Los estudiantes de un colegio del centro de Guayaquil salieron presurosos apenas tocó el timbre de las 12:00 de este viernes.

Los vendedores de churritos, mango, granizado, pasteles y jugos ya no estaban a pocos pasos de la puerta del plantel. Se habían ubicado cruzando la calle José de Antepara.

A ellos, una nueva ordenanza municipal, aprobada esta semana en segundo debate, les prohíbe estar ubicados a 200 metros del plantel.

Esta disposición fue incluida en la Ordenanza de Coordinación de Seguridad y Convivencia Ciudadana, que se impulsó en un intento de frenar la delincuencia y mejorar los niveles de seguridad en Guayaquil. En el municipio se cree que eso puede ayudar a controlar el microtráfico que acecha a los planteles.

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En la parte de seguridad complementaria en entidades educativas se detalla que las actividades comerciales informales estarán prohibidas en un radio de 200 metros. También que los planteles particulares deberán tener un botón de pánico. Además que deberán contar con un guardia de seguridad privado en cada entidad educativa.

Esta situación causó preocupación para decenas de vendedores ambulantes que viven del comercio afuera de los planteles.

Juan, por ejemplo, contó que tiene diez años trabajando como vendedor informal de mangos, grosellas. Aprovecha que su hijo está en ese plantel para vender y también vigilarlo por la situación de inseguridad.

“La situación está muy difícil, uno se las ingenia para sobrevivir y que nos desplacen de los planteles no va a ser la misma venta, nosotros somos comerciantes antiguos, nos conocemos, los profesores nos conocen, incluso sacábamos a gente extraña que se quería infiltrar”, explicó.

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El comerciante pidió que se los tomen en cuenta y ayuden para sacar alguna credencial, un chaleco que los permita estar plenamente identificados, sin tener que salir de los planteles.

Estudiantes cruzaron la calle para ir a comprar luego de la salida del colegio. Foto: Ronald Cedeño. Foto: El Universo

Expresó que los antisociales jamás se han acercado a las puertas, siempre han estado en los alrededores, por lo que allí es donde se debe reforzar la seguridad.

“Con el pasar de los meses se dará cuenta la alcaldesa de que el problema no son las puertas de los planteles, cruzando la calle, por los callejones, cuadras más adelante allí está el problema, y para eso necesitan a la Policía, los metropolitanos no pueden hacer mucho sin la competencia”, comentó.

Una mujer de 45 años que vende churritos también tiene a su hija en el plantel donde expende sus productos. Ella explicó que como representante está de acuerdo con el refuerzo de la vigilancia, pero no con que se los aparte del espacio de la salida del colegio.

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“Creo que sí nos podríamos organizar para mantenernos en ese espacio, porque los propios agentes metropolitanos pueden ver quién es el que vende para subsistir y quién es el que viene a ofrecer cosas prohibidas”, sugirió la mujer, quien también pidió ayuda al Municipio para poder organizarse junto con sus compañeros.

Planteles privados en Guayaquil deberán instalar botón de pánico y no se permitirán informales a 200 metros de escuelas, entre disposiciones de ordenanza que incluye prohibición de armas

La hija de ella salió de clases y se acercó a esperarla a que ella venda sus churritos para luego irse a otro colegio y retornar a casa. “Con esto saco adelante a mis hijos, la alcaldesa debe venir a ver que somos gente honesta los vendedores informales, pedimos que analicen estos casos”, indicó.

Padres de familia pidieron que se hagan controles en los alrededores porque hay personas sospechosas que ponen en riesgo a los estudiantes que andan solos. Foto: Ronald Cedeño. Foto: El Universo

Otros comerciantes informales que prefirieron no identificarse comentaron que este nuevo impedimento de expender en exteriores de escuelas lo que provoca es que algunos comerciantes se retiren por completo y al haber menos ingresos en los hogares, empujan a delinquir a los jóvenes.

Padres de familia de ese y otros planteles educativos indicaron que el problema no son los comerciantes, porque muchos son ya conocidos, el problema real son sujetos sospechosos que llegan a pararse frente a las escuelas, andan con canguros y no vienen a retirar a ningún estudiante.

“Creo que la Policía y metropolitanos deben organizarse para hacer operativos hasta venir de civil, de inteligencia y ver quiénes son los que ponen en riesgo a los niños. Aquí, en las escuelas del sur hay mucha gente sospechosa, obviamente no podemos señalar, pero si se organizan ambas entidades le harían un bien a tantos niños que pueden caer en el microtráfico”, comentó. (I)