El durián (Durio zibethunus), de la familia Malvaceae, es conocida como la fruta más apestosa del mundo, pero también como una de las más caras, deliciosas y populares en la mayoría de los países asiáticos, donde también es conocida como “el rey de las frutas”.
La fruta mide unos 30 cm de largo y está llena de espinas lo que la hace muy rara, pero su flor es grande y bella y es polinizada por los murciélagos.
Originaria de Malasia e Indonesia, que junto con Tailandia exportan anualmente 1′400.000 toneladas principalmente a China, Singapur, Taiwán, Japón, Filipinas, Camboya, India, Vietnam, etc. Sus beneficios nutricionales son excelentes ya que es rica en potasio, vitaminas A, B y C, antioxidantes, zinc, etc.
Existen más de 30 variedades, pero todas con su nauseabundo olor similar a cebollas y huevos podridos que algunos comen conteniendo la respiración, ya que se dice que huele peor que “sobaco de gorila” o “media sudada en maratón”.
Hace unos años, visitando cultivos de cacao en Malasia, me llamaba la atención ver letreros en los aeropuertos, hoteles, buses y taxis que decían: “Prohibido entrar con durianes”, y esa había sido la razón ya que la gente es fanática de comer esta fruta en cualquier parte, pero los pasajeros o huéspedes de los hoteles huyen despavoridos.
Hace poco tiempo se cosechó en la colección de frutas tropicales de la Hacienda Cañas el primer fruto de durián producido en la hacienda, el cual degustamos en familia pero con “doble mascarilla”. Dice el dicho: “El durián sabe a cielo, pero huele a infierno”. (O)