Guisseppe Escandón López aún recuerda con claridad el instante en que su vida cambió para siempre. Era una celebración de Año Nuevo en el suburbio de Guayaquil, cuando junto con varios amigos manipulaba camaretas con la intención de provocar una explosión más fuerte. En ese momento, una detonación inesperada le provocó la desarticulación de las muñecas.










