Este año, en Ecuador se legalizó la siembra, cultivo, producción, industrialización, comercialización y exportación del cannabis no psicoactivo o cáñamo industrial, específicamente del componente cannabidiol (CBD), que es la parte de la planta que no tiene efecto psicoactivo.

Su uso terapéutico, por otra parte, está permitido bajo prescripción médica normada por la Agencia de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa). Esta entidad otorga los permisos para la producción de cosméticos que cumplan con los listados internacionales de FDA, el Código INCI (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) de EE. UU. y el de Europa, y que demuestren que el THC en la materia prima es menor al 1 %.

La industria cosmética ecuatoriana está integrando productos como el aceite orgánico de cannabis, al que se considera rico en ácidos grasos esenciales y omega 3, 6 y 9.

¿Cuál es el pronunciamiento de la Administración de Medicinas y Alimentos? La FDA reconoce el interés y el potencial del uso de los derivados de cannabis en el desarrollo de terapias y otros productos.

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Sin embargo, advierte la agencia, algunas compañías están ofreciendo productos que contienen compuestos relacionados con estas sustancias en maneras que pueden poner en riesgo la salud y seguridad de los consumidores.

La necesidad de estudios a largo plazo en productos para la piel

El mundo de la dermatología también muestra interés en el desarrollo de la investigación médica y de las normativas del uso de los derivados no psicoactivos del cannabis en productos tópicos.

La dermatóloga Blanca Almeida Jurado reconoce que en Europa, Canadá y en algunos estados de los Estados Unidos se les está dando uso a los cannabinoides en enfermedades como la psoriasis, en el prurito, especialmente el urémico (un síntoma que puede aparecer como efecto secundario de la insuficiencia renal o del tratamiento de diálisis), el cáncer de piel, el prurigo nodular (enfermedad crónica de causa desconocida) e incluso acné, envejecimiento, manchas y arrugas.

“En el (congreso) Mundial de Dermatología realizado en Italia en 2019 se insistió en que la mayoría de los estudios que promueven el uso de los cannabinoides no son estudios doble ciego para descartar el efecto placebo”, aporta la doctora Almeida. “Por otra parte, hay que considerar que son respaldados por empresas que promueven su uso”.

Sí, es posible que haya algún beneficio, admite la especialista, “pero lo correcto es que antes que aseveraciones se realicen estudios bien documentados y por científicos no vinculados a la industria que los vende”.

Lo inquietante, opina, es que en las exposiciones no se enumeran ni aun se mencionan los efectos secundarios que pueden ocurrir al consumir o aplicar cualquier planta o sus derivados. Por ejemplo, se sabe que más del 50 % de los consumidores de cannabis presentan alergias (están sensibilizados, dice Almeida) y con frecuencia hacen reacción cruzada con frutas y verduras como manzana, kiwi, cereza, plátano, tomate o durazno, lo que se conoce como el síndrome cannabis-fruta/verdura.

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“Personalmente considero que, como en toda afirmación médica (esto incluye a la estética, porque se aplica a un órgano, que es la piel), deberíamos ser muy prudentes”, y ser orientados por el principio de medicina basada en la evidencia, concluye la dermatóloga.

Posibles reacciones alérgicas a los cannabinoides

Aunque un producto para la piel esté basado en un compuesto natural, no se pueden descartar del todo las reacciones alérgicas. El alergólogo Pablo Torres menciona, entre las más comunes, la dermatitis de contacto y la urticaria.

“Cabe recalcar”, indica Torres, “que el producto no es el principal culpable. El sistema inmunológico de ciertas personas está genéticamente predispuesto a presentar una respuesta exagerada”.

¿Quiénes deben tener extra precaución antes de usar un producto de este tipo? Las personas con disfunción de la barrera cutánea. “Por ejemplo, pacientes con dermatitis atópica, una de las enfermedades de mayor frecuencia en la población. En ella, la piel no está íntegra y facilita la entrada de elementos ambientales agresores. Tener esta patología puede ser un factor importante para desarrollar alergias”.

Esté atento a las reacciones alérgicas: ronchas con comezón intensa y enrojecimiento. “Todo nuevo producto es bienvenido, pero debe pasar por estudios serios que lo califiquen como seguro y eficaz”. Y debe ser conocido por los profesionales de salud.

En este punto hay que considerar la importancia de que el ente regulador de cada país desarrolle sus propias medidas de control, aplicadas a su población. No hay reglas universales, porque “la piel de las personas europeas, norteamericanas y latinoamericanas es totalmente diferente; son tres tipos de pieles”, explica el doctor Torres, y eso debe entrar en la evaluación.

Algunas advertencias sobre el uso medicinal

El cannabis es una planta de la familia de las cannabáceas y tiene más de 80 químicos biológicamente activos. Los más comunes son el THC (el componente psicoactivo de la marihuana) y el CBD o cannabidiol. En Estados Unidos, cualquier producto que contenga más de 0,3% de THC está controlado por la ley federal. Y todos los derivados de la planta cannabis, sin importar su contenido de THC, están regulados por la FDA.

¿Ha aprobado esta agencia algún producto medicinal que contenga cannabis o sus derivados? La respuesta es no a lo primero, sí a lo último. Hasta la fecha, está en la lista de la FDA un medicamento derivado (para el tratamiento de las convulsiones relacionadas con los síndromes de Lennox-Gastaut o de Dravet, en niños mayores de un año) y tres medicamentos relacionados (para uso terapéutico en el tratamiento de la anorexia asociada al sida), solo disponibles por prescripción de un proveedor de salud autorizado.

¿Qué hay de los productos de venta libre o en línea? La agencia afirma en su sitio oficial que no hay otros productos que contengan CBD que hayan sido aprobados por ella, y asegura que ha emitido cartas de advertencia a quienes las promocionan y comercializan con fines terapéuticos. (I)