Pese a los avances de la medicina moderna y tradicional, muchos montuvios de la Costa ecuatoriana siguen confiando a ciegas en la medicina ancestral ejercida por curanderos, sanadores y sobadores, quienes basan sus conocimientos en creencias, teorías y supersticiones y curan enfermedades o “dolamas”, como el “susto o espanto”, el “ojo”, el “mal aire”, las “torceduras”, el “empacho”, la “aventazón” y muchos otros males, y por eso acuden a los o las “sanadoras” cuando se encuentran “azumagados” o “acontecidos” y dicen que “salen como nuevos”.