Llegó diciembre. A estas alturas ya se presentó la planificación estratégica para afrontar el 2022, año durante el cual es probable que se concreten muchos cambios. Ante la incertidumbre, que aún se mantiene, suele suceder que hay directivos que enfocan el presupuesto en la adquisición de tecnología, la mejora de los procesos y el desarrollo de nuevos servicios. No es que sea incorrecto, pero en procesos de cambio o de transformación digital la clave está en las personas.

En investigaciones realizadas por Humane Consulting Group, más del 70 % de las iniciativas de transformación suelen quedarse en el camino solo porque los directivos no consideraron una adecuada gestión del cambio cultural. No en vano Peter Drucker declaró que la cultura se desayuna la estrategia”, resaltando la primacía de las personas para convertir la planificación en acciones, y estas en resultados.

¿Cómo debe ser la gestión del cambio? Para simplificar la explicación, voy a poner un ejemplo muy familiar. Si una familia debe afrontar un cambio, los padres evaluarán la situación y tomarán decisiones. Estas las conversarán con los hijos y llegarán a acuerdos que se irán ajustando a medida que el cambio transcurra. Durante todo el proceso existirá un diálogo abierto en el que se conozcan los avances, las necesidades, los ajustes y logros que se vayan sucediendo. En una organización, la comunicación entre directivos y colaboradores debería ser similar.

En la gestión del cambio además hay otro actor importante: el área de talento humano. Las personas de esta área son los sensores de la organización, que van midiendo el impacto de la comunicación, recogiendo las inquietudes, ideas y necesidades, mientras regulan la emocionalidad para fomentar la participación de las personas en el proceso de cambio.

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Estos tres actores, directivos, talento humano y colaboradores, forman la ecuación básica para asumir el cambio. Si los directivos escuchan a sus colaboradores, estos asumirán el cambio por convicción y no por miedo. Los colaboradores a su vez ampliarán las oportunidades entregando información sensible del mercado a los directivos, y el área de talento humano fomentará los acuerdos asumiendo con protagonismo la estrategia.

Por todo esto, la gestión del cambio debe ser diseñada desde las personas para las personas. Dependerá de todos que este sea el arte donde el diálogo abierto es el pincel que irá plasmando las ideas en este lienzo en blanco que será el 2022. (O)