Es casi seguro que usted, de niño, tuvo una tortuga, una lagartija o un par de ranas de mascotas” en su patio. ¿Recuerda cuánto vivió? Tal vez fue una experiencia efímera, pues cuidar a uno de estos animales no es tan intuitivo como con un perro, un conejo o un gato, que pueden llegar a adaptarse a un entorno humano cuando las condiciones son favorables. A las criaturas con escamas y garras se les da comida y agua, se las deja “al ambiente” o se las pone en un cubo o terrario y se espera que sobrevivan, de alguna manera.