En los últimos años las noticias de decomisos o rescates de tigrillos (Leopardus pardalis) han aumentado en Ecuador. En unos casos están golpeados, mutilados o quemados, y en otros, desnutridos debido a un proceso de mascotización. El fin de semana pasado seis de estos felinos fueron liberados en la Reserva Cotacachi Cayapas, en la provincia de Esmeraldas. Todos ellos rescatados del tráfico ilegal de especies silvestres.

La presión que los humanos ejercemos en su hábitat hacen que estos felinos estén en constantes situaciones de riesgo. Por ejemplo, a la Fundación Proyecto Sacha, en Guayaquil, han llegado decenas de tigrillos. Varios han muerto debido a su condición crítica.

La expansión urbana y agrícola es uno de los grandes problemas, indica Eliana Molineros, directora de Proyecto Sacha. Cada vez sus hábitats naturales se reducen. Según el portal científico ecuatoriano Bioweb, el Leopardus pardalis está presente en la Costa, Sierra y Amazonía. Su estado es vulnerable.

Algunos se acercan a las fincas en donde hay gallinas y al encontrar que estas presas son más fáciles, se las empiezan a comer y por eso (las personas) los matan o los capturan. Quienes suelen acercarse son hembras paridas o animales gerontes (que se encuentran en la última etapa de su vida)”, indica Molineros.

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Otra de las presiones es la reducción de sus presas, como liebres o guatusas, que también son cazadas por el hombre. Al escasear la comida, los tigrillos ven a las aves de corral, principalmente, como una opción para sobrevivir.

Además, la presencia de jaurías de perros asilvestrados también presiona a la población de tigrillos. Los caninos compiten por las presas y se ha constatado que, en grupo, los perros también son capaces de matar a estos felinos.

Las carreteras son otro riesgo. En varias ocasiones se han reportado atropellamientos de estos animales, por ejemplo, en las vías a Samborondón, a la costa o a Milagro. También se han incrementado los avistamientos de estos felinos en urbanizaciones privadas cerradas en todo lo que se conoce como el gran Guayaquil. Todo indica que estas situaciones seguirán debido a las construcciones que se realizan actualmente en la vía a la costa.

Este es uno de los tigrillos que fueron liberados por personal del Ministerio del Ambiente en la provincia de Esmeraldas. Foto: Cortesía Ministerio del Ambiente

En tanto, estos felinos también son afectados por la “quema” que se realiza en plantaciones agrícolas. Uno de los casos que conmocionaron a Ecuador fue el del tigrillo Ernesto que tenía quemaduras de segundo y tercer grado en el 30 % del cuerpo. El felino fue rescatado en Milagro en 2019 y murió por un paro cardiaco.

Cuando hay quemas, los que pueden huyen y dejan a sus bebés en el lugar. Si la madre no muere en la quema, es posible que regrese por sus crías, si no, los jornaleros secuestran a los bebés, algunas veces los reportan, otras veces no lo hacen y los venden”, dice Molineros.

Es que la comercialización de estos felinos para volverlos mascotas es otro de los problemas. De hecho, hay casos donde se han detectado tigrillos amarrados con cadenas. La compra y venta de de felinos como estos es tan “normal” en el país que incluso este Diario denunció cómo un jaguar servía de “modelo” para un influencer en la red social Instagram.

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Pero el “calvario” de estos felinos no siempre termina al ser rescatados. Cuando son cachorros necesitan de 18 a 24 meses de rehabilitación, extensas áreas para su recuperación, prepararlos como lo haría la madre y al realizar la liberación deben ser monitoreados.

Los adultos que llegan con complicaciones severas como fracturas de huesos largos o traumas que influyan en su capacidad para desenvolverse solos deben considerarse para eutanasia. La otra opción es condenarlos, si sobreviven, a la miopatía por captura, que es una patología que puede matarlos hasta 30 días después de la captura por degeneración de los músculos esqueléticos y cardiacos. Estos animales no están acostumbrados al contacto humano, lo que dificulta considerablemente su recuperación”, señala Molineros.

De hecho, uno de los tigrillos atropellados que llegó a Proyecto Sacha tuvo que ser sacrificado ya que, por su condición de silvestre, rompió sus vendajes, lamió la herida que tenía en una pata hasta sacarse la placa de metal que le habían puesto los veterinarios. “Yo lloraba frente a su jaula. Fue horrible. Lo mantuve anestesiado un par de días, le ponía en la comida la medicina, pero era silvestre e inmanejable”, lamenta Molineros.

Todas las presiones expuestas en este artículo confluyen en una sola fuente: el hombre. (I)