La ciudad de León fue fundada el 15 de junio de 1524 por el conquistador español Francisco Hernández de Córdoba, lo que la convierte en una de las ciudades coloniales más antiguas de América. Su primer asentamiento estuvo junto al lago Xolotlán; pero luego de los terremotos y la actividad volcánica de la región, fue trasladada en 1610 a su ubicación actual.
Durante la época colonial fue una de las ciudades más importantes del Reino de Guatemala. Tras la independencia de España en 1821, León se consolidó como bastión del pensamiento liberal y capital política en distintos momentos del siglo XIX, hasta que en 1852 Managua fue designada capital definitiva del país.
Más allá de su importancia política, León ha sido históricamente el corazón intelectual y cultural de Nicaragua. Ciudad universitaria por excelencia, ha cultivado el debate de ideas, la educación y las artes como parte esencial de su identidad.
En esta ciudad creció y murió el máximo exponente del modernismo en lengua española, Rubén Darío (1867–1916). Junto a él reposan en la catedral los poetas Salomón de la Selva (1893–1959) y Alfonso Cortés (1893–1969), figuras fundamentales de la poesía nicaragüense del siglo XX.
La majestuosa Catedral de León, cuya construcción se inició en 1747 y concluyó en 1814, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2011. Es considerada la catedral más grande de Centroamérica y símbolo arquitectónico de la ciudad.
En el ámbito agrícola, León se ubica en una fértil planicie del Pacífico donde destacan los cultivos de maní, caña de azúcar, arroz y sorgo, pilares tradicionales de su economía.
Y fue en esta ciudad donde vivió entre 1893 y 1895 el más grande líder liberal del Ecuador, el general Eloy Alfaro Delgado, quien en la paz de León preparó la gran Revolución Liberal de 1895. Existe una placa en la casa donde vivió.
Recorrer León hace pocos días con mi hermano zamorano y orgulloso leonés Carlos Alfredo Deshon Duque Estrada fue un gran placer que esperaba hace tiempo. Sus calles coloniales, su imponente catedral y su ambiente cultural mantienen intacto el espíritu que la ha distinguido por más de cinco siglos.
En su poema El retorno, el panida Rubén Darío dice:
“Si pequeña es la patria,
uno grande la sueña”.
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