El 25 % de la población ecuatoriana depende en cierta medida de los distintos recursos obtenidos de la cuenca del río Daule (foto arriba), esto es, unos 4 millones de habitantes. Gracias al financiamiento de la Unión Europea y la unión y el trabajo de diversas instituciones públicas y privadas ya está en marcha una estrategia para protegerla y garantizar su conservación: Proyecto La Fuente: Protegiendo la cuenca del río Daule (www.proyectolafuente.org).

Esta labor, pensada para los próximos cuatros años, incluye trabajo en territorio con las diversas comunidades, así como un programa educativo que los capacite en prácticas de agricultura sostenible, entre otras capacidades para enfrentar incluso el cambio climático. Además, se busca sensibilizar a la ciudadanía en general sobre la importancia de este ecosistema.

“El objetivo general del proyecto es promover la protección y el manejo sustentable de las fuentes de agua y de los ecosistemas terrestres de la cuenca del río Daule a través del fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil de la cuenca, pero poniendo énfasis en las asociaciones de mujeres, pequeños productores, poblaciones más vulnerables a través de la formación de buenas prácticas agrícolas de conservación, restauración, gobernanza, reducción de desigualdad económica, social y a través de la promoción de igualdad de género. Todo considerado como medidas de adaptación al cambio climático”, resume Elba Fiallos, directora general del proyecto.

Como uno de los primeros pasos, se ha producido un mapa con las zonas prioritarias alrededor de la cuenca del Daule, el cual se socializará con las comunidades. “La idea es llevar esta propuesta desarrollada desde las instituciones hasta los habitantes de ese territorio y conversar con ellos para que, también desde su punto de vista, decidan cuáles serían los lugares más apropiados para trabajar en esas propuestas de conservación o restauración”, explica Fiallos.

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“Todas las actividades se realizarán a través de las instituciones ya existentes porque nuestra idea es fortalecer esas organizaciones locales para que se vayan adueñando desde el comienzo del proyecto, para que cuando este termine, después de cuatro años, ya se hayan sentado las bases y las raíces, lo suficientemente fuertes, como para seguir”.

En cuanto al componente productivo esperan involucrar a unos 300 agricultores, entre hombres y mujeres, que puedan capacitarse en prácticas agroecológicas. Así como firmar 10 acuerdos de conservación con asociaciones y grupos ya organizados y establecer una red de gobernanza a largo plazo que permita a todos los actores involucrados tomar mejores decisiones sobre la gestión de la cuenca del río Daule. Finalmente, se construirá una red de voluntarios que monitoreen y evidencien los resultados del proyecto para que los habitantes puedan sentirse orgullosos de su trabajo y contagiar a otros ese mismo entusiasmo y se animen a sumarse.

El componente educomunicacional de La Fuente se desarrolla de la mano de la Universidad Casa Grande de Guayaquil, quienes diseñaron su marca, el logo, la identidad gráfica y los valores guían el trabajo en conjunto del proyecto. “Construimos una estrategia de comunicación que se va evaluando año a año con el afán de que el proyecto no se limite a los grupos con los que se trabaja de manera directa en territorio, sino que trascienda esos espacios y que la ciudadanía entienda que esta es una carrera a largo plazo y que necesitamos preservar la cuenca”, explica José Miguel Campi, codirector de Educomunicación de la iniciativa.

Otro desafío asumido por esta universidad fue el diseño del ecosistema de aprendizaje en línea y una batería de cursos orientados a fortalecer capacidades en materia de conservación medioambiental. “A finales de este año aspiramos a lanzar los dos primeros cursos ligados a conservación ambiental y el próximo año trabajar en las adaptaciones de ese mismo contenido y cursos para un público más joven”.

Además de la Universidad Casa Grande, otras instituciones que forman parte del proyecto La Fuente son el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen), Fondo de Agua de Guayaquil para la Conservación de la Cuenca del Río Daule (Fondagua) y el Municipio de Guayaquil.

Semanas atrás, el evento de presentación del proyecto contó con la presencia de Charles-Michel Geurts, embajador de la Unión Europea; Susana González, prefecta de Guayas; y Leonardo Orlando, prefecto de Manabí.

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Neumáticos en economía circular

El Sistema Ecuatoriano de Gestión de Neumáticos Integrales (Seginus) nació hace ocho años para garantizar que cuando usted compre un neumático sepa que este producto forma parte de un sistema de economía circular y que cuando deba cambiarlo, este desecho será aprovechado de forma positiva y que se le otorgará un nuevo valor. No se lo quemará o abandonará en cualquier lugar ni servirá como fuente de cultivo para enfermedades como el dengue.

José Javier Guarderas, director ejecutivo de Seginus, muestra el galardón de Recircle Awards.

“Hemos evitado ya que más de 3 millones y medio de neumáticos terminen en ríos, océanos o terrenos baldíos”, explica José Javier Guarderas, director ejecutivo de Seginus.

Para lograrlo, implementaron un sistema de trazabilidad que permite registrar el neumático desde su importación o producción y en qué ciudad o provincia fue comercializado.

“Cuando cierto lugar ya tiene una cantidad representativa de neumáticos, pide por la app que vayan a recogerlos. Entonces, al igual que como funciona Uber, la aplicación notifica al camión más cercano que vaya a recogerlos y, a su vez, le confirma en un mensaje a la tienda el día, la hora y el conductor que se acercará”. Este proceso se aplica a nivel nacional, incluyendo Galápagos.

Entre los nuevos usos que se dan a las neumáticos están la cogeneración y la pirólisis, además de proyectos con artesanos para elaborar rompevelocidades, topes de parqueo, alfombras para vehículos, etc.

“Ahora estamos trabajando con el Ministerio del Ambiente y el Ministerio de Obras Públicas con la idea de utilizar los neumáticos para mezclarlos con el asfalto y aplicarlo en la construcción de carreteras, algo que ya se hace en otras partes del mundo. Mejora la vida útil de las carreteras, las hace menos sonoras y adicionalmente es más económico que utilizar al 100 % el otro producto”, agrega Guarderas.

Recientemente resultaron ganadores en la categoría Mejor Innovación Empresarial de los últimos Recircle Awards.

Nueva vida para el aceite

Un emprendimiento de Yachay Tech es hoy un negocio que apuesta por darle un uso apropiado al aceite de cocina. Los estudiantes universitarios Jhoao Minango (Nanotecnología) y Arianna Paredes (Física Teórica), junto a la doctora Herminia Sanaguano y el ingeniero Fernando Sánchez decidieron darle una nueva aplicación al aceite usado de cocina para producir diversos productos. Su emprendimiento denominado Panka Inventions es hoy uno de los finalistas de los Premios Latinoamérica Verde.

Equipo de Panka Inventions. Atrás, su primer producto, Biorust 18-11.

“Anualmente en Ecuador se producen 50 millones de litros de aceite usado de cocina, de los cuales únicamente el 0,16 % se recicla. Y es un residuo muy perjudicial para el medioambiente, por ejemplo, un solo litro de aceite usado de cocina puede llegar a contaminar 1000 litros de agua, aparte de crear una pequeña película que impide el correcto intercambio de oxígeno con la superficie y la flora y fauna marina. También tiene propiedades que erosionan el suelo y lo desertifican, por todo eso decidimos enfocarnos en este residuo”, explica Minango.

Su producto denominado Biorust 18-11, un líquido lubricante multiuso, se promociona actualmente como un gran aliado para realizar trabajos mecánicos, industriales y automotrices, elaborado a partir de aceite vegetal reciclado y ya han logrado posicionarlo en cierto mercado.

Al rescate de la canela

El proyecto está inmerso en la promoción de siembra de árboles de canela a través del método de forestería análoga, que consiste en utilizar los bosques naturales como guías para crear paisajes ecológicamente estables y socioeconómicamente productivos, incentivando la conservación de bosques en la región amazónica, permitiendo fortalecer la conciencia comunitaria en temas de conservación y manejo sostenible de bosques.

“Queríamos saber cómo sacarle un valor agregado a la selva, que sea reconocido, pero sin destruirla”, explica Óscar Reyes, experto en forestería análoga, parte de esta iniciativa. “En esa investigación nos topamos con la canela amazónica que se conoce como el ishpingo y que se usa para la colada morada”.

Descubrieron también que el árbol tarda 12 años en producir su fruto y que, además, esto ocurre cada dos años. De allí que resulte indispensable su conservación a través de buenas prácticas agrícolas.

Además, comenzaron a obtener aceite esencial de sus hojas, el cual reporta múltiples beneficios como disminuir el estrés. “El árbol no se daña durante la extracción”, explica. “Así nace una posibilidad de trabajar con esta especie endémica que por tantos años ha estado con nosotros, pero ha sido muy poco valorada”.

También llevan a cabo un proceso de socialización con las comunidades cercanas a la parroquia Inés Arango, provincia de Orellana, donde tienen también la Finca Canela, para que hagan parte a esta especie de sus cultivos. “Lanzamos también la iniciativa 100.000 árboles por Orellana y el objetivo es que hasta el 2022 abarcar, solo en nuestra parroquia, alrededor de 2.000 hectáreas, trabajar con 12 comunidades y 160 familias”, explica David Lara, ingeniero agropecuario. La estrategia es entregarles las plantas de canela y otras especies y que el tenedor de la tierra tenga el espacio identificado para sembrar los árboles en un diseño que se hace por finca y se le paga $1 por planta sembrada.

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