Durante este mes de junio se ha incrementado el ausentismo en los centros de vacunación a nivel nacional. Los ciudadanos de diversos sectores sienten temor de recibir las dosis contra el COVID-19 porque creen que estas inyecciones pueden causar algún efecto nocivo en su organismo.

Los videos y audios que circulan en las redes sociales dan cuenta de cómo supuestamente las inyecciones no sirven o causan daño. Ese es un factor que influye en el miedo de las personas, por lo que prefieren no inocularse, o algunos no lo hacen porque se hallan bien de salud.


Este Diario dialogó con distintos moradores de Guayaquil, quienes explican las razones por las cuales no se quieren vacunar contra el COVID-19. En su mayoría, los entrevistados dicen que no se vacunan por las fake news (noticias falsas) que se difunden en las redes sociales.

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“Yo no me vacuno porque esa vacuna provocará consecuencias dañinas en mi organismo, porque he visto en videos y no quiero enfermarme, más ahora que me siento sano”, manifiesta César Reyna, de 58 años, dueño de un taller de maderas en Los Esteros, sur de la ciudad.

Carlos León, de 38 años, morador de la isla Trinitaria, afirma que está decidido a no vacunarse porque está mal informado de las dosis por parte de las autoridades; además, “en los medios de comunicación no emiten si hay efectividad en estas vacunas”.

Roberto Franco, de 50 años, dueño de un taller de repuestos en el mismo sector, dice que debido a que ha escuchado en las noticias testimonios de personas que se han inyectado y han vuelto a infectarse del virus ha llegado a la conclusión de que las inyecciones “no tienen la eficacia de protegernos y no me vacunaré”. A él le toca turno el lunes próximo.

En Urdesa, Adrián Morán, de 28 años, explica que no se va a inyectar con esta dosis porque cuando llegó el COVID-19 al país nunca se infectó, pues salía a trabajar con normalidad, y ahora que llegaron estas vacunas para inocular a la población “me da miedo inyectarme, y si esa vacuna me enferma, prefiero estar sano como estoy ahora”.

“No me quiero vacunar por el caso de mi amiga que se vacunó y se le comenzó a caer el cabello, y al escuchar estos casos y de varias personas que comen en su local de comidas que están en contra de las inyecciones, yo no me vacunaré”, refiere Rody Calero, de 73 años, habitante de Los Esteros.

Las respuestas, casi similares, pero hasta exageradas, se repiten en distintas zonas de la ciudad. Parecería difícil encontrar a personas que no deseen vacunarse, pero uno se para en alguna esquina y al indagar aparecen por decenas.

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Ángelo Ponce, de 30 años, residente en Floresta, aclara que no se inyectará “porque el Gobierno está utilizando a la población como experimento para estas vacunas, inyectándonos para analizar qué efecto causa en los ciudadanos; nosotros no somos experimentos como animales”, agrega.

Melania (nombre protegido), de 45 años y residente de La Puntilla, indica que ve un inconveniente en aplicarse las dosis que provienen de China. “Usted ve que gran parte de la gente viaja a los Estados Unidos para inyectarse allá, porque lo hacen con la Pfizer, la Jhonson & Jhonson, que son garantizadas”, dice.

“La vacunación es perjudicial, porque no creo lo que dice el Ministerio de Salud Pública sobre las vacunas; y mi familia me anima a vacunarme, pero tengo la firme convicción de que no lo haré”, afirma Carlos Medina, de 77 años, vendedor de flores en el centro de la ciudad.

Asimismo, Luis Guillermo Camacho, de 35 años, residente de Urdesa, señala que no tiene necesidad de inocularse porque se siente “bien de salud”. Añade: “No quiero enfermarme con estas inyecciones, por lo que se ha visto en las redes sociales, que dicen que no tienen ningún efecto positivo en la ciudadanía”.

Según los registros del Ministerio de Salud Pública (MSP), entre lunes 14 y martes 15 de junio pasados solo se habrían vacunado en total 52.215 personas en todo el país, cuando la proyección del plan era de 90.000 personas por día, como promedio. Entre esos dos días se registraron 36.730 personas en primeras dosis y 15.485 personas para segunda dosis.

También se registró el 30 % de ausentismo de personas mayores de 80 años, 25 % de mayores de 65 años, 20 % en el rango de 65 años y el 10 % de ciudadanos de 64 años.

Dentro del grupo de quienes no quieren recibir vacunas están los miembros de la mayoría de iglesias evangélicas. (I)