Las lagartijas cocodrilo son uno de los reptiles más particulares registrados en Ecuador. Se trata de animales semiacuáticos que habitan en la región Amazónica y que reciben ese nombre por la forma de su cola y las protuberancias de su cuerpo, similares a las de un cocodrilo.
La especie es Dracaena guianensis, perteneciente a la familia Teiidae. Según Omar Torres, profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y curador de reptiles del Museo de Zoología QCAZ, es una de las lagartijas más grandes que existen en Ecuador.
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“Los machos alcanzan más o menos un tamaño de 30 a 35 centímetros, sin la cola. Eso es bastante grande”, explica el investigador.
Actualmente se conocen solo dos especies de lagartija cocodrilo en Sudamérica: Dracaena guianensis y Dracaena paraguayensis. La primera habita en la Amazonía de Ecuador y en países aledaños, como Colombia, Perú y Brasil. La segunda especie se distribuye más al sur del continente, en Paraguay, Bolivia y Brasil.
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Una lagartija adaptada al agua
A pesar de su apariencia llamativa sigue siendo una de las especies menos conocidas dentro de los ecosistemas acuáticos amazónicos.
Las lagartijas cocodrilo pasan gran parte de su tiempo cerca de cuerpos de agua. “Cuando no están activas, están perchando en vegetación cerca de ríos y lagunas, las orillas de las lagunas, y se alimentan principalmente en el agua”, señala Torres.
El portal Bioweb Reptiles del Ecuador, desarrollado por la PUCE, indica que esta especie habita tierras bajas inundadas estacionalmente, pantanos y márgenes de ríos y riachuelos. En Ecuador, su presencia ha sido registrada únicamente en la provincia de Sucumbíos, a unos 250 metros sobre el nivel del mar.
Su aspecto físico incluso está relacionado con ese estilo de vida semiacuático. Bioweb describe que tienen un cuerpo cilíndrico, extremidades bien desarrolladas y una cola lateralmente comprimida con doble cresta dorsal.
Precisamente la cola es una de sus características más reconocibles. “La cola de esta lagartija es muy particular porque es muy parecida a la cola de los cocodrilos. Por eso lleva ese nombre de lagartija cocodrilo”, explica Torres.
El investigador añade que la cola funciona como una herramienta para desplazarse en el agua: “Está aplanada a los lados para actuar como una especie de remo al momento de nadar”.
Además, presentan protuberancias a lo largo del cuerpo que también recuerdan a los cocodrilos. Sin embargo, Torres aclara que “no están emparentadas con los cocodrilos; son simplemente adaptaciones similares para un estilo de vida acuático”.
Otra característica poco común de esta especie está en su alimentación. Las lagartijas cocodrilo consumen principalmente moluscos y crustáceos, algo inusual entre reptiles de este grupo.
“Eso las hace únicas en comparación con casi todas las demás lagartijas. Tienen unos dientes en forma de muela, como los mamíferos”, dice Torres.
Esos dientes les permiten romper las conchas y exoesqueletos de sus presas. Según Bioweb, estas lagartijas capturan caracoles bajo el agua, trituran las conchas con sus mandíbulas y luego extraen el cuerpo del animal antes de ingerirlo. Durante la época seca también pueden alimentarse de otros invertebrados, huevos y pequeños animales.
La especie es ovípara; es decir, pone huevos para reproducirse.
Bioweb también señala que las escamas dorsales de estas lagartijas son pequeñas y están intercaladas con tubérculos grandes, lo que les da una apariencia rugosa. Además, poseen dedos con garras y escamas ventrales rectangulares más largas que anchas. Su coloración suele ser predominantemente café, con tonos anaranjados y marrones en la cabeza.
Las amenazas que enfrenta en la Amazonía
“Pensemos que estas lagartijas están restringidas a los cuerpos de agua, riachuelos, lagunas en la Amazonía, y se alimentan de animales que viven en esas aguas; y, si hay contaminación que afecta a sus presas, va a afectar a estas lagartijas”, advierte Torres.
El investigador recuerda que durante parte del siglo XX la especie fue ampliamente cazada debido al valor comercial de su piel: “Como tiene una piel gruesa, su cuero era bastante cotizado”.
Sin embargo, Torres explica que las regulaciones implementadas desde la década de los 70 redujeron significativamente esa práctica. Actualmente, aunque algunas comunidades indígenas amazónicas la cazan para consumo, esto no representa un riesgo importante para la población de la especie de lagartijas. (I)