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Sueños de niño

Poco antes del accidente en Bélgica, Juan Manuel Correa realizó una jornada de pruebas a bordo de un monoplaza de Fórmula 1 con el equipo Alfa Romeo.

Quizás ya he hablado del tema en alguna ocasión, pero a propósito de otras lecturas. La experiencia formativa de un ser humano comienza en la cuna, junto con el descubrimiento de los sentimientos, el amor, las atracciones... y también los sueños de la niñez. Creo que una de las tragedias de la humanidad es una educación que reglamenta rígidamente cumplimientos académicos que muchas veces no tienen nada que ver con las ilusiones y deseos de cada niño. Conocerlos es la obligación mayor de sus padres y profesores.

Juan Manuel Correa: La nueva carrera del campeón

Y no solamente quedarnos allí. Hay que incentivarlos, por más lejanos y difíciles que estos nos parezcan. El personaje “rápido y enamorado” de nuestra portada es Juan Manuel Correa Borja (pág. 18), que a sus 21 años ya es un ejemplo de todo esto; le cuenta a Moisés Pinchevsky, vía Zoom desde Barcelona, de sus primeros jueguitos de la infancia y cómo ellos se convirtieron en el modelo de su vida, en senderos que pudo seguir con el apoyo y sacrificio de sus padres. Su abuelo es el expresidente Rodrigo Borja, otro soñador que quizás también vivió en su niñez esas experiencias imborrables.

La fortaleza de Juan Manuel después de un terrible accidente es parte intrínseca de esos sueños permanentes que formaron su actitud ante cualquier desastre. Hasta la trágica pandemia que vivimos lo ayudó a seguir adelante, jugando desde su encierro quiteño junto con sus hermanos más pequeños. En el hogar comienza todo, nunca debemos olvidarlo. (O)

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