La realidad de violencia y delincuencia que estamos viviendo es terriblemente alta y no es solo una percepción; pero esto se redimensiona por una palabra no exactamente nueva, pero sí más utilizada en los últimos años: la ‘infoxicación’ o sobrecarga informativa.

“Estamos sobrestimulados de información”, a tal punto que no lo podemos manejar, resume la psicóloga clínica Kathalina Urquizo.

Ya pasó en los primeros meses de la pandemia, en que muchos temas se viralizaron y generaron mayores procesos de angustia. “Nos volvemos consumidores obsesivos de este tipo de noticias, y se activan una serie de factores en el cerebro; compartimos esos contenidos de forma impresionante, y en ese proceso de comunicación entramos más fácilmente en estados de pánico. Es bueno estar informados, pero no convertirnos en aspiradoras de noticias relacionadas con la violencia, debemos tener un límite”.

Urquizo señala que es algo similar a la manera en que nos acostumbramos a disfrutar de las películas de terror, motivados por la liberación de adrenalina, que puede volverse adictiva. En la vida diaria, no tiene ninguna función práctica.

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La educación emocional nos lleva a desarrollar un lenguaje más amplio para hablar de lo que sentimos y tomar decisiones saludables. Foto: Shutterstock

“Yo creería que la diferencia importante (entre el terror y la precaución) está en que las medidas de seguridad que tomemos no nos paralicen. Y para eso hay que entender cómo funciona el proceso del miedo en nuestro cuerpo”.

En primer lugar, señala la psicóloga, no hay que tenerle miedo al miedo, esta es una emoción normal que está dada en nosotros para la supervivencia, para movilizarnos (huir o pelear) ante un peligro inminente, en un proceso de decisión que se da en 90 segundos, mientras buscamos una resolución del problema.

Cuando recibimos alertas de peligro todo el tiempo, cuando las buscamos, el proceso de liberación de adrenalina, malestar e hiperventilación es constante, y a esto se añade que no encontramos la solución. “Nos vemos paralizados entre huir o pelear, en una cadena de pensamientos que nos impiden resolver”.

Si usted pregunta: ‘¿Cómo te sientes hoy?’, generalmente le contestan con monosílabos: ‘Bien, ahí’, o con las emociones básicas: ‘Triste, nervioso’. Es todo el vocabulario emocional que conocemos, a pesar de la gran gama de emociones que llevamos dentro. Hoy estamos pagando más facturas con el tema del miedo, porque no sabemos gestionarlo.

Kathalina Urquizo

La respuesta más saludable, explica Urquizo, es tomar decisiones en calma. “Por ejemplo, que no voy a estar en la calle a la una de la mañana. Esa decisión me lleva a estar tranquilo, pero si nos quedamos en el encierro, ninguna decisión de las que tomemos nos llevará a la tranquilidad, pues empezaremos a dañar las otras áreas involucradas en la salud mental, cortaremos los procesos de vinculación familiar, socialización, ejercicio y recreación”.

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Para alcanzar el estado en el que se toman esas decisiones, es necesaria la educación emocional (que no equivale a la inteligencia académica). “Tenemos que aprender a reconocer lo que sentimos. Somos analfabetos a nivel emocional; si usted le pregunta a alguien: ‘¿Cómo te sientes hoy?’, generalmente le contestan con monosílabos: ‘Bien, ahí’, o con las emociones básicas: ‘Estoy triste, estoy nervioso’”. Es todo el vocabulario emocional que conocemos, a pesar de la gran gama de emociones que llevamos dentro.

  1. Aprenda a reconocer lo que siente. No es lo mismo tener miedo que ansiedad, sentir preocupación o estar agobiado o tener desconfianza de algo.
  2. Escuche sus emociones y permítase sentirlas. No está mal estar enojado (como no está mal tener miedo), siempre y cuando no invada el espacio de otra persona. “Ese enojo (o ese miedo) responde a algo que me pasó y tengo que saber qué produjo esa emoción”. ¿Qué es lo que me molesta? Lo contrario es negar las propias emociones. “No, no estoy enojado”. O negar las del otro: “No llores, no tengas miedo”.
  3. Use las herramientas que corresponden a esa emoción. Por ejemplo, en el miedo, un instrumento básico es el manejo de técnicas de respiración. “Todos respiramos, pero no lo usamos como herramienta de trabajo; respirar de manera consciente nos ayuda a llegar nuevamente al centro que se desconfiguró en el momento del malestar y es un mecanismo de control para bajar la hiperventilación, conectarnos con nuestro ritmo cardiaco y volver a la normalidad”. Esto no es automático, es un ejercicio. Practique. Todas las mañanas, haga un ejercicio básico de respiración, de tres a cinco minutos. Válgase de la tecnología, recomienda la psicóloga. “Hay aplicaciones fantásticas que permiten trabajar temas de respiración, como Calm”, y disciplinas como el tai chi.
  4. Tomar conciencia de las decisiones permite tomar decisiones de acción.

“Hoy estamos pagando más facturas con el tema del miedo, porque no sabemos gestionarlo”, explica Urquizo. “Hay mucha gente invadida por esa emoción”. La mayor cantidad de síntomas en consulta son la depresión y la angustia, “y más que nada en jóvenes, de 15 a 25 años”.

Las señales del pánico y cómo atenuarlas

Las personas pueden mostrar signos físicos de pánico obvios, como sudoración, dificultad para respirar, latidos rápidos del corazón, sofocos y problemas estomacales. Aparecen muy rápido, pero se pueden manejar con ejercicios de respiración, comparte la doctora Susan Albers, psiquiatra y psicóloga de Cleveland Clinic.

El ejercicio físico y los de respiración ayudan a restablecer la calma y reducir los síntomas del pánico. Foto: Shutterstock

Su sugerencia es que usted investigue con seriedad los riesgos. “Muchas veces, los datos no avalan el miedo que uno tiene. Además, utilice a otras personas como modelos a seguir. ¿Sus amigos y familiares tienen las mismas reacciones ante los detonadores de estos sentimientos?”.

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Además, lea sobre los síntomas de la ansiedad y el pánico. “El simple hecho de saber más al respecto puede ayudarlo a entender qué le está sucediendo”.

Es importante también entender que usted no está solo. La ansiedad afecta a muchas personas. “Es un problema que la gente no puede ver, por lo que a menudo no nos damos cuenta cuando otras personas están luchando”.

La doctora Albers también recomienda las aplicaciones para la reducción de la ansiedad, como la desarrollada por Cleveland, Stress Free Now. Pero si usted está en un espacio libre de dispositivos por su propio bien, los libros de autoayuda de calidad pueden ser una guía. Y si prefiere algo más personal, hable con su médico para que le refiera a un terapeuta de confianza. “Un terapeuta puede ayudar a evaluar los desencadenantes de su ansiedad y cómo tratarlos”.

¿Qué no funciona? Decirle a una persona que se calme o tratar de razonar con ella cuando está teniendo un ataque de pánico”. Las personas no pueden usar estrategias cognitivas cuando su reacción fisiológica las está abrumando.

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La ansiedad afecta a muchas personas. Es un problema que la gente no puede ver, por lo que a menudo no nos damos cuenta cuando otras personas están luchando con ella.

Dra. Susan Albers

Dos alternativas más: investigue sobre la atención plena (mindfulness). “Es una forma de estar en el presente y hacer ejercicios de respiración para ayudar a calmar el cuerpo y la mente”. Y aumente su nivel de vitamina D y de magnesio. “Estas dos vitaminas tienden a ser bajas en personas que tienen ansiedad”.

Cuando el miedo y la angustia alcanzan a los adolescentes

En ocasiones, las decisiones familiares sobre la seguridad afectarán directamente a aquellos que están empezando a experimentar con su independencia: los adolescentes.

La adolescencia es un periodo crucial para el desarrollo de los hábitos sociales y emocionales de una persona a lo largo de su vida”, dice la doctora María José Palomeque, médico psiquiatra. Entre los 10 y los 19 años se experimentan los mayores cambios físicos, emocionales y sociales. Por eso, los adolescentes que están expuestos a factores de riesgo como la pobreza, la violencia o las malas experiencias son más vulnerables y tienen más probabilidades de desarrollar problemas de salud mental.

Apague las noticias. Las imágenes de los medios pueden aumentar el trauma de una tragedia. Pueden ser confusas y desconcertantes, ya que las repiten una y otra vez. Además, la cobertura en directo y la cercanía de las imágenes de la televisión pueden aumentar la sensación de peligro.

Dra. María José Palomeque

Es muy probable que su hijo se irrite, enoje o minimice las indicaciones que usted le da por su bien. “A esa edad nos sentimos invencibles”, recuerda Palomeque. O también puede que se haya generado en él una ansiedad mayor que le esté dificultando funcionar en la cotidianidad.

  • Averigüe lo que su hijo sabe acerca de los acontecimientos locales. Incluso si aún no lo han comentado juntos, lo habrá escuchado en las noticias o de sus compañeros de clase o por redes sociales. “Si es necesario, sitúenlo en un punto medio, desde donde la perspectiva de los hechos pueda ser más imparcial, pidan que siempre contrasten noticias y busquen fuentes fiables y no se dejen llevar de rumores o emociones”, dice la doctora Palomeque. La percepción del niño o joven de lo que ha sucedido puede ser muy diferente de la realidad. Asegúrele que está bien hablar acerca de eventos tristes o que dan miedo. También está bien admitir que usted se siente triste, asustado o enojado.
La familia necesita tener actividades recreativas, y demostraciones físicas de seguridad y afecto. Foto: Shutterstock
  • Deje en claro que por mucho miedo que produzca algo no hay ninguna pregunta que su hijo no le pueda hacer, y ninguna debe quedar sin respuesta de calidad. Que la puerta de la confianza siempre esté disponible para ellos. “Si no les dejamos saber a los hijos que está bien sentirse triste o asustado, pueden pensar que algo está mal con ellos. Fomente preguntas, tanto ahora como en el futuro. Al igual que los adultos, los niños pueden afrontar mejor una crisis si sienten que la entienden”, añade la psiquiatra. El intercambio de preguntas y respuestas brinda la oportunidad de ofrecerle apoyo a medida que su hijo comienza a entender la crisis. Infórmese también para dar respuestas acertadas.
  • Dé seguridad a sus hijos, que sientan que están protegidos. Cuando hacen preguntas como “¿por qué ocurrió esto?” o “¿estoy a salvo?”, explíquenle que este tipo de eventos son muy aislados, que las personas no provocan ser vulneradas y que no todos los extraños salen a vulnerar. “Que los buenos siempre son mayoría. Sería ideal que les hable de las múltiples personas que a diario trabajan para mantener segura a la población”.
  • Sea paciente. Si su hijo no tiene mucho que decir todavía, dele tiempo y hágale saber que está bien volver después con más preguntas o para hablar de los acontecimientos cuando esté listo. Si muestra signos de depresión y ansiedad con el tiempo, buscar ayuda para evaluación de un profesional de salud mental.
  • Apague las noticias. “Las imágenes de los medios pueden aumentar el trauma de una tragedia (especialmente en los niños pequeños). Pueden ser confusas y desconcertantes, ya que las repiten una y otra vez. Además, la cobertura en directo y la cercanía de las imágenes de la televisión pueden aumentar la sensación de peligro”, comparte Palomeque.
  • Estimule a su hijo para que exprese sus sentimientos e ideas por medio de actividades familiares. Se recomienda la escritura, la pintura y el canto. Los juegos también pueden ser útiles, los adultos deben ayudar a que los niños imaginen situaciones seguras, como sería ayudar a alguien en un hospital en vez de recrear la tragedia.
  • Mantengan su rutina. La normalidad ayudará a su hijo a lidiar con los sentimientos difíciles, así como también el hecho de hacer cosas divertidas que ambos disfruten. ¡Recuerden que ellos aún necesitan ser niños!
  • Una herramienta útil es ajustar los horarios de salida y los lugares que frecuentan, así como las normas de cuidado y autocuidado.
  • Mantengan la calma. Es importante y necesario que los adultos manejen su propio estrés para que a su vez puedan ser los mejores cuidadores posibles. También recuerden que los chicos pueden escuchar conversaciones de los adultos.
  • ¡Únanse más! “Demos a nuestros hijos mayor confort y afecto físico, con abrazos o acurrucándose para leer juntos un libro favorito. El confort físico contribuye a fomentar la seguridad interna. Esa cercanía también puede animarlo a usted”.

¿Cómo abordar el tema de la inseguridad con las instituciones educativas? Palomeque opina que debe haber un triángulo de actores, los estudiantes, los padres y las autoridades educativas. Hablen sobre el tema del transporte, las autorizaciones, los horarios de ingreso y salida.

Los protocolos deben prepararse entre todos y ser difundidos por escrito y de manera práctica, identificando entidades de socorro y zonas de emergencia. “Estar alertas y preparados está bien, estar alarmados no”. (F)