoli, bajista), Fabricio Pillajo (El Piñas, baterista) y Esteban Morejón (Chico Zanahoria, baterista) son los músicos, identificables por su vestuario.

Jiménez dice que la música infantil es un hilo que le extendió su padre, quien no era músico, pero amaba cantarle a su hijo canciones que no eran ‘las típicas’, sino piezas que él, a su vez, había aprendido en la infancia o que se había inventado. “Yo las vengo cantando y pregunto a todo el mundo: ‘¿Has escuchado?’. No, nadie”.

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No se puede olvidar al quinto integrante (algo así como el quinto Beatle). Es David Pasuel, el intérprete en lengua de señas. “A él le dijimos que busque un nombre que le pueda identificar y dijo: ‘Tommy Naranja. Porque me encuentro en dos mundos, estoy partido por la mitad. De un lado están las personas sordas y en el otro lado las que escuchan. ¿Y por qué estoy en la mitad? Mis padres son sordos y yo escucho. Trato de hacer mi labor hacia ambas partes, los que escuchan y los que no’”.

Max Jiménez, de su experiencia durante más de 20 años en teatro, sabe que el arte se aprende jugando. Así, decidió que las canciones de Natural Boom serían para jugar. Todo esto sabiendo de antemano una verdad: “los niños son un público bastante cruel. Te quedaste o te fuiste de su mente, así de simple”.

Además, la música tiene que evolucionar junto con sus etapas de crecimiento. Lo que funciona en la primera infancia (0 a 5 años) no va a convencer a los escolares (6 a 11 años) y los preadolescentes son historia aparte. Pasados de los 12, los chicos “lastimosamente” ya se volvieron oyentes de otro tipo de música, generalmente para adultos.

Natural Boom quiere que su música quede resonando y acompañe al niño en sus experiencias vitales: los hábitos saludables, el autocuidado, el ejercicio. Y si hay en el catálogo unas cuantas canciones musicalmente más fuertes (rock un poco más pesado), está bien. “Si llegas a los padres, ellos van a poder también ser parte de esto”.

Se definen como un grupo de música alternativa que usa el rock, el reggae, la cumbia, el ska, el funk. Se les aconsejó quedarse en un solo género. Pero ellos quieren diversificar lo que los niños escuchan y no dejar afuera a nadie. “Que los niños puedan tener diferentes sonoridades y explorar también la música alternativa y los diferentes géneros”.

Un ejemplo de cómo opera Natural Boom: este viernes 13 de febrero estuvieron en la parroquia Sangolquí del cantón Rumiñahui, en la escuela Rotary Club Fe y Alegría, con un show musical que terminó en mediación cultural (‘Cuerpo en acción’). Y el 18 y 19 continuarán con las mediaciones ‘Pinto lo que me mueve’ (con la artista plástica Carla Villavicencio) y ‘Mi voz valiente’.

“En ‘Mi voz valiente’ tenemos una amiga que se llama Tammy. Ella hace un trabajo entre el dibujo y la voz, con el fin de que los niños puedan sacar los miedos”, lo cual acompaña el mensaje del rock Ya no tengo miedo.

“Uno de los objetivos que tiene Natural Boom es sacar lo que tú tienes dentro con el fin de que lo pongas en conocimiento ante la autoridad, si es que existe alguna forma de violencia. Nos van pasando algunos casos”, dice Jiménez, quien es abogado y ha escuchado testimonios sobrecogedores. “Respecto de esto, estamos haciendo informes”, que es algo a lo que están facultados y obligados por la ley. “Tenemos que ponerlo en consideración de las autoridades, para que sigan los protocolos según la Ley Orgánica de Educación Intercultural”.

Y en ese múltiple propósito, los músicos y artistas tratan de encontrar nuevas herramientas para llegar a su público, y están pensando en los títeres, una opción que puede llamar la atención de los más pequeños. Y por qué no, valerse de la inteligencia artificial y la animación. (F)