A medida que se aproxima el cierre del año lectivo en la región Costa, los actos de graduación comienzan a tomar protagonismo en colegios, escuelas y hasta jardines.
Detrás de cada ceremonia hay un trabajo logístico poco visible pero fundamental: la provisión de togas, birretes y estolas, que simbolizan el cierre de una etapa académica.
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En Guayaquil, este rubro se mantiene activo gracias a negocios que han sabido sostenerse y adaptarse con el paso del tiempo.
Un negocio con más de 30 años de tradición en Guayaquil
Uno de ellos es un local con más de tres décadas de presencia en el mercado, ubicado frente al estadio Yeyo Úraga.
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Mary Moreira, sobrina de la propietaria, contó que el negocio se inició hace más de 30 años y es considerado uno de los pioneros en la ciudad.
Lo que empezó como un pequeño quiosco, con recursos limitados y una infraestructura modesta, hoy funciona en un establecimiento de varias plantas y atiende pedidos de toda la provincia.
El local se dedica al alquiler y la venta de togas y birretes, además de la elaboración de estolas personalizadas por promociones.
Dispone de una amplia gama de colores y maneja tanto distribución al por mayor como atención a menor escala.
En la actualidad, su enfoque está puesto en las graduaciones de jardines, escuelas y colegios, sin dejar de lado academias y universidades, entre ellas instituciones como la Escuela Superior Politécnica (Espol), la Universidad Agraria y la universidad estatal, con las que mantiene relaciones de trabajo desde hace años.
Moreira explicó que la temporada de graduaciones exige una planificación detallada. El proceso arranca con la reserva anticipada, un seguimiento a los colegios que ya conocen el servicio y la posterior toma de medidas.
La organización se realiza por instituciones y niveles educativos, desde iniciales hasta bachilleratos, siempre en función de las fechas de graduación.
“Tenemos bastantes pedidos y todo avanza bien”, señaló, al tiempo que reconoció la existencia de competencia, aunque aseguró que la clientela se mantiene constante.
El fuerte del negocio es el alquiler. En el caso de pedidos al por mayor, el alquiler de toga y birrete se mantiene en $ 5, mientras que las estolas personalizadas cuestan $ 6 al por mayor y $ 7 al por menor.
El local trabaja con diez tallas distintas de togas y birretes, lo que permite atender a estudiantes de diferentes edades.
En los colegios, las estolas suelen venderse, ya que al ser personalizadas se convierten en un recuerdo de la graduación.
La innovación ha sido clave para la permanencia del negocio. Inicialmente trabajaba con capas, que eran las prendas tradicionales de graduación, pero con el tiempo se adaptó a las nuevas tendencias hasta llegar a las togas actuales.
Hoy el trabajo antes de las ceremonias incluye la toma de medidas, el planchado, la colocación de gafetes y la organización minuciosa de cada pedido para garantizar un servicio adecuado.
La Casa de las Togas diversifica servicios en el norte
Una realidad similar, aunque con un enfoque más diversificado, se vive en otro negocio en La Garzota. Allí funciona La Casa de las Togas, un local con más de diez años de experiencia, liderado por Jenifer Mendoza.
El local ofrece alquiler de togas, birretes y estolas bordadas, pero también ha ampliado su portafolio hacia el área audiovisual, incorporando servicios de fotografía y video para graduaciones.
Mendoza señaló que, con la proximidad de las graduaciones colegiales, la demanda se incrementa de forma sostenida.
Ellos trabajan con varios colegios y ponen a disposición diferentes modelos, colores y opciones, ajustándose tanto a contratos institucionales como a solicitudes individuales.
“Los precios varían según el volumen y el tipo de servicio, pero se mantienen asequibles, considerando la situación económica actual”, afirma Mendoza.
Para ella, el área de fotografía se ha convertido en un complemento importante del negocio. La inclusión de opciones como videos 360° y photo booth responde a una demanda creciente por experiencias más completas y recuerdos visuales innovadores.
De cara a las próximas semanas, ambos negocios coinciden en que el movimiento se intensifica conforme se acercan las fechas oficiales de clausura del año lectivo.
La mayor concentración de pedidos suele registrarse entre finales de febrero y marzo, cuando varias instituciones programan sus ceremonias de forma simultánea, lo que obliga a redoblar esfuerzos en logística, personal y tiempos de entrega para cumplir con todos los compromisos asumidos. (I)