Guayaquil, su gente, el río, las aves, el cerro Santa Ana, están en Perlita tropical y otros cuentos, libro para público infantil que contiene seis narraciones de la autoría de Cecilia Velasco, escritora y catedrática quiteña, quien desde hace cuatro años reside en la capital del Guayas, donde se desempeña como docente de la Universidad de las Artes. La literatura infantil y juvenil es la línea de trabajo de esta autora, que en 2010 obtuvo el Premio Norma-Fundalectura por su novela Tony. También ha publicado Domadora de leones, Selva de pájaros y Rosa Rosita.

Durante la pandemia del coronavirus, cuando las clases de tornaron virtuales y los seres humanos tuvimos que permanecer obligatoriamente en casa, salvo quienes hacían oficios considerados esenciales, Velasco, imbuida de las situaciones que veía, escuchaba o imaginaba, escribió unas historias que compartió cada semana en su propia voz mediante videos. Luego, estas ficciones ganaron una convocatoria de la Editorial Tiresias cuenta y de la mano de este sello se convirtieron en un libro: Perlita tropical y otros cuentos, que acaba de ser publicado, en una edición a todo color y de pasta dura, con ilustraciones de la artista Ana Tijeras.

Es una obra escrita en Guayaquil que habla de Guayaquil. En las páginas se trasunta el color y el calor de la ciudad. Las narraciones son tiernas, sutiles y empáticas. Los personajes, niños y sus familias -y en ciertos casos sus mascotas-, enfrentan la pandemia y el día a día. Así, por ejemplo, en La enfermera prodigiosa un niño y su madre, una enfermera que trabaja extenuantes jornadas, idean modos de conservar los afectos y se acarician con la mirada ante la imposibilidad de tocarse. A los enseres, el niño los bautiza con los nombres de los compañeros de aula, para así seguir junto a ellos.

Ramón, el de la carretilla, narra el trabajo de un niño y de su padre, quienes viven lejos del centro, y en bicicleta recorren la ciudad vendiendo frutas y vegetales: “Lleve el zapote, que es mucho lote/ y la beterava, que nunca se acaba”. La carpintería, en tanto, es un cuento de tono fantástico, en el que un carro de juguete, hecho de madera, se torna el vehículo que llevará a los niños lejos de la violencia del padre.

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En Perlita tropical, historia que da título al conjunto de cuentos, una niña y su abuelo echan de menos las caminatas que solían efectuar por la ciudad y se animan mutuamente observando dos pájaros que descansan en el alféizar de la ventana, o a uno que otro chico que en monopatín se desliza por las desoladas calles. En Anina junto a la ventana, una niña y su madre miran, desde casa, el río Guayas. Río que les susurra que hubo un tiempo que en sus aguas habitaban muchas especies, y que antes del ulular de las sirenas y de las luces de las ambulancias, se escuchaba en el aire el canto de los papagayos que volaban hacia el cerro Santa Ana. En El alma de las cosas vuelve la enfermera del primer cuento, quien habla con su uniforme, leal compañero de trabajo, mientras el hijo sigilosamente la escucha. Los cuentos están concatenados, de manera que varios personajes o situaciones aparecen y reaparecen en las diversas historias.

Aunque escritas en el lapso más duro de la pandemia, en estas ficciones no hay muertes, pues de muerte la realidad estuvo rebasada. Es como si en ellas se tratara, más bien, de exaltar la vida. Y la vida está vibrante en los afectos, en los cuidados, en los modos de enfrentar la adversidad, en la relación con los otros seres humanos y con las aves, las mascotas e, incluso, con las cosas, que en este libro tienen alma y voz. No se excluyen, sin embargo, temas como la violencia intrafamiliar, tan presente en nuestra sociedad. La obra ha sido traducida a lengua de señas y trasladada al formato audiolibro.

Bienvenido Perlita tropical y otros cuentos, libro que, cual ave, vuela en busca de lectores.