Se ha dicho de Las cruces sobre el agua, de Joaquín Gallegos Lara, que es la novela del 15 de noviembre de 1922, el libro de la clase obrera. Por supuesto que sí, pero como lo anota Jorge Enrique Adoum, en el prólogo de la edición realizada por el Ministerio de Cultura en 2010, “es ante todo, la novela de Guayaquil”.

Las cruces sobre el agua, dice Adoum, es una de las primeras novelas ecuatorianas de ambiente urbano, algo que también destaca la crítica literaria Martha Rodríguez en su libro Narradores ecuatorianos de los 50. Poéticas para la lectura de modernidades periféricas. Ella señala que en esta obra “se prioriza las relaciones entre personajes en la ciudad y con la ciudad: casi todo ocurre en las calles”.

Hay que poner atención también a los personajes femeninos, que transitan por estas páginas en un gran número, aunque el libro se centre en las vivencias de Alfredo Baldeón y Alfonso Cortés, los personajes principales. Entre los personajes femeninos están la madre de Alfredo, quien huye de la casa por los maltratos que le da su esposo; la madrastra, la pequeña hermana Flora y la ‘Blanca’, quien lo salva de ser castigado tras una travesura y para Alfredo se convierte, desde entonces, en una especie virgen o quizá en un amor platónico. Constan, asimismo, Trífila, la joven campesina de quien se enamora cuando se suma a las tropas conchistas y Leonor, la obrera con la que se une al regreso de su segundo viaje y con quien espera un hijo.

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Otros personajes femeninos son las hermanas Montiel y su madre, marginales entre los marginales; la madre y las hermanas de Alfonso, que se sacrifican cosiendo para que él estudie; las primas adineradas, especialmente Gloria, con la que Alfonso vive un atropellado romance; Pepina, la hija del profesor; y Violeta, la amiga que parecía sería el amor definitivo del joven músico; así como las mujeres del capítulo Los barrios silenciosos.

En esta novela el lugar de la mujer es el hogar, la casa, lo doméstico, la prostitución, en algunos casos, o el trabajo obrero, como excepción; un lugar secundario, aparentemente; pero son ellas las que sostienen a los personajes principales y de alguna manera también la trama de la obra. A través de ellas se ve el tejido social de la época. Hace falta mirar el libro de Gallegos Lara en clave femenina.