Los adolescentes pueden estar al nivel cognitivo de un adulto, pero ser desafiados en la regulación de sus emociones y en su desempeño ejecutivo. Las exigencias de la vida moderna, incluyendo las presiones de las redes sociales, sugieren que expandir nuestra idea de la adolescencia podría ayudar a los jóvenes.

El doctor John G. Cottone, psicólogo y profesor de la escuela de medicina de la Universidad Stony Brook (Nueva York), dice que los adolescentes llevan mucho tiempo necesitando ayuda, pero que la pandemia actual lo ha evidenciado aún más. Según él, es tiempo de revisar el concepto de adolescencia, para que esta entre a una nueva era.

Aunque se ha admitido desde hace algún tiempo que los chicos desde los 15 años pueden tener una capacidad cognitiva casi adulta, la investigación en neuroimágenes sugiere que el cerebro continúa desarrollándose hasta la mitad de la tercera década de la vida.

Las últimas áreas en desarrollarse son la corteza prefrontal y los circuitos estriado-corticales, responsables de la capacidad de una persona para hacer planes, tomar decisiones, solucionar problemas, controlar su conducta y regular emociones.

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La neurocientífica Leah Sommerville dijo en 2016 que los adolescentes pueden hacer una prueba de conocimientos tan bien como un adulto. Pero cuando están experimentando emociones fuertes (enojo, tristeza, enamoramiento), los resultados se vienen abajo, porque su sistema cerebral no les permite aún tener las emociones bajo control.

Los legendarios 18 años

En nuestro país, la mayoría de edad se sitúa en los 18 años (edad apropiada para iniciar el servicio militar, un referente internacional de la adultez), aunque eso es relativo cuando se trata de hitos como el sufragio y los permisos de conducción.

La psicóloga clínica Sonnia Navas Gafter dice que la idea de que un joven de 18 años está listo para enfrentarse al mundo, a la vida laboral y a la independencia, no es real. “Ese joven está todavía en una fase de su desarrollo, y necesita tiempo, acompañamiento, orientación”.

Es una edad en la que se toman decisiones vocacionales y profesionales. “Hay que tener muy en cuenta que la madurez emocional, el desarrollo hormonal y la actividad cerebral en ese momento están en un estado de cambio”.

Las neurociencias, corrobora Navas, han demostrado que el desarrollo cognitivo de los jóvenes continúa más allá de los 18 años, así como su madurez emocional y la imagen que tienen de sí mismos. “Inclusive, se habla de que habrá evoluciones hasta que la corteza prefrontal del cerebro se desarrolle completamente”.

El tema cubre muchas áreas, señala la especialista. Emocional, hormonal, neurológica, aptitudinal, todo gobernado por el cerebro. Sin embargo, el aspecto familiar y social son también muy fuertes. “No podemos cerrar los ojos; estamos viviendo una época en que los padres están infantilizando a los jóvenes. Se ve muy frecuentemente que hombres y mujeres en los 30 aún viven en el hogar familiar. Por mucho tiempo se ha pensado que era por razones económicas. Pero a más de esto hay una especie de pérdida de aspiración a la independencia”. Esto último vuelve la situación más compleja.

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Una cosa es que alguien esté en casa de sus padres porque está pagando una maestría o un carro, colaborando económicamente con la familia, como un adulto. Pero cuando alguien no aspira a la independencia, difícilmente alcanzará la adultez.

Sonnia Navas Gafter

“No podemos esperar que un chico de 18-20 años tome decisiones como un hombre de 30, pero parte del trabajo de la familia es ayudarlo a seguir los procesos para alcanzar la madurez, y motivarlo a que alcance la independencia”.

Si esto no ocurre, la falta de autonomía impactará las otras áreas de la vida. Un joven sobreprotegido, por ejemplo, suele tener tendencia a no ser productivo.

Cómo influyen las redes sociales en los adolescentes

¿Cuándo está la persona lista para convertirse en adulta? Esto se forja poco a poco y depende muchísimo de que quiera y desee adquirir independencia. Por tanto, Navas afirma que no es tan simple como aceptar que la adolescencia durará hasta los 25 años. Hay que verlo como una etapa de crecimiento sostenido, no como la extensión de un comportamiento juvenil. “Podría ser un riesgo. Es más útil pensar en modos o procesos”.

Lo que la familia puede hacer por los adolescentes y jóvenes

¿Qué ajustes deberíamos tomar en cuenta para que los adolescentes y jóvenes tengan el apoyo suficiente y un entorno favorable? La psicóloga clínica Silvia Cordero Encalada indica que la familia y el entorno educativo y social deben promover que los jóvenes que llegan a los 18 años continúen desarrollándose de manera integral (espiritual, emocional, académica, social) y en la adquisición de hábitos y rutinas saludables.

Foto: Shutterstock

“La extensión de la edad de la adolescencia hasta los 25 años es cuestionable”, opina. “Lo que debe extenderse, más bien, es el acompañamiento y apoyo efectivo de los padres (familiares o cuidadores) y educadores en el proyecto de vida de una persona que pasa los 18 años”.

Y aunque ahora se comprende mejor desde las ciencias la actividad cerebral y el desarrollo hormonal, eso no quiere decir que una persona de 18 años esté impedida de enfocarse hacia dónde quiere llegar y cómo enfrentarse a la vida.

La práctica como educadora de secundaria y universidad (jóvenes de 17 a 27 años) y en consulta psicológica privada le han permitido a la psicóloga analizar que hay tres grupos de jóvenes:

  • Los que muestran madurez emocional y apuntan a concluir con su carrera o sostener un empleo y otras proyecciones
  • Los que medianamente saben lo que tienen que hacer, pero tienen dudas en sus decisiones.
  • Los que no saben qué rumbo tomar. 

“En conclusión, esta etapa es un tiempo para desarrollar y robustecer habilidades como saber ser, saber hacer, saber decidir y saber construir”. Por lo tanto, la juventud comprendida entre los 18 a 30 años (otra etapa) tiene la necesidad de acompañamiento efectivo para edificar y enfocarse en el futuro, para iniciar la independencia económica y la toma de decisiones responsables, sin tener que alargar la adolescencia hasta los 25 años”.

La mayoría de edad: el ejemplo de Roma

Cottone subraya que hace 2.000 años la ley romana fijaba la edad de madurez a los 25 años, el mínimo para que los hombres jóvenes pudieran participar en negocios y contratos sin asesoramiento. Entre los 15 y los 25, estaban bajo la guardianía temporal de adultos conocidos como curadores, y su aprobación era necesaria para validar cualquier decisión formal.

Estatua de un joven guerrero romano, en Italia. Foto: Shutterstock

“Parece”, escribe el psicólogo, “que los antiguos romanos entendían algo sobre la adolescencia que nosotros deberíamos reaprender: los chicos necesitan más tiempo para desarrollarse antes de que les endosemos las expectativas y responsabilidades de la adultez”.

Cottone, defensor de que los adolescentes tomen un año sabático entre la secundaria y la universidad, propone que se permita a la juventud crecer en su tiempo, sin sacrificar su desarrollo en nombre de otros intereses. “Para desacelerar las cosas”, dice a los padres, “ajusten sus prioridades y permitan que sus hijos se equivoquen y aprendan de sus errores”. Que la meta sea formar adultos equilibrados y saludables, más que ingresarlos en una universidad o carrera prestigiosa. No los prive de cometer errores y de aprender del proceso de prueba y error.

Como en la canción Vienna (1975), de Billy Joel (disponible en Spotify), que ha experimentado una renovada popularidad este año. Tal vez se deba al mensaje principal: no hay apuro en crecer. “Es la perfecta tónica para los adolescentes de hoy, en un mundo que los empuja a madurar más y más pronto. La canción abre así: Espera, niño alocado, eres tan ambicioso para ser tan joven, pero si eres tan listo, dime: ¿por qué tienes tanto miedo? Puedes tomarte un día o dos. Ya te darás cuenta, Viena espera por ti”. (I)