La infidelidad es una de las principales causas de divorcio a nivel mundial. Cuando sucede, el matrimonio y el futuro del hogar quedan expuestos a las consecuencias de decisiones cargadas de emotividad que la pareja debe tomar. Una alternativa, por supuesto, es divorciarse (tema no analizado en el presente artículo). Cuando la pareja, usualmente a pedido de la parte agresora, opta por trabajar para recuperar el rumbo original del matrimonio, es necesario seguir ciertos lineamientos concretos para permanecer dentro del marco de la realidad y enfocarse responsablemente en lo que a cada uno le corresponde hacer.
En primer lugar hay que aceptar que el tipo de vida matrimonial que tenían los llevó al borde del abismo. La dinámica conyugal debe reconfigurarse, debiendo aprender de la experiencia rescatando lo positivo. Esto ayudará a moldear el tipo de vida matrimonial que tendrán en el futuro.
Es necesario que la parte agresora admita total responsabilidad por lo ocurrido y corte de raíz todo contacto con la tercera persona, incluyendo la posibilidad de cambiar de trabajo.
La parte agredida necesita tener clara en su mente una explicación sincera de lo sucedido, sin recibir detalles ofensivos, y debe quedar totalmente satisfecha con dicha explicación.
Algo de suma importancia, por supuesto, es la recuperación progresiva de la confianza, para lo que es imprescindible mostrar una conducta transparente y no ocultar nada que pueda obstruir este propósito (incluyendo compartir claves de teléfono, direcciones, etc.). Este tema puede tomar tiempo, lo que exigirá mucho de ambas partes.
Luego es necesario analizar las causas, el “por qué sucedió”. Esta parte del proceso no es para culparse a sí mismo o a la pareja, sino para reconocer y resolver desajustes, inseguridades, conflictos y rasgos de personalidad perjudiciales que contribuyeron al desvío hacia la infidelidad, y comprometerse a trabajar para superar dichos desniveles.
Se necesita mucha paciencia y prudencia. En cualquier momento puede surgir un mal recuerdo o un hecho que haga “disparar” una reacción dolorosa. Ambos deben prepararse para que este tipo de eventualidad no los desanime.
El retorno a la vida íntima está condicionado a la aceptación de la parte agredida. Siguiendo estos pasos se evitará tomar decisiones impulsivas y se incrementará la probabilidad de recuperar el camino original, preferentemente con una guía profesional. (O)