Los padres de Óscar Rojas debían cargar baldes de agua desde la plaza central del cantón Celica, en Loja, hasta su casa. Los envases se llenaban en la única toma dispuesta para abastecer a la población del líquido vital. Ese es el recuerdo de la brutal sequía que golpeó a la provincia en 1968 y que se extendió hasta principios de la década del 70.

Este fenómeno natural también afectó a las provincias de El Oro y Manabí y fue considerado uno de los más devastadores del siglo. El padre de Óscar sembraba papas y tenía cabezas de ganado. Por la falta del líquido se vio obligado a migrar junto a su familia a Ambato, Tungurahua.

La sequía en Loja provocó un movimiento migratorio hacia el resto del país. “Es por eso que en la Amazonía norte hay gran cantidad de lojanos. Otro grupo de gente migró a Santo Domingo de los Tsáchilas, a Pichincha. En el grupo de los que migraron al centro del país están mis padres”, dice.

El censo de 1990 indica una reducción poblacional del 43 % en esta provincia. Además, las pérdidas totales correspondieron al 68 % de la producción agrícola y el 32 % respecto a la ganadería. En El Oro se registraron entre 15.000 y 20.000 personas afectadas por el fenómeno y pérdidas entre el 50 y 60 % de los cultivos. En Manabí, en tanto, hubo pérdidas en grandes extensiones de cultivos de ciclo corto y en el sector ganadero.

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Loja fue afectada nuevamente por una gran sequía entre 1996 y 2001. Aquí también se produjo migración local e internacional. “Toda esta gente es migrante climática que busca agua para satisfacer sus necesidades y en esta búsqueda podemos generar conflictos sociales al llegar a ciudades que no son las de origen”, refiere Rojas quien, además, es el actual viceministro de Agua y desde su cargo, afirma, busca mitigar el problema, ya que lo ha vivido “de cerca”.

Según los datos del Inventario Histórico Nacional de desastres producidos en Ecuador, se registraron 101 eventos de sequía durante el período 1970 y 2007. Este fenómeno natural, que se empeora con el cambio climático, se evidenció con fuerza el año pasado y en 2018 en Manabí. Antes, en 2011, el Gobierno Central declaró en emergencia a seis provincias por la falta de lluvias.

Manabí es una de las provincias históricamente afectadas por la sequía. Foto: Archivo

Para enfrentar esta problemática, los ministerios del Ambiente, Agricultura, el Servicio Nacional de Riesgos, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) y gobiernos locales estructuraron el Plan Nacional de Sequía (PNS) 2021-2025. En este documento se realiza un análisis histórico de la falta de lluvias en Ecuador.

El 18 % del territorio nacional tiene una susceptibilidad media y alta a la sequía, especialmente las provincias de Loja, Manabí, Guayas y Santa Elena. Sucumbíos nace de la migración de personas desde Loja debido a la sequía”, dice Karina Barrera, subsecretaria de Cambio Climático.

Según la funcionaria, el PNS busca establecer lineamientos que sirvan de orientación a los actores públicos y privados del Sistema Nacional Descentralizado de Gestión de Riesgos para combatir de forma integral las causas e impactos de la sequía.

“El plan consta del tema de prevención, del incremento a la capacidad adaptativa y la incorporación en la planificación territorial del fenómeno. También se indica que hay que incrementar la capacidad predictiva implementando un monitor de sequía que nos permita identificar cuándo sucederá y luego establecer un protocolo de acción. La sequía es un evento más que debe ser gestionado”, señala.

La sequía es uno de los factores por lo que se pierde tierras para agricultura. Foto: Plan Nacional de Sequía

El Monitor Nacional de Sequías tendrá una instancia de decisión basada en umbrales hidrológicos que alerten de la presencia de una sequía potencial: “Esto requiere fortalecer la estructura administrativa, física y tecnológica del Inamhi”, sostiene Barrera. La inversión para la articulación del plan y la tecnología para el monitor ascendería a siete millones de dólares.

También se busca que los gobiernos subnacionales se adapten a las sequías y empiecen a establecer sistemas de almacenamiento de agua. Además que replanteen, de ser necesario, sus formas de producción agropecuaria. Es decir, provincias como Manabí deben repensar el modelo ganadero por la falta de lluvias.

Otro punto importante para luchar contra la escasez de agua en Ecuador es la conservación de las fuentes hídricas, añade Rojas. Actualmente hay 60.000 áreas de protección hídrica y el Gobierno aspira a llegar a 284.000 para 2025. (I)