"Será como matar dos pájaros de un tiro". Esta expresión suele ser de uso cotidiano, al igual que otras en las que se utiliza a los animales para construir una analogía que nos permita entender mejor una situación. Incluso, nuestros compañeros en este planeta pueden ser utilizados para insultar: si alguien no entiende algo, será un "burro"; si no se baña, podría ser calificado de "cerdo" o "puerco".

Cuántas veces, para tratar de menospreciar a otra persona, le decimos "rata".

Sin embargo, la terquedad del burro no quita que es un animal con mucha fuerza, que suele ser utilizado en regiones rurales para labores agrícolas; y que los cerdos no son sucios de por sí, sino que solemos verlos en ambientes pestilentes y poco higiénicos, en los que deben vivir.

La utilización de este tipo de expresiones forman parte del especismo, la "discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores" o la "creencia, según la cual, el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio", según las definiciones de la Real Academia de la Lengua.

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Esta problemática llevó a PETA, que se autodefine como la "organización de derechos de los animales más grande del mundo", a plantear que se deje de usar expresiones especistas o antianimalistas. "Las palabras son importantes y a medida que nuestra comprensión de la justicia social evoluciona, nuestro lenguaje evoluciona junto con ella", se reflexionó en un tuit.

Ahí se sugirió, por ejemplo, que sustituyamos expresiones como "poner toda la carne en el asador", por otras como "echarle todas las ganas", que se refieren a lo mismo, sin hacer alusión al maltrato o consumo de animales.

¿Hay necesidad de modificar nuestro lenguaje para erradicar el maltrato animal o generar un cambio social para combatir el especismo? Diego Arias Ramírez, magíster en Derecho Internacional de los Derechos del Hombre, menciona en su trabajo "Entre el antiespecismo y el derecho de los animales", que el lenguaje es un "constructo social".

Y dice que la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, de 1977, promueve la eliminación de crueldad y malos tratos hacia los animales. Incluso, el trato digno así los animales no tengan conciencia, porque reflexiona que ocurre lo mismo con una persona recién nacida, que desconoce sus derechos pero eso no la exime de tener dignidad.

Esa dimensión estructural se refleja cuando los animales no humanos son utilizados para satisfacer fines humanos. Eso lleva a desconsiderar "sus intereses básicos en vivir, no sufrir, ser respetados y ser libres", aseguró por su parte Laura Fernández Aguilera, en un artículo para Tabula Rasa.

"Todos los animales no humanos, incluso aquellos que no están directamente explotados bajo control humano, están constantemente expuestos a la violencia directa o indirecta de origen humano. Algunos ejemplos de las violencias a las que están expuestos los animales que viven en la naturaleza son la caza o pesca 'deportivas' o el desplazamiento forzado de comunidades no humanas de los territorios donde vivían como consecuencia de la ocupación humana de esos espacios", añade la autora.

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"Matar dos pájaros de un tiro", nuestra frase usada como ejemplo, alude a la práctica de la caza. Al repetirla, asumimos o normalizamos que está bien ejecutar la violencia que señala Fernández Aguilera.

La propuesta de PETA generó rechazo y burlas de algunos usuarios en redes sociales, que consideraron extremista o fuera de lugar intentar cambiar el lenguaje. Argumentaron que forma parte de la cultura en los países y que hay asuntos más importantes de los que preocuparse, como los abusos en zoológicos, por ejemplo.

Al respecto, Federico Germán Abal señala en un artículo para El Diario: "Llamar a las cosas por su nombre puede ser una táctica radical en una sociedad especista. Si las palabras construyen nuestro mundo, modificarlas o resignificarlas es una parte importante de cualquier propuesta revolucionaria".

Él afirma: "Existiría una conexión entre el modo en que concebimos ciertos hechos y los términos que usamos para conceptualizarlos".

Y menciona a Carol J. Adams, con su obra "La política sexual de la carne", donde se habla del "referente ausente" para explicar cómo se utilizan términos que suavizan las prácticas y el origen de los alimentos que se consumen, obtenidos de animales.

"Los especistas emplean términos como 'miel', 'huevo' o 'chorizo' para evitar lidiar con el hecho de que están consumiendo 'regurgitación de abeja violentada', 'menstruación de gallina secuestrada' y 'tripas de vaca o puerco rellenas de carne molida de un animal asesinado y descuartizado', respectivamente", sostiene Abal.

Él considera que si estos eufemismos desaparecieran o se cambiara el lenguaje especista que utilizamos, seguramente las personas no se volverían veganas inmediatamente, así como la aplicación de términos como "acoso sexual" no han eliminado el abuso o las agresiones.

"Ahora bien, si ningún cambio definitivo se produce simplemente modificando el lenguaje, ningún cambio definitivo se logra sin este paso", afirma.

Al final, eliminar el uso de expresiones donde se usen animales, es una decisión de cada persona, así como el consumo -o no- de carne de origen animal. Para Abal, "llamar a las cosas por su nombre puede ser una táctica radical en una sociedad especista. Si las palabras construyen nuestro mundo, modificarlas o resignificarlas es una parte importante de cualquier propuesta revolucionaria". (I)